Viviendo en
armonía con nuestra elección
1 Dice la Escritura que “el corazón del hombre decidirá su camino, pero
Yahúh dirigirá su paso”. (Proverbios
16:9) Y ciertamente, Dios no ha dejado sin instrucción a los que
en su corazón se inclinan a buscarle, porque como escribe Pablo, “en tiempos pasados, Dios les habló a los padres muchas veces
y de distintas maneras por medio de los profetas”, y “en estos últimos
tiempos nos ha hablado a nosotros, por medio de un hijo a quien ha constituido
heredero para siempre, del universo que fue creado para él”. (Hebreos
1:1-2) Este Hijo nos dejó un modelo a seguir en la vida, por esto el que
asume su guía, tiene que “caminar
como él caminó”, (1Juan
2:6) es decir, tiene que poner en las promesas de Dios, una fe
sincera y profunda que proporciona contento, permite realizar esfuerzos y
renuncias, y estimula la perseverancia. Él,
“en los días de su vida como
hombre … ofreció oraciones y súplicas, invocando
intensamente y con lágrimas al que podía salvarle del poder de la
muerte”, (Hebreos 5:7) y también sus seguidores deben volverse
intensa y confiadamente hacia Dios, para pedirle espíritu y permanecer leales a
la decisión de “perfeccionar” su “esperanza”, para
“conservar el generoso don hasta el momento de la manifestación de Jesús
Cristo”. (1Pedro
1:13)
2 ¿De qué manera podemos ‘perfeccionar la esperanza’?
Es fundamental reflexionar con
respecto al gran privilegio de las bendiciones que gozamos por el simple hecho
de haber recibido la verdad de Dios. Realmente, disfrutamos de una vida mejor,
porque la fe en el mensaje de las Escrituras nos otorga conocimiento, y
nos permite apoyarnos firmemente en unas certezas que nos liberan de la
inseguridad que hay en el mundo, con la convicción de que, como dice David,
“Fui joven. Ahora soy viejo, pero nunca he visto al
justo quedar desamparado y a su linaje mendigando el pan”. (Salmo
37:25) Además, la esperanza de resurrección que la redención de Cristo
provee, atenúa en gran manera el temor a la muerte y también el dolor ante la
pérdida de un ser querido, puesto que sabemos que regresará a la vida perpetua,
en “unos nuevos cielos y
una nueva tierra … que alberguen la justicia”. (2Pedro
3:13)
3 Por todas estas cosas, Jesús dice
para quienes ponen fe en sus palabras: “¡Felices
los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas
y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y
oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron”. (Lucas
10:23..24) Sí, la salvación que disfrutamos es
verdaderamente algo inestimable, y el modo en que Dios la otorga a los
hombres, es un don extraordinario, un don que estaba sellado
en la
Escritura y constituía hasta el momento elegido por Dios, un
‘Secreto Sagrado’, como lo explica Pedro a los discípulos, cuando escribe:
“los profetas que predijeron el generoso don que os
estaba reservado, examinaban e investigaban esta salvación, mientras
testificaban por adelantado los sufrimientos de Cristo y la gloria que seguiría
después. Mas cuando intentaron averiguar el tiempo y las circunstancias
señaladas por el espíritu que había en ellos, les fue revelado que las cosas que
preparaban no eran para ellos si no para vosotros. Y ahora, mediante
el espíritu santo enviado desde el cielo, estas cosas que hasta los
mismos ángeles tratan de comprender, os han sido anunciadas a vosotros
por los que os han predicado la buena nueva”. (1Pedro
1:10..12)
4 Los ángeles existían ya cuando
la Tierra fue
formada, y habían visto en los miles de millones de obras de la creación de
Dios, su gloria, su sabiduría, su poderío y otros aspectos de su personalidad;
entonces, el primer hombre se alejó de él, y originó en la Tierra una realidad ajena al
designio divino, dejando a la humanidad sujeta al pecado y a la muerte ¿De qué
manera la redimiría Dios? Intrigados, los ángeles buscaban comprender el modo en
que el pecado heredado por el hombre sería anulado, y cuando llegó el momento,
la maravillosa cualidad de la misericordia de Dios, uno de sus atributos
más excelentes, más reconfortante aún que su poder o su sabiduría, se puso de
manifiesto al enviar a su Unigénito, “a su propio Hijo, en semejanza al cuerpo pecaminoso, para
eliminar las consecuencias del pecado que habita en el
cuerpo”. (Romanos 8:3)
5 Pedro escribe para los discípulos de
todos los tiempos: “Que el Dios y Padre de nuestro
señor Jesús Cristo sea bendecido por su gran misericordia, porque cuando
le resucitó de entre los muertos, nos hizo nacer de nuevo a una esperanza de
vida. Esta es la herencia incorruptible, sin sombra y eterna que os
está reservada en los cielos, pues por el poder de Dios, estáis custodiados
mediante la fe, para la salvación que será revelada en los últimos
tiempos”.
(1Pedro 1:3..5)
Ahora bien, si
los ángeles consideran la misericordia salvadora de Dios como una de
las cosas más grandiosas del universo ¡Cuánto más debemos valorarla
nosotros, que la hemos recibido y la disfrutamos todos los días!
¿Puede acaso haber algo que pueda proporcionarnos mas protección, orgullo y
satisfacción, que la decisión de aferrarnos a ella con todas nuestras
fuerzas?
El estudio
es muy importante
6 ¿Cómo hacer para mantenernos
aferrados a la esperanza de la vida que la redención provee? Pedro nos responde:
“Como niños recién nacidos, mostrad un gran deseo
por la leche espiritual sin adulterar, para que nutriéndoos con
ella, crezcáis y obtengáis la salvación”.
(1Pedro 2:2..3) Solamente podemos crecer en
conocimiento y en fortaleza espiritual, mediante la reflexión en la lectura del
mensaje de Dios, porque los textos bíblicos son verdaderamente obra del espíritu
de Dios, y no existe ningún otro modo de profundizar en su voluntad y en sus
designios.
Es pues indispensable leerlos con
frecuencia, comentarlos, y considerar en nuestro corazón sus declaraciones. Así
lo mostró Dios mismo a su pueblo en los días de Moisés, diciendo: “Cuando entres en la tierra que tu Dios Yahúh te entrega, y
tomando posesión de ella, la habites, quizá digas: ‘Pondré sobre mí un rey como
hacen todas las naciones que me rodean’ … Entonces, cuando se siente sobre el
trono de su reino, escribirá para él una copia de aquella Ley del
libro que está ante los sacerdotes levitas, y la llevará consigo para
leerla todos los días de su vida, de modo que aprenda a temer a su
Dios Yahúh, y a observar todas las palabras de esta ley y
de estas disposiciones, cumpliéndolas, para que no se
alce su corazón sobre sus hermanos, y para no apartarse de los mandatos
hacia la derecha o la izquierda, y prolongar, él y sus hijos, sus
días de reinado en medio de Israel”. (Deuteronomio
17:14..20)
7 ¿Cómo podríamos entonces nosotros,
que tenemos a disposición toda la Escritura y comprendemos las
promesas, hacer menos que esto? También Pablo exhorta a considerarla con
asiduidad, cuando escribe a Timoteo: “tú
persevera en las cosas que has aprendido, persiste convencido en ellas
por saber de quien las has aprendido, porque desde niño conoces las
sagradas Escrituras que pueden darte la sabiduría, que
mediante Jesús Cristo lleva a la salvación. Porque toda
la Escritura
está inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para
convencer, para corregir, y para educar hacia la rectitud,
para que el hombre de Dios sea maduro y esté bien preparado para
cualquier obra buena”. (2Timoteo
3:14..17)
De hecho,
mientras los apóstoles proclamaban el evangelio a todas las gentes ¿Quienes
fueron elogiados por el espíritu de Dios? Aquellos que se reunían en la sinagoga
de Berea, porque de ellos dice la Biblia, que “eran más nobles que los de Tesalónica, en que recibieron
la
Palabra con total
predisposición, examinando
diariamente en las Escrituras si estas cosas eran así”.
(Hechos 17:11) Su actitud debe servirnos de ejemplo, pues a
ellos, no solo les permitió escuchar y aceptar el mensaje de la Buena Nueva, les
consintió también establecerlo firmemente en su corazón, por haber comprobado su
absoluta coherencia con las declaraciones de los textos
proféticos.
8 Tengamos siempre presente, que aparte
de la
Creación, los libros bíblicos constituyen la única
revelación de Dios a los hombres y la única fuente de sus
disposiciones y designios; por este motivo, su lectura habitual es
indispensable; el hecho de escuchar una enseñanza, puede que nos permita
recordarla, pero solamente la integraremos en nuestra mente y en nuestro
corazón, si la leemos en su contexto y comprobamos su armonía con otros muchos
escritos bíblicos. Además, si lo hacemos así, aprenderemos también a buscar las
cosas que deseamos mostrar a quienes nos escuchan y esto es muy importante, ya
que las declaraciones que se hallan en la Escritura tienen siempre mucha más
fuerza y autoridad que nuestras propias palabras, infundiendo a las personas, la
confianza y el valor que hacen crecer y madurar. Mirémonos entonces en las
palabras de espíritu como en un espejo, porque como dice Pablo “la palabra de Dios es capaz y poderosa, es más cortante que cualquier espada de doble filo, y
penetra hasta escindir el alma del aliento de vida, y las junturas de sus
ligamentos, descubriendo las razones y las motivaciones del
corazón”. (Hebreos 4:12)
Custodiados mediante
la fe y el amor
9 El apóstol Pedro nos insta a caminar “custodiados
mediante la fe”, es decir, siguiendo los
consejos y principios de la enseñanza impartida por los apóstoles de Jesús, que
nos “educa para rechazar la maldad y los deseos de este mundo”, pues “de esta manera
podemos vivir en él con sabiduría, justicia y
lealtad”. (Tito 2:12) Y también
Pablo escribe al joven Timoteo estas palabras: “no hagas caso de los deseos de juventud y busca más bien la justicia, la fe,
el amor y la paz, junto a los que invocan al SEÑOR con un
corazón
puro”; (2Timoteo 2:22)
exhortando a todos: “Haceos imitadores de Dios
como unos hijos amados, demostrando el mismo amor que nos mostró
Cristo cuando se ofreció a sí mismo en favor nuestro como un sacrificio
grato a Dios. Que ni la fornicación, ni cualquier clase de inmoralidad, ni la
lujuria, se mencionen siquiera entre vosotros, como es adecuado entre
personas santas, pero tampoco la indecencia, la charla necia o inmoral y las
cosas inconvenientes. Considerad cosas que sean decorosas, porque
podéis estar seguros de que ningún fornicador y ningún inmoral o lujurioso,
que es como decir ningún idólatra, puede tener parte alguna en el reino
de Cristo y de Dios. No os dejéis seducir por razonamientos sin
fundamento y recordad que la ira de Dios se manifiesta contra los hijos
rebeldes, por tanto no debéis tener tratos con personas que sean así, pues
aunque un día estuvisteis en las tinieblas como ellos, ahora estáis en la luz
del SEÑOR. Entonces, como generados en la luz, vayamos caminando en
ella”. (Efesios 5:1-8)
10 Caminar en la luz por la vía
de la ‘santificación’ y de la ‘vida eterna’, incluye mucho más que el evitar
las prácticas de los que como dice Pablo, están en las tinieblas. Jesús había
dicho a sus discípulos: “Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros. Que como os he amado yo,
también vosotros os améis unos a otros. Si os tenéis amor unos a otros, todos
conocerán por esto que sois discípulos míos”. (Juan
13:34-35) Con sus palabras y su ejemplo, Jesús inculcó amor en el corazón de
los suyos, pero ¿Somos realmente suyos? ¿Estamos deseosos de mostrar
hospitalidad? ¿Estamos dispuestos a hacer cuanto nos sea posible para ser
bondadosos y generosos unos con otros? Cuando surge la ocasión de ayudar ¿Lo
hacemos de buen grado? Porque si no es así, anularemos el gozo que mostrar amor
representa y perdemos la ocasión de acrecentar nuestro tesoro en los cielos,
puesto que las cosas que no se hacen de corazón, no agradan a
Dios.
11 Tengamos presente que Jesús
advirtió: “El que os recibe a
vosotros, a mí me recibe, y el
que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que reciba a
un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta, y el que
reciba a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Y todo el
que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por
ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa”. (Mateo
10:40-42) Tenemos pues un deber constante con nuestro prójimo en
general, pero en particular, con las personas que están relacionadas
con nosotros en la fe. Este deber es el amor que hace insignificantes los
errores y faltas de nuestros hermanos, como dice el apóstol Pedro cuando
escribe: “sobre todo, teneos unos a otros un amor
intenso, porque el amor pasa por alto una multitud de errores y así
os aceptaréis unos a otros sin reproches”. (1Pedro
4:8..9) Y es que el amor es inocente y amable; evita las
sospechas maliciosas, las actitudes de condena, el buscar faltas en los demás y
el considerar que todos deben saber hacer las cosas como las queremos hacer
nosotros.
Empleemos bien
nuestro don
12 Puesto que todos los
discípulos de Cristo han recibido la instrucción de ser generosos unos con
otros, Pedro les escribe: “Cada uno, como buen administrador de la multiplicidad
del favor de Dios, debe usar en el servicio de otros la habilidad que
por don haya recibido”. (1Pedro 4:10) En
realidad, todos los discípulos de Cristo tienen diferentes dones pero ninguno
los posee todos, y esto quiere decir que se necesitan y complementan unos a
otros. Si alguno tiene capacidades que pueden ser de utilidad en la
congregación, debe servir a Dios empleándolas en beneficio de sus
hermanos, porque cualquier don proviene de Dios y como servidores suyos,
daremos cuenta de como ejercemos el encargo para el que se nos ha capacitado.
13 Cuando el apóstol Pedro
describe el modo de emplear los distintos dones, dice: “Si uno habla, que lo haga como de parte de
Dios”. (1Pedro 4:11) Esto realmente no significa
que la persona esté hablando de parte de Dios y no puede equivocarse; quiere
simplemente decir, que cuando uno se dirige a la congregación, tiene que
estar seguro de que lo que habla está sólidamente basado en la Palabra de Dios y en
armonía con su espíritu. No debe expresar opiniones personales ni hacer
afirmaciones que carezcan de fundamento. Como dice Pedro: “si uno cumple con un servicio, que lo cumpla
valiéndose de las fuerzas que Dios le provee, para que mediante Jesús
Cristo, se dé gloria a Dios en todas las cosas”. (1Pedro
4:11) El hermano que esta en posición de prestar ayuda a otros
o de suministrar algún servicio, debe hacerlo con la convicción de que es
Dios quien le ofrece la oportunidad y los medios de dar asistencia. De este
modo, quienes se benefician de su don, darán gloria a
Dios que a su vez, bendecirá al que sirve a sus hermanos con amor y
humildad, porque podemos estar seguros de que, como dice el proverbio, “El alma generosa será colmada, y el que sacia a otro,
será también saciado”. (Proverbios 11:25)
También el sufrir con
paciencia puede resultar beneficioso
14 Jesús advirtió a sus
discípulos: “No está el discípulo por encima del
maestro, ni el siervo por encima de su señor. Bastante es para el
discípulo llegar a ser como su maestro y para
el siervo, como su señor. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul
¡Cuánto más a los de su casa! No obstante, no les temáis, porque
nada hay encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de ser
dado a conocer”; y entonces les exhortó a no
inhibirse, diciendo: “Lo que os digo en la
oscuridad, decidlo vosotros en la luz, y lo que escucháis al oído,
proclamadlo sobre las azoteas. Tampoco temáis a los que matan el cuerpo y
no pueden matar el ser; pero temed mucho al que puede
destruir ambos, el ser y el cuerpo, en el Gehenna”. (Mateo
10:24-28)
15 Las cosas que de parte de
Dios, Jesús dio a conocer a los suyos, están destinadas a llenarles el corazón
de esperanza y de alegría. Sin embargo vivimos en un mundo en el que, como dice
Pablo, “todos los que quieran vivir siendo fieles a
Jesús Cristo serán perseguidos, mientras que los malvados y los impostores progresarán,
engañando a los demás y siendo engañados”. (2Timoteo 3:12-13) Por
tanto, quien quiera vivir en fidelidad, tendrá sin duda que tomar decisiones
difíciles, soportar aflicciones e incluso sufrir persecución, pero el amor al
Creador y una fe firmemente basada en el conocimiento, no permitirán que se
desmoralice ni pierda de vista su magnífica esperanza basada en las promesas de
Dios. Jesús dice a los que le aman: “Vosotros no me
habéis elegido a mí, si no que yo os he elegido a vosotros, y os he
preparado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca,
de modo que todo lo que le pidáis al Padre en mi nombre, os lo
conceda”. (Juan 15:16)
“Os he dicho estas cosas para que conmigo tengáis
paz. En el mundo tendréis
tribulación. Pero ¡Tened ánimo! Yo he vencido al
mundo”. (Juan 16:33)
16 También el apóstol Pedro habla de la
tribulación que a partir de entonces y hasta el retorno de Cristo, los
discípulos de Jesús sufrirían en el mundo, y del resultado de sobrellevarla con
paciencia y fidelidad, y escribe: “Amados, no os
asombréis por la persecución que se ha levantado contra vosotros para poneros
a prueba, como si se tratase de una cosa insólita. Debéis alegraros de
poder participar en los sufrimientos de Cristo, para que al tiempo de su
revelación podáis alborozaros y exultar en la gloria. De manera que
¡Felices vosotros cuando se os injuria por causa de Cristo! Porque
la gloria y el espíritu de Dios reposan sobre vosotros”,
(1Pedro 4:12..14) y “después de
sufrir por un breve tiempo, el mismo Dios que os ha llamado
mediante su generoso don, a participar unidos con Cristo en su gloria eterna,
completará vuestro adiestramiento, y os hará firmes y
fuertes”. (1Pedro 5:10) “Exultad
pues”, dice Pedro, “aunque ahora sea preciso que por un breve tiempo
seáis afligidos por distintas pruebas, porque si el valor de vuestra fe,
más precioso que el oro que perece, resiste el fuego al ser probado,
seréis motivo de alabanza, de gloria, y de honor, en el
momento de la manifestación de Jesús Cristo”. (1Pedro
1:6..7) Pues, “cuando Dios lo
permita, es mejor sufrir por obrar bien que
por obrar mal”. (1Pedro 3:17)
17 Pero ¿Por qué dice Pedro: “cuando Dios lo permita”?
En verdad y
como cualquier persona sana de mente, el cristiano desea evitarse disgustos y
sufrimientos, y no ama la persecución. No obstante, siempre tiene que estar
dispuesto a poner de buen grado y en primer lugar, su fidelidad y su integridad
a Dios. Dice la
Escritura que también Cristo, “aunque
era hijo, aprendió la obediencia por las cosas que
sufrió”, (Hebreos
5:8) porque “el SEÑOR disciplina al que ama, y corrige
con dureza al que reconoce como hijo". (Hebreos 12:6) Y si
bien “Es cierto que la disciplina no
produce de momento gozo si no más bien tristeza … con el tiempo produce en los
que la reciben, el fruto saludable de la justificación”. (Hebreos
12:11) Además, el sufrimiento que Dios permite es pasajero, y por doloroso
que nos parezca, nos da la oportunidad de abrirle nuestro corazón, y de
demostrarle fidelidad y confianza. Si ejercemos paciencia, seguro que
recibiremos su ayuda. Pero mientras, reforzaremos nuestra fe, aprendemos a
reaccionar y adquiriremos firmeza y disciplina.
18 Dice Pedro que “Si alguno sufre injustamente, soportando cosas dolorosas
para seguir la voluntad de Dios, tiene mérito … y a
esto se os ha llamado. También sufrió Cristo por vosotros, dejándoos
un modelo para que siguieseis sus huellas, pues él, que no cometió pecado ni
en sus palabras se halló engaño, al ser ultrajado no devolvió los ultrajes y
mientras sufría no profirió amenazas. Se encomendó al que juzga con
justicia, y ofreció su cuerpo en sacrificio por nuestros pecados, para
que muertos al pecado, viviésemos para la justicia”. (1Pedro
2:19-24) Perfeccionemos pues nuestra esperanza siguiendo sus huellas,
mientras afrontamos con valentía las distintas pruebas que en este mundo
sufrimos y sufriremos. Mostremos firmeza y confiemos en nuestro Creador, que
“ha prometido: ‘Yo no te dejaré ni te abandonaré’".
(Hebreos 13:5)
El apóstol
Pedro termina así su segunda carta: “… amadísimos,
vosotros que ya sabéis estas cosas por adelantado, permaneced
vigilantes para que no seáis arrastrados al error de los impíos y vayáis
a menos en vuestra firmeza. Continuad creciendo en el favor y en el
conocimiento de Jesús Cristo, Señor y Salvador nuestro. A él sea la gloria
ahora y para siempre. Así sea”. (2Pedro
3:17..18)