Cómo identificar la
adoración verdadera
1 Si hubiese unas
personas discutiendo con respecto a las pruebas que indican la identidad de la
religión verdadera, y te rogasen que hicieses de árbitro para juzgar sus
argumentos y determinar quien tiene razón ¿Sobre qué base apoyarías tu juicio?
Desde la antigüedad, la
historia nos muestra que hay muy pocos temas tan polémicos cómo los que tratan
asuntos religiosos. Los diferentes puntos de vista en cuestiones de religión
han causado muchas controversias, luchas e incluso muertes. Debido a las
diferencias religiosas entre los judíos, también el apóstol Pablo fue acusado
de sedicioso y detenido, y cuando su caso se presentó ante Festo, gobernador de
la provincia romana de Judea, sus acusadores fueron los principales jefes
religiosos judíos, entre los que estaba el sumo sacerdote Ananías. Días más
tarde, cuando Festo informó de lo que había ocurrido al rey Herodes Agripa II,
le dijo: “Los
acusadores se enfrentaron a él, (Pablo) pero no presentaron ninguna acusación de los
crímenes que yo sospechaba; solamente tenían contra él unas discusiones
sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo
afirma que vive”. (Hechos 25:18-19)
Festo no tenía ningunas
ganas de inmiscuirse en estas discusiones, y la mayoría de la gente está de
acuerdo con esta actitud, compartiendo la opinión de que no es prudente afirmar
que una creencia sea más correcta que otra y acomodando su actitud al dicho de
que “Cada
uno crea lo que quiera, porque en toda religión hay algo bueno”.
2 A pesar de esto, es
inevitable que el hombre quiera comprender asuntos que conciernen y afectan a
toda la humanidad, cómo el propósito de la vida, la procedencia del hombre y su
destino tras la muerte, una búsqueda que es en realidad, cómo buscar la
religión verdadera. Es verdad que en nuestra cultura se tiende siempre más a
enfatizar el ateísmo, con el apoyo de una incierta evolución de la vida a
partir del caos, presentada cómo una realidad científica incuestionable, cuando
solo es una teoría incompatible con la ciencia experimental. Aún así, el
sentido religioso forma parte de la naturaleza humana y todas las familias de
la humanidad, en todas las épocas y sin excepción, han sentido la necesidad de
adorar a una entidad considerada superior.
En el libro titulado ‘Religión y Filisofía’ de Martin Warner, se dice con respecto a
las religiones de la antigüedad: “El origen del mundo y del hombre, eran tan
inquietantes cómo la muerte misma. Existe una gran diversidad de explicaciones
con respecto a este tema, que sigue siendo de todos modos, un tema fundamental
también en la religión moderna. Aunque si hoy en día la ciencia puede dar una
explicación a la mayor parte de los fenómenos que conciernen a la vida, en
todas partes, los hombres siguen buscando una esperanza que vaya más allá de
los pocos decenios de su existencia individual”.
Sin embargo, para hallar
respuestas convincentes en la búsqueda de una esperanza relacionada con nuestro
futuro individual y también colectivo, es inútil dirigirse a mitos, teorías y
filosofías, que por interesantes que resulten, solo responden a ideas y a
creaciones humanas, que por el hecho de serlo, son necesariamente tan limitadas
cómo los conocimientos del hombre mismo.
3 Así, el ateo afirma
por elección y por la exclusión voluntaria de la existencia de Dios, que la
vida procede del caos y de la casualidad, negándose a la evidencia de que por
fuerza tiene que haber una inteligencia organizadora y conductora, detrás del
magnífico orden del universo y de la vida. Por otro lado, el agnóstico afirma
que ninguno sabe en realidad, cómo han ocurrido las cosas y que solamente
podemos estar seguros del hecho de que estamos aquí, pero ¿Son estos puntos de
vista realmente satisfactorios y acordes a la evidencia?
Muchas otras personas
están en cambio de acuerdo, con el historiador y filósofo Hill Durant, que
dijo: “Siento
el input del Creador en cada cosa viva y sospecho que sea lo mismo en el átomo,
en todos sus electrones en movimiento. El átomo no es una cosa muerta. Es una
cosa que palpita de vida. Por este motivo no puedo contemplar el universo cómo
una máquina. Una máquina no palpita de vida, permanece perfectamente quieta a
menos que algo en lo que la vida palpite, la accione”.
Y estas son las personas
que trabajan intensamente en la búsqueda de la respuesta al significado de la
vida.
Una creencia acorde a
la evidencia y con un soporte veraz
4 En general los que
sinceramente y sin prejuicios buscan la verdad, reconocen que debe existir una
inteligencia creadora y organizadora, una fuente universal de vida que mantenga
y cuide de su creación. Y si la fuente universal de vida es una, la guía que
proviene de ella tiene también que ser única.
Ahora bien, entre todas
las creencias de los hombres, solamente hay una que en vez de provenir de la
sabiduría del hombre que fue su autor, proviene de la revelación, pero no de
una revelación efectuada en un momento determinado y recibida por un solo
hombre, cosa que tal vez la haría poco digna de confianza, si no de una
revelación que fue expresada durante un período de mil seiscientos años, a más
de cuarenta hombres considerados fieles y dignos de recibirla, y que fue
registrada por ellos en unos textos que a través del tiempo, guardan una total
armonía, continuidad y unidad de mensaje. Estos textos han sido durante treinta
y cinco siglos, recopilados y transcritos con fidelidad y han llegado hasta
nosotros con el nombre de la Biblia.
No hay pues en la Tierra, nada que pueda asemejarse a la revelación contenida en los libros canónicos de la Biblia, que es la obra más traducida, impresa y divulgada que existe en el mundo. Su mensaje
es claro y coherente, por esta razón podría concluirse, que la mayoría de los
que dicen aceptar su guía, comparten fundamentalmente las mismas creencias,
pero no es así en absoluto. Quienes examinen las doctrinas impartidas en las
distintas confesiones religiosas que se consideran obedientes a las escrituras
bíblicas, hallarán grandes diferencias en la enseñanza, unas diferencias que
dividen abismalmente a las personas y determinan unos puntos de vista muy
diferentes con respecto a la vida y a la religión.
5 Y puesto que en general,
la religión profesada es impuesta por las circunstancias, resulta vital que las
personas estén dispuestas a reflexionar sin prejuicios, con respecto a la
enseñanza religiosa recibida, porque es posible que al comparar sus creencias
con lo que las Escrituras dicen, queden sorprendidos.
Verdaderamente, si
aceptamos la Biblia cómo una guía de Dios a los hombres, debiéramos estar seria
y sinceramente interesados en conocer lo que verdaderamente se dice en ella,
porque las diferentes interpretaciones que de su enseñanza hace la cristiandad,
nos colocan en la misma posición que los judíos del tiempo de Jesús.
El pueblo judío había
olvidado el verdadero sentido y propósito de los mandatos de Dios, porque
su adoración era formal, es decir, aparente y basada en la tradición
que con el tiempo, se había desarrollado a partir de las interpretaciones que
generaciones de escribas, fariseos y sacerdotes, habían hecho de la Ley. Esta situación mantuvo al pueblo en la ignorancia del verdadero propósito de Dios,
impidiéndole también, reconocer al esperado Mesías cuando llegó. Por esta
razón, Jesús dijo a las gentes: “…os digo que, si vuestra justicia no es mayor que
la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. (Mateo 5:20) Y
aplicó a la religiosidad de aquel pueblo, las palabras de Dios al profeta
Isaías, cuando le dijo: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de
mí. En vano me adoran, porque enseñan cómo doctrinas unos preceptos
de hombres”. (Mateo 15:8-9)
Una información clave
6 Al considerar el
argumento de la enseñanza o religión verdadera, muchos piensan solamente en la
enseñanza de Jesús y de sus apóstoles, sin embargo, el apóstol Pedro escribió a
los discípulos: “Nosotros no os hemos dado a conocer la venida y las poderosas obras
de nuestro señor Jesús Cristo, mediante historias inventadas, pues
fuimos personalmente testigos oculares de su grandeza cuando recibió el
honor y la gloria de Dios Padre, porque a él se dirigió la voz desde la gloria
majestuosa, diciendo: ‘Este es mi hijo amado, el que yo he elegido’. Y nosotros, que estábamos con
él en el monte santo, oímos esta voz que venía del cielo. Aunque tenemos una
confirmación más segura todavía en la palabra
profética, y haréis bien en prestarle atención, porque es
cómo una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día, y
resplandezca la luz en vuestros corazones. Pero primero, debéis saber que ninguna
profecía de la Escritura proviene de una interpretación personal, porque ninguna
de las profecías vino nunca por la voluntad del hombre, si no que los
hombres hablaron de parte de Dios impulsados por el espíritu santo”. (2Pedro 1:16-21)
Estos escritos que bajo
el impulso del espíritu de Dios, registraron los antiguos profetas, explican el
motivo de la necesidad de un rescate para la humanidad y predicen las
disposiciones tomadas por Dios para poner la vida al alcance del hombre, por este
motivo constituyen la base de la fe en Cristo.
7 Empecemos
considerando la enseñanza de los primeros capítulos del libro del Génesis,
puesto que son muy significativos.
Se dice que “formó Yahúh Dios al
hombre a partir del polvo del suelo y al soplar en su nariz aliento de vida, el
hombre fue hecho un alma viviente”, (Génesis 2:7) pero primero, se revela
el propósito de Dios al crear al hombre, con estas palabras: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen, que sea semejante a nosotros y tenga autoridad en los peces del
mar, sobre las aves de los cielos, sobre todas las bestias de toda la tierra y
sobre todos los diminutos seres de su suelo”. (Génesis 1:26)
Dios hizo por tanto, un
alma o ser viviente a su imagen, para vivir, disfrutar y cuidar de la Tierra que había preparado para él.
Antes de crear al
hombre, “Dios
había plantado un jardín en Edén… En aquel terreno, había hecho crecer
cualquier árbol agradable a la vista y bueno para alimentarse, y en medio del
jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal”. (Génesis 2:8-9)
Y “tomó
Yahúh Dios al hombre, y le llevó al jardín de Edén para que lo custodiase y lo
cuidase, pero le dio un mandato, diciendo: ‘Te alimentarás y comerás con
entera libertad cualquiera de los frutos de los árboles del jardín, pero no
debes comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque en
el día en que lo comas, morir, morirás’”. (Génesis 2:15-17)
¿Cuál era el sentido de este mandato?
Era necesario que el
hombre tuviese unos arquetipos de cómo debía relacionarse con su Creador y más
adelante, con los demás hombres. Así, Dios se había reservado aquel jardín cómo
un Santuario de su propiedad en la Tierra, un punto de encuentro con el hombre.
Además había advertido muy seriamente a su hijo Adán, de que solamente el
Creador poseía la autoridad de establecer lo que es moralmente bueno y lo que
es moralmente malo. Si el hombre, en el ejercicio de su libre albedrío,
usurpaba esta exclusiva prerrogativa de Dios, automáticamente se alejaría de la
fuente de la vida, causándose con el tiempo, la muerte. Esta advertencia de
Dios también nos confirma que el hombre, cómo los ángeles, no había sido creado
para morir.
8 El relato da a
conocer que el hombre no respetó el mandato ni la advertencia que Dios le había
dado, y cortando su relación con él, adquirió la muerte, pero no solo para él,
también para sus descendientes no nacidos, o sea toda la humanidad, puesto que
no se puede transmitir a los demás lo que no se posee.
Confirmando estos
hechos, el apóstol Pablo escribe: “Igual que por causa del primer hombre el pecado
entró en el mundo, por causa del pecado, la muerte se extendió a todos los
hombres, porque todos heredaron el pecado”. (Romanos 5:12)
Sin embargo, Dios no
había hecho al hombre para que muriese, y las Escrituras nos muestran que desde
el principio, preparó para los hijos de Adán un rescate que de acuerdo con sus
leyes universales, les abriese de nuevo el camino de la vida. Por esto Pablo
escribe que “La
humanidad
entera… no
fue sometida a la futilidad por voluntad propia, si no por la culpa de
aquel que transgredió. Por esto también mantiene la esperanza de llegar a
ser emancipada de la esclavitud a la corrupción, (la muerte) para poder participar en la gloriosa
libertad de los hijos de Dios”. (Romanos 8:19-21) Y explica cómo Dios aplica el
sacrificio de Cristo a la redención de la humanidad, diciendo: “…tal cómo por una sola
transgresión, la condena se extendió a todos los hombres, por un
solo acto de justicia, la justificación que da la vida se extiende a
todos los hombres, porque tal como por la transgresión de un solo hombre,
muchos han sido constituidos pecadores, por la obediencia de un solo hombre,
también muchos han sido constituidos justos”. (Romanos 5:18-19)
La redención del hombre
y su reconciliación con Dios mediante el Nuevo Pacto, que cómo hombre cerró
Jesús, entre Dios y la humanidad, es la base para restablecer de nuevo sobre
la Tierra el gobierno de Dios, una cosa que el hombre le arrebató al
principio con su rebeldía. Este es en esencia, el argumento de toda la Escritura, y por tanto, la base de la religión verdadera. ¿Por qué decir religión?
¿Cuál es el sentido preciso de la palabra religión?
9 El diccionario
Zingarelli lo define así: “Conjunto de… normas éticas y salvadoras, y de
los comportamientos culturales que expresan en el transcurso de la historia,
las relaciones de las varias sociedades humanas con el mundo divino”. Pues bien, el mandato
que en Edén debía obedecer el hombre, además de ser una norma ética con
respecto al derecho de propiedad, era también una norma salvadora, ya que de su
obediencia dependía la vida misma, y puesto que provenía de Dios, puede
afirmarse que constituía una de las normas de las la religión correcta.
Otro de los requisitos
de la religión correcta, es la de poner fe en la afirmación de que Dios creó al
hombre directamente y no a través de teóricas y oscuras transformaciones
animales. En armonía con esto, se afirma en ellas que “dijo Dios: ‘Haya en la
tierra almas vivientes según su especie; animales mansos, diminutos
seres y todas las bestias salvajes de la tierra”. Y así ocurrió; hizo Dios a
todas las bestias salvajes de la tierra según su especie, a los animales
domésticos según su especie y a todo diminuto ser de la tierra según
su especie’”. (Génesis 1:24-25) Desde entonces, muchos animales se
han extinguido o están al borde de hacerlo, pero todos siguen reproduciéndose
solamente según su especie. Es cierto que dentro de una misma especie
hay gran variedad de familias o razas, que difieren en su aspecto y tamaño,
pero existe un límite que la reproducción no puede superar,
y esto es un hecho, no una teoría. La realidad nos muestra que no se producen
especies nuevas.
¿Acepta tu religión el
relato bíblico? ¿Lo aceptas tú? O prefieres la popular aunque no probada teoría
de las transformaciones de una evolución animal hasta llegar al hombre,
partiendo de una casualidad prácticamente imposible.
10 Notemos otra cosa
importante; puesto que según la Escritura, “el hombre fue hecho un alma viviente”, (Génesis 2:7)
y su destino era el de disfrutar de la vida en la tierra con la perspectiva de
una vida sin la muerte, ya solamente moriría si abusaba de su libre albedrío,
es fácil comprender que la muerte no era intrínseca al hombre, y
también, que el hombre no tenía un alma inmortal dentro de su cuerpo; él
mismo era un alma o un ser viviente que no moriría mientras lo mismo que
los ángeles, permaneciese mediante la obediencia, o sea, mediante la religión
verdadera, unido al Creador, que es la fuente de la vida de su creación.
Las palabras que en la Biblia se traducen en nuestra lengua cómo ánima o alma, son la hebrea nefesh y la griega psyke, unos términos que realmente significan
y se traducen cómo ser vivo o vida, y se emplean para definir a cualquiera de los seres
animados, o sea a todas las
personas y animales vivos.
Todos estos argumentos
son de la mayor importancia, puesto que la mayoría de la religiones afirman que
el hombre tiene un alma inmortal dentro de sí. Esta afirmación
que es totalmente opuesta a las palabras de Dios, está más bien de
acuerdo con las palabras de “la antigua serpiente, el que es llamado
Diablo y Satanás, y está engañando a la humanidad entera”, (Apocalipsis 12:9)
ya que él fue el autor de esta idea, cuando después de preguntar: “¿Es cierto que Dios os ha
dicho: ‘no comáis de ninguno de los árboles del jardín?’” y de que la mujer le
respondiese:
“’Podemos comer cualquiera
de los frutos de los árboles del jardín, solamente del fruto del árbol que está
en medio del jardín, ha dicho Dios: no lo comáis ni lo toquéis para que no
muráis’ …la serpiente dijo a la mujer: “¡De ningún modo
moriréis!…’” (Génesis 3:1-5) Desacreditando así las palabras de Dios y
dando pie a la creencia de que existe una supervivencia más allá de la del
cuerpo, una cosa que el hombre no puede comprobar con seguridad, pero que le
ofrece una esperanza ante el miedo a la muerte.
Adán y Eva murieron, así
cómo todos sus descendientes, pero en cierto modo, la idea de la supervivencia
permaneció y fue adoptada por las antiguas religiones de Egipto y Babilonia,
extendiéndose entre los hombres. Más tarde penetró en la doctrina de los
fariseos a través de Grecia y fue introducida en la Cristiandad a través de la enseñanza de los maestros y filósofos neoplatónicos del los siglos
segundo y tercero de nuestra era.
Sin embargo ¿Que es lo
que dice la Escritura? Dice que el hombre era un alma y no que
tenía un alma inmortal que abandonaría en su momento, el cuerpo.
¿Qué le había dicho Dios
con respecto a la muerte? Dios, al contrario que la serpiente, dijo al hombre
exactamente esto: “Con el sudor de tu frente obtendrás tu alimento hasta que
regreses a la tierra de donde fuiste tomado, puesto que eres polvo y
volverás al polvo”. (Génesis 3:19) ¿Dan tal vez estas palabras soporte a la
idea de que seguiría viviendo de otra forma o en otra clase de vida?
Absolutamente no, más bien demuestran que la muerte que obtuvo era el resultado
anunciado de su ruptura con la fuente de la vida, y no un paso para continuar
viviendo en otro lugar.
¿Está lo que nuestra
religión nos ha enseñado de acuerdo con esto?
11 Verdaderamente, en
ninguno de los escritos canónicos de la Biblia puede encontrarse cosa alguna que apoye la existencia de un alma inmortal; si el hombre continuase de algún
modo en vida, realmente no moriría, solo cambiaría de forma. Esta afirmación,
además de desacreditar las palabras de Dios, haría inútil el sacrificio de
Cristo ¿Por qué sería necesaria la redención de la muerte, si el hombre no
moría realmente? y ¿Cuál es el motivo de la resurrección de los muertos, si
todos se reúnen en un lugar y en una vida considerada mejor?
Pero en armonía con las
palabras de Dios, la Escritura dice: “Porque los que viven saben que han de morir
pero los muertos nada saben ni hay para ellos retribución, cuando su
memoria se ha perdido, también su amor su odio y su envidias han perecido y no
tienen ya participación en lo que ocurre bajo el sol”. (Eclesiastés 9:5-6)
La doctrina de la
inmortalidad del alma es totalmente incompatible con lo que las Escrituras
dicen, pero hay en ellas unas promesas mucho mejores y totalmente coherentes
con el propósito de Dios para el hombre; unas promesas que Jesús confirmó
diciendo: “…esta
es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda ninguno de los que
él me ha dado, si no que los resucite en el último día. Porque esta
es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él,
tenga vida eterna y yo le resucite el último día”. (Juan 6:39-40)
¿Sostiene nuestra
religión que el propósito de Dios para el hombre es, cómo al principio, la vida
sin muerte en la tierra? Porque cómo dice Isaías, Dios “formó la tierra, él la
fundó y no la creó para estar vacía, la formó para ser habitada”. (Isaías 45:18)
Por este motivo Jesús enseñó a sus discípulos a pedir al Padre: “…venga a nosotros tu reino
y se haga tu voluntad en la tierra cómo en el cielo…” (Mateo 6:10) y
el apóstol Pedro escribió a los discípulos: “nosotros estamos esperando unos nuevos
cielos y una nueva tierra según su promesa, que alberguen la justicia”. (2Pedro 3:13)
La conducta es importante
12 La religión
verdadera, cómo se revela en el libro del Génesis, está relacionada con un
comportamiento adecuado y no solo con unas doctrinas y creencias. La gravedad
de la transgresión del hombre, no era tanto la desobediencia, cómo lo que esta
significaba, es decir, una impugnación de la autoridad del Creador, acompañada
de un hurto, puesto que el hombre se apoderó de algo que no le pertenecía. Y a
causa de estas cosas, los primeros humanos fueron expulsados del jardín
santuario de Dios en la Tierra.
Es verdad que la mayoría
de las religiones se declaran contrarias al hurto, pero ¿Cómo se comportan con
quienes roban y no se arrepienten? ¿Disocian de sus feligreses a los que roban
y no muestran arrepentimiento, lo mismo que hizo Dios? En relación a esto, es
importante tener en mente las palabras del Profeta Malaquías, para los que se
consideraban pueblo de Dios: Vosotros habéis fatigado a Yahúh con vuestras palabras, pero
decís: ‘¿En qué le hemos fatigado?’ Diciendo así: ‘Cualquiera que obre mal
es aceptable a ojos de Yahúh y él se complace en ellos’ ¿Dónde
está así la justicia de Dios?” (Malaquías 2:17)
13 Tomemos ahora en
consideración el matrimonio, porque es otra de las leyes establecidas por Dios
para el hombre desde el principio, una norma que se encuentra en las palabras
inspiradas por Dios a Adán, cuando al ver a su mujer, “exclamó: ‘¡Ahora sí!
¡Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará mujer (Ishah) porque del hombre (Ish) ha sido tomada; por eso dejará
el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán una
sola carne”. (Génesis 2:23-24)
Esta ley con respecto al
matrimonio, fue confirmada al pueblo de Israel por el profeta Malaquías, que
declaró estas palabras de parte de Dios: “Dice Yahúh el Dios de Israel: ‘Realmente odio
el divorcio y la afrenta encubierta de quien se vuelve atrás’… ‘Proteged pues vuestro
soplo de vida y no seáis desleales”. (Malaquías 2:16-17)
¿Cuál es la actitud de
nuestra religión en cuanto al matrimonio y el divorcio? ¿Se ajusta en todo a
las normas de Dios?
La experiencia de Noé en la religión
verdadera
14 Analicemos ahora un
relato bíblico que nos ayuda a identificar otro de los mandatos que Dios dio al
hombre, mucho antes de que existiese la Ley. Se encuentra en el relato de Noé, que según dice la Escritura, era “un hombre justo e íntegro entre sus
contemporáneos, que caminaba con Dios”. (Génesis 6:9)
De las cosas que
ocurrían en los días de Noé, dice Pedro: “…por la Palabra de Dios, en la antigüedad fueron constituidos unos cielos y una tierra que surgió del agua, y que estaba
rodeada de agua. Y por orden de la misma Palabra, aquel mundo de entonces,
fue destruido por el agua del diluvio”. (2Pedro 3:5-6) ¿Por qué ocurrió esto?
Porque dice la Escritura que “Yahúh vio que la maldad del hombre sobre la
tierra se hacía grande y que su corazón siempre concebía solo malos deseos.
Y sintió Yahúh haber hecho en la tierra al hombre, y se afligió
profundamente. Entonces dijo: ‘Eliminaré de la faz de la tierra al hombre que
he creado; al hombre, a los animales, a los insectos y a las aves del cielo,
porque siento haberlos hecho’. Pero Noé halló favor ante Yahúh”. (Génesis 6:5-8)
Por esto “Dios
demostró su paciencia y Noé construyó el arca, en la que unas pocas personas,
solamente ocho, fueron salvadas a
través del agua”. (1Pedro 19-20)
Verdaderamente, muchos
de los que se denominan cristianos consideran la historia del diluvio universal
cómo una fábula mitológica o una alegoría, sin embargo Jesús, “que no cometió pecado ni
en sus palabras se halló engaño”, puso cómo ejemplo lo ocurrido en los días de
Noé, cuando dijo: “Tal cómo sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del
hombre; ellos comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta
el día en que entró Noé en el arca y vino el diluvio y los hizo perecer a todos… Lo mismo sucederá el Día
en que el Hijo del hombre se presente”. (Lucas 17:26-27, 30)
¿Cuál es la posición de
tu religión con respecto al diluvio? Si lo preguntas ¿Te dirán tal vez que es
un relato interesante, pero que no debe considerarse literalmente?
15 En el noveno
capítulo de Génesis, leemos que cuando Noé salió con su familia del arca que
los protegió de la muerte, recibió nuevas disposiciones para él y sus
descendientes, y puesto que llegó a ser el progenitor de toda la humanidad
nacida tras el diluvio, es lógico que a pesar del tiempo transcurrido desde
entonces, los mandatos de Dios en el principio de una nueva etapa de la
historia, sigan vigentes. Dice la Escritura que “Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les
dijo: ‘Fructificad y aumentad, y llenad la tierra. Habrá miedo y pavor
de vosotros en todo animal terrestre y toda ave de los cielos, en todo lo que
se mueve por la tierra y en los peces del mar; yo los entrego en vuestras
manos. Todo animal vivo será para vosotros alimento, igual que la
vegetación que entregué a todos, pero no comeréis la carne con su vida,
su sangre. Más bien, yo reclamaré la sangre de vuestras almas,
se la reclamaré a todas las bestias. Y reclamaré al hombre
el alma de su hermano; la sangre de un derramador de sangre
humana, por el hombre será derramada, porque el hombre ha
sido hecho a la imagen de Dios. Ahora fructificad y creced; poblad la tierra y
multiplicaos en ella’”. (Génesis 9:1-7)
16 ¿Qué significa el
mandato dado a Noé y a sus descendientes? El texto no dice que la sangre de
hombres y animales sea sagrada, solo representa la vitalidad de los seres o
almas vivientes y cualquier vida es sagrada ante Dios. Por esto, a pesar
de que Dios había puesto a los animales en manos del hombre para que le
sirviesen de alimento, los hombres tenían que acordarse de que toda vida
proviene de Dios y cómo recordatorio, debían desangrar al animal antes de
consumirlo. Sin embargo, la extracción de una porción de sangre no atenta a la
vida del donante y por tanto, no representa una violación de este mandato.
Por otro lado, ningún
hombre tenía derecho a quitarle la vida a su prójimo, a no ser que este fuese
un asesino, porque en este caso, Dios mismo reclamaba su vida, por la vida que
él había arrebatado a uno de sus hermanos.
Pero ¿Respetan
íntegramente estas normas las religiones de la Cristiandad? ¿Consideran que comer la carne de un animal sin sangrar no viola ningún mandato
de Dios? O ¿Van cómo los fariseos, mucho más lejos de lo que el mandato dice,
determinando que la sangre no puede consumirse en ningún caso, incluso cuando
no representa el alma o vida de alguno, y prohibiendo medicamentos, vacunas
y transfusiones?
17 En su día Jesús
mencionó esta advertencia de parte de Dios, que el profeta Isaías había escrito
así: “este
pueblo se acerca con sus palabras y me honran con sus labios, pero su
corazón está lejos de mí, y es que su devoción a mí ha sido instruida
con mandatos de hombres. Por lo tanto… la sabiduría de sus sabios se
extraviará y el discernimiento de sus entendidos quedará oculto”. (Isaías 29:13-14)
La única adoración que Dios acepta, la única realmente beneficiosa para los
hombres, es la que proviene de su palabra. No hay pues nada que inventar y nada
añadir o invalidar en los libros canónicos de la Biblia. Cómo el apóstol Pablo dice, los discípulos de Cristo tienen que “aprender de nosotros (los apóstoles) el principio de no ir más allá de lo que está
escrito, de manera que ninguno se sienta superior a los demás”. (1Corintios 4:6)
Las Escrituras fueron
escritas bajo la guía del espíritu santo de Dios, por este motivo, al final del
texto del Apocalipsis, el apóstol Juan escribe: “…doy aviso a cualquiera que oiga el
mensaje de la profecía de este libro, que a quien le añada algo, Dios le
hará participe de las plagas que se describen en el libro, y a quien quite
cualquier cosa del mensaje de la profecía que hay en él, Dios le excluirá
de participar del árbol de la vida…” (Apocalipsis 22:18-19) Porque cómo dice
el apóstol Pablo: “solo somos hombres, unos ayudantes de Cristo en la
administración de las revelaciones divinas, y lo que se exige a cada uno
de los administradores es la fidelidad”. (1Corintios 4:1-2)
18 Solamente hemos
examinado dos relatos bíblicos, identificando algunos aspectos de la religión
verdadera; consideremos ahora las palabras de Jesús durante su ministerio y la
enseñanza que sus apóstoles impartieron.
Pero veamos antes, una
reflexión sobre el cristianismo en su etapa moderna.
El cotidiano Free
Press de Detroit, planteó el 24 de Diciembre de 1976, la siguiente
pregunta: ‘¿Aprobarían los cristianos de hoy una segunda crucifixión?’
En el artículo, el
periodista Sydney J. Harris escribió: “Si en el día de Navidad se produjese un segundo
nacimiento ¿No habría también una segunda crucifixión? Pero esta vez, no por
parte de los romanos y de los judíos, si no por la de aquellos que
orgullosamente se llaman cristianos. Me pregunto cómo consideraríamos y
trataríamos hoy, a este hombre con sus extrañas, preocupantes e imprácticas
doctrinas con respecto al comportamiento humano y a las relaciones sociales.
Aquellos que entre
nosotros son propensos al militarismo ¿No le llamarían cobarde pacifista,
porque nos exhorta a soportar el mal y a devolver bien por mal? ¿No le
tacharían los nacionalistas de peligroso sedicioso, por el hecho de afirmar que
todos pertenecemos a una sola familia? ¿No le rechazarían las personas guiadas
por el sentimentalismo, porque advertía que el camino a la salvación es estrecho
y angosto?
Todo esto me da que
pensar. Me pregunto si ha comenzado ya la Era Cristiana”.
Este artículo enfatiza
bien algunas de las diferencias entre la enseñanza de Jesús a sus seguidores y
el punto de vista de muchos de los que afirman creer en una religión basada en
su enseñanza.
Jesús y la religión verdadera
19 Por ejemplo, aquí
hemos comentado su afirmación con respecto a la creación por Dios de los
primeros humanos, Adán y Eva. A pesar de esto, tantos hombres de iglesia y
tantísimas personas que se confiesan cristianas, desestiman este importante
relato considerándolo cómo un mito alegórico y prefieren creer en la teoría de
la evolución, por considerarla ‘científica’ a pesar de sus grandes lagunas, su
falta de pruebas y su incompatibilidad con leyes consolidadas de la física. Aún
así, no puede negarse que Jesús y sus discípulos estaban absolutamente seguros
de que Dios había creado todas las cosas y también a Adán y a Eva, los
progenitores de la raza humana. Por ejemplo, cuando “se le acercaron unos
fariseos que, para ponerle a prueba … … le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su
mujer por un motivo cualquiera?’” Jesús “respondió: ‘¿No habéis leído que en el
principio, el Creador los hizo varón y hembra…” (Mateo 19:3-9) Y
refiriéndose a su retorno a la Tierra cómo rey, explicó a sus discípulos: “…en aquellos días habrá
una tribulación cómo no la ha habido desde el principio de la creación que hizo Dios, hasta el presente, ni
la volverá a haber”. (Marcos 13:19)
También el apóstol Pablo
afirma: “Adán fue formado primero y
más tarde, Eva”. (1Timoteo 2:13) Durante su discurso en el Areópago de
Atenas, dijo: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del
cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas,
ni es servido por manos humanas, cómo si el que da a todos la vida, el aliento
y todas las cosas, estuviese necesitado de algo. Él creó de uno, todas las etnias
humanas, para que habitase sobre toda la faz de la tierra, fijando
los tiempos predeterminados y los límites habitables…” (Hechos 17:24-26)
Y también el apóstol Juan llama a Dios: “…el Creador del cielo con todo lo que contiene y de la
tierra con todo lo que contiene”. (Apocalipsis 10:6)
20 En los escritos de
los apóstoles se hacen muchas referencias a los relatos del Génesis, de la Ley y de los antiguos profetas, puesto que ellos aceptaban que estos escritos estaban inspirados
por el espíritu de Dios; en armonía con esto, Pablo escribe a Timoteo: “…tú persevera en las
cosas que has aprendido, persiste convencido en ellas, por saber de quien las
has aprendido, pues desde niño conoces las sagradas Escrituras que pueden
darte la sabiduría que mediante Jesús Cristo, lleva a la salvación.
Porque toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para
enseñar, para convencer, para corregir y para educar hacia la
rectitud, para que el hombre de Dios sea maduro y esté bien preparado para
cualquier obra buena”. (2Timoteo 3:14-17)
¿Acepta mi religión la
inspiración divina de la Biblia y su veracidad y exactitud, incluso en el
relato de la creación?
¿Lo creo también yo,
cómo Jesús y sus apóstoles?
21 Unas palabras de Jesús
en cuanto al matrimonio, ilustran muy bien otro de los aspectos importantes de
la religión verdadera. Igual que los antiguos profetas, Jesús sostuvo que el
matrimonio era desde el principio, una disposición divina y santa, que obliga a
una mutua fidelidad, y dijo: “¿No habéis leído que desde el comienzo los hizo el Creador
hombre y mujer y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre
y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya
no son dos, si no una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”. (Mateo 19:4-6)
Y en dos ocasiones por lo menos, repitió: “…yo os digo que todo el que repudia a su mujer, excepto
en caso de fornicación, la hace ser adúltera, y el que se case con una repudiada, comete
adulterio”.
(Mateo 5:32 y 19:9)
La obediencia a las
disposiciones de de Dios hace que los casados se esfuercen en consolidar su
unión, evitando que contemplen su matrimonio cómo un contrato civil que puede
ser fácilmente rescindido. De acuerdo con las palabras de Jesús, un divorcio y
un nuevo matrimonio, solo están permitidos ante Dios, cuando uno de los
cónyuges se hace culpable de fornicación o adulterio, y cómo dice Pablo, “los fornicadores, los idólatras, los adúlteros, los afeminados y los que
yacen con hombres, los codiciosos, los ladrones, los borrachos, los
calumniadores, y los que practican la extorsión, no heredarán el reino de Dios”. (1Corintios 6:9-10)
¿Es esta la enseñanza de
tu iglesia?
22 Seguramente muchos
dirán que si bien, las elevadas normas de la Biblia son admirables, realmente no son practicables hoy en día y sin embargo, estas son las normas que establecen
las diferencias entre la religión verdadera y la falsa, por este motivo dice el
apóstol Pablo: “Os escribí que no tengáis nada que ver con el que se llama
hermano y es fornicador, codicioso, idólatra, calumniador, borracho o
extorsionador. Con este no debéis siquiera comer. Porque ¿Acaso tengo yo que
juzgar a los de afuera? Pero en cambio ¿No tenéis vosotros la obligación de
juzgar a los de dentro? A los de afuera ya los juzgará Dios, pero
vosotros debéis alejar de la congregación al que demuestra una disposición
malvada”.
(1Corintios 5:11-13)
Jesús y el alma
23 Podemos preguntarnos
si la declaración de que el hombre fue hecho un alma viviente y no
tiene un alma independiente en su cuerpo que lo abandone al morir, tiene
también confirmación en el Nuevo Testamento. Pues bien, cuando Pablo considera
el argumento de la resurrección de Cristo, cita el libro del Génesis y dice: “Está escrito que el
primer Adán fue hecho alma viviente, mientras que el último Adán, un
espíritu dador de vida”. (1Corintios 15:45)
El tema del alma guarda
en las Escrituras una total coherencia. Los primeros discípulos de Cristo
comprendían bien este argumento, sobretodo por lo que le había sucedido con
Jesús, porque tras su ejecución, Jesús murió y permaneció muerto casi tres
días, y durante aquel tiempo, no vivió de ninguna otra forma. Por este motivo,
Pedro, en su discurso del día de Pentecostés, dijo: “A Jesús el Nazareno, un
hombre acreditado ante vosotros por Dios, con los prodigios y señales que por
medio de él, realizó entre vosotros, cómo vosotros mismos sabéis, a éste, que
fue entregado según el designio determinado y el previo conocimiento de Dios,
vosotros, después de arrestarle, le matasteis por mano de impíos, clavándole en
la cruz. A este le ha resucitado Dios deshaciendo las convulsiones de
la muerte, puesto que no era posible que fuese retenido por ella”. (Hechos 2:22-24)
Y aunque en la resurrección, Dios otorgó a Jesús un cuerpo espiritual, Pablo
escribe a los discípulos: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos cómo primicia de los que duermen
en la muerte!”
Por este motivo la
resurrección no se refiere solo al cuerpo, se refiere a la vida, y esta
resurrección que Dios otorga a toda la humanidad mediante la redención de
Cristo, es la única esperanza con fundamento para los hombres.
Tras la muerte de
Lázaro, Jesús había dicho a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí,
aunque muera, vivirá, y todo el que viva y crea en mí, nunca morirá ¿Crees tú
en esto?” (Juan
11:25-26) No había pues ninguna razón para que los discípulos creyesen que
el hombre poseía por naturaleza un alma inmortal, cómo sostenían las creencias
derivadas del platonismo, herederas de muchos conceptos de las antiguas
religiones de Egipto y Babilonia.
A la luz de todo esto,
debemos preguntarnos ¿Es esta la enseñanza de mi religión? Porque la adoración
pura a Dios y el interés por servirle con la verdad, es esencial para nuestra
futura esperanza.
24.1 Otro de los aspectos
de la religión verdadera, tiene que ver con estas palabras que al principio,
cuando los hombres eran solo ocho almas, dijo Dios a Noé con respecto a la
vida: “demandaré
al hombre,
el alma del hombre, su hermano”, (Génesis 9:5) para mostrarle que
los hombres no debían combatir unos con otros. Este sentimiento de hermandad y
de respeto por la vida humana es una de las señales más significativas para
identificar la religión verdadera.
Poco antes de su muerte,
Jesús dijo: “Os
doy un nuevo mandamiento: que os améis unos a otros, que igual que yo
os he amado, os améis unos a otros también vosotros. Todos conocerán
que sois discípulos míos en esto: si os tenéis amor unos a otros”. (Juan 13:34-35)
Obedeciendo sus
palabras, los cristianos del primer siglo se negaban a unirse al ejército
romano o a cualquier otro ejército. Jonathan Dymond, en su libro ‘The Early Christians on
the subject of war’ (Los Primeros Cristianos con respecto al tema de la Guerra) año 1821, escribe en las páginas 60 y 61: “Los cristianos que vivieron en los días
cercanos a nuestro Salvador, creían sin ninguna duda que él había prohibido la
guerra y aceptaban esta creencia públicamente, estando dispuestos para
sostenerla, al sacrificio de sus bienes y de su vida. Más tarde sin embargo,
los cristianos aceptaron hacer el soldado ¿Cuándo? Cuando su fidelidad al
cristianismo se relajó; cuando también en otros aspectos, violaron los
principios del cristianismo. Dicho más sencillamente, cuando habían cesado de
ser cristianos”.
Es verdad que los
apóstoles habían ya anunciado en sus escritos, que estas cosas tenían que
suceder, pero mientras Juan, el más longevo de ellos estuvo en vida, insistió
vigorosa y repetidamente, en la importancia del amor cómo una cualidad
esencial de la religión verdadera, y escribió: “El mensaje que desde el
principio habéis escuchado es este: 'debemos amarnos los unos a los otros'…
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los
hermanos, pero aquel que no ama, permanece en la muerte…
nosotros hemos llegado comprender el significado del amor porque él (Jesús) entregó su vida por
nosotros,
de manera que también nosotros debemos estar dispuestos a entregar la vida
por los hermanos… Hijitos, no amemos con buenas intenciones y palabras,
hagámoslo de verdad y con hechos, para que tengamos la certeza de
hallarnos en la posición justa y con la conciencia limpia ante Dios”. (1Juan 3:11-12,
15-19)
Predicadores del reino
24.2 Otra de las creencias
que une a los discípulos de Jesús, es la esperanza en la llegada a la Tierra del reino de los cielos. Un tema que junto al de la redención del hombre, constituye
el motivo del mensaje de las Escrituras. Por este motivo Jesús hablaba
siempre, directamente o en parábolas del reino de los cielos, y la Buena Nueva o Evangelio que sus discípulos anunciaron, se refiere a la
redención, al retorno de Cristo y la instauración del reino de
Dios en la Tierra.
En armonía con la
enseñanza de Jesús, millones de personas de la Cristiandad recitan de memoria la oración del ‘Padre Nuestro’, el modelo proporcionado
por Jesús a sus seguidores, para que supiesen cuales eran las cosas que debían
pedir con insistencia; pero aunque repiten muchas veces “Venga a nosotros tu reino
y hágase tu voluntad en la tierra cómo en el cielo” (Mateo 6:9)
¿Comprenden que se trata de un verdadero reino terrestre bajo Cristo, que desde
los cielos administrará justicia en toda la Tierra?
Porque Pablo escribe: “Cristo, tras haberse
ofrecido una sola vez para abolir por siempre los pecados de muchos, volverá
a manifestarse de nuevo en una segunda ocasión, pero ya no en relación al pecado, si no a los
que le esperan para ser salvados”. (Hebreos 9:28) Y también el apóstol
Pedro dice: “…el
Día del SEÑOR se presentará como un ladrón, y entonces, los cielos pasarán con
un estruendo, y los elementos, intensamente calientes, se disolverán, mientras
que la tierra y todo lo que hay en ella se consumirá. Y puesto que todas estas
cosas han de ser disueltas, vivid en fidelidad y pureza, mientras esperáis
que llegue cuanto antes el Día del SEÑOR… Porque nosotros estamos esperando
unos nuevos cielos y una nueva tierra según su promesa, que
alberguen la justicia”. (2Pedro 3:10-13)
Tras su muerte, Cristo
mostró al apóstol Juan una visión del momento en que Dios establecería en la Tierra su reino, y relatando lo que vio y oyó, Juan escribe: “…oí una voz potente que provenía del cielo
y dijo: ‘La casa de Dios está con la humanidad y permanecerá con ella porque
ellos serán su pueblo, Dios mismo intervendrá en su favor y enjugará toda
lágrima de sus ojos, ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni
dolor, porque las cosas anteriores han pasado’. Aquel que se sienta en el trono
me dijo: ‘Mira, hago nuevas todas las cosas’ y continuó: ‘Escribe,
porque estas palabras son fieles y veraces’”. (Apocalipsis
21:3-5)
Por esto, cuando Jesús
fue detenido, pudo decir al gobernador romano Poncio Pilato: “Mi reino no es de este
mundo, si fuese mi reino de este mundo, mis servidores habrían combatido para
que yo no fuese entregado a los judíos, pero mi reino no es de aquí”. (Juan 18:36) Y
es que en realidad, el reino de los cielos nada tiene que ver con los reinos y
las naciones que hay ahora en la Tierra, un mundo que cómo escribe Juan, “está bajo el poder del Maligno”. (1Juan 5:19)
El reino de los cielos viene de Dios y unirá los cielos y la Tierra, en una sola familia, cómo Dios dispuso en un principio.
El profeta Daniel, en el
relato de la visión que le fue concedida, con respecto a la sucesión de los
reinos y de los tiempos designados por Dios, hasta llegar al final de este
mundo, escribió: “…el Dios de los cielos hará surgir un reino eterno que no será
destruido ni pasará a otro pueblo; triturará a todos estos reinos y los
extinguirá, pero él subsistirá para siempre”. (Daniel 2:44)
Así pues, la lealtad y
la fe en la realidad del reino de Dios por venir, es uno de los aspectos más
importantes de la religión verdadera.
25 En el período
inmediatamente posterior a la muerte de los apóstoles, los discípulos
permanecieron fieles a las palabras de Cristo y a la enseñanza apostólica.
Obedecían las leyes del país y eran, bajo todos los aspectos, unos ciudadanos
ejemplares, mientras adoptaban una posición neutral ante los partidos y las
muchas y frecuentes contiendas políticas de su tiempo.
E. G. Hardy, en la página 39 de su
libro Christianity and the Roman Government, dice: “Los cristianos eran
cómo forasteros y peregrinos en el mundo que les rodeaba, de manera que la
falta de interés en los asuntos públicos llegó a ser un rasgo notable del
cristianismo”.
Y es que la verdadera religión implica el mantenerse neutral ante los asuntos
políticos de los gobiernos de este mundo, no por razones personales, si no
porque lo mismo que Cristo, sus seguidores pertenecen a otro reino, un reino
que no es de este mundo. Por esto, viven en paz, mientras esperan la prometida
llegada de su Rey y la intervención de Dios, para que la injusticia y el
sufrimiento que hay en la Tierra desaparezcan para siempre.
¿Cuál es el significado de todas
estas cosas?
26 Los aspectos del
cristianismo apostólico que hemos considerado, son solamente unos cuantos de
los que identifican a la religión verdadera, la que proviene del Creador del
universo y fue impartida por Cristo. Aún así, observando los mandatos que desde
Adán en adelante, Dios ha transmitido a los hombres, podemos obtener una base
que nos permita valorar las creencias y las prácticas de nuestra religión.
Según lo que hemos visto
con respecto al cristianismo apostólico y a los mandatos de Dios para la
humanidad , fácilmente reconoceremos que la religión verdadera incluye:
La enseñaza de todos
los mandatos de Dios a los hombres.
El mostrar fidelidad y
respeto a todos los escritos canónicos de la Biblia, sin añadirles ni quitarles nada.
La fe en que Dios creó
al hombre a su imagen y semejanza para que viviese en la Tierra.
La fe en que Dios hizo
al hombre un alma viviente a su imagen y semejanza.
El rechazo de la
doctrina de la inmortalidad del alma.
La fe en que los muertos
serán levantados cuando reciban de Dios la resurrección.
El evitar la inmoralidad
y sostener con fidelidad el vínculo matrimonial.
El mostrar amor al
prójimo.
En no participar en la
política de este mundo.
El poner fe en el Reino
de Dios y esperar su llegada, mientras lo damos a conocer a los demás para
compartir la maravillosa esperanza que Dios provee, la única verdadera
esperanza para la humanidad.
27 Si tuviésemos pues
que juzgar cual es la religión verdadera, podríamos emplear cómo base de
juicio, el código moral de la revelación transmitida a los profetas a través de
los siglos y completado por Jesús y sus apóstoles mediante el espíritu de Dios,
puesto que es portador de la única respuesta a las necesidades, los miedos y
las inquietudes del hombre.
Es verdad que no todas
las confesiones cristianas están en armonía entre sí, pero cómo Jesús dijo: “llega la hora, ya estamos
en ella, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu,
y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad”. (Juan 4:23-24)
Esforcémonos en conocer
las disposiciones de Dios por medio de su palabra, puesto que no se encuentran
en ningún otro lugar, y tengamos presente esta advertencia de Jesús para los
que dicen ser sus seguidores: “No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de
los Cielos, si no el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos
me dirán aquel Día: “Señor, Señor ¿No profetizamos en tu nombre y
expulsamos en tu nombre demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y
entonces les declararé: ‘Nunca os conocí, apartaos de mí obradores de
injusticia!’” (Mateo 7:21)
Recordemos que Jesús
comparó el tiempo de su retorno con los días de Noé, y dijo: “Cómo sucedió en los días
de Noé, así será también en los
días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día
en que entró Noé en el arca; vino el
diluvio y los hizo perecer a todos”. (Lucas 17:26-27) Pero Noé “caminaba con Dios”, y “por fe, al ser advertido
divinamente de unos acontecimientos que nunca se habían visto hasta
entonces, construyó con temor respetuoso un arca para la salvación de su
familia”. (Hebreos
11:7) Y aunque Dios no “dejó sin castigo al mundo antiguo, enviando el diluvio sobre
un mundo de impíos… salvó a Noé con otras siete personas, porque buscaba la
justicia”.
(2Pedro 2:5)
Es fundamental buscar la
justicia de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús y sus apóstoles, que a pesar de
la oposición de las autoridades religiosas de su tiempo, vivieron en armonía
con la religión verdadera.
Trabajemos pues para
obtener “el
conocimiento exacto de su voluntad, así cómo de toda la sabiduría y del
discernimiento espiritual necesarios para llevar a cabo lo que es excelente”, caminando “de un modo digno del
Señor, para serle gratos en todo momento, mientras” vamos creciendo “en el conocimiento de
Dios”. (Colosenses
1:9-11)