Escrituras

 

APOCALIPSIS

 

1 1 La revelación que Cristo Jesús recibió de Dios, para mostrar a sus servidores las cosas que se sucederán con rapidez una tras otra. Él, por medio de su ángel, las ha presentado en visiones simbólicas a su servidor Juan, 2 y este testifica que lo que Cristo Jesús le ha revelado es palabra de Dios. 3 Feliz es aquel que cuando llega el tiempo establecido para su cumplimiento las lee en alta voz y felices los que escuchan las palabras de esta profecía, poniendo en práctica las cosas que en ella se escriben. 4 Juan, a las siete congregaciones que están en el Asia. Favor y paz de aquel que es, que era y que debe venir, de los siete espíritus que están ante su trono y de Cristo Jesús, el testigo fiel, el primero que ha sido resucitado de entre los muertos, el juez de los reyes de la tierra. 5 Para aquel que nos ama y nos ha liberado de nuestros pecados mediante su propio sacrificio, 6 haciendo de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre, sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Así sea. 7 ¡Mirad que él llegará como entre nubes! Su presencia será evidente incluso para los que no deseen percibirla y todas las tribus de la tierra sentirán la angustia. 8 “Así sea” dice el SEÑOR Dios “Yo soy el alfa y la omega; el que es, era y debe venir, el Omnipotente”. 9 Yo Juan, hermano vuestro y partícipe con vosotros en la tribulación, en la perseverancia y en el reino de Cristo Jesús, me encontraba en la isla llamada Patmos por haber hablado de Dios y por dar testimonio de Jesús, 10 cuando en una visión, me hallé en el Día del Señor. Oí detrás de mi una potente voz, como el son de la trompeta, que dijo: 11 “Escribe en un libro todo aquello que se te muestra y envíaselo a las siete congregaciones: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”. 12 Cuando me di la vuelta para ver al que me hablaba, vi siete lámparas de oro 13 y entre las lámparas, a uno que tenía la figura de un hombre, vestido con una túnica larga hasta los pies y el pecho ceñido con una coraza de oro. 14 Sus cabellos eran blancos como la lana inmaculada o como la nieve, sus ojos ardientes como el fuego, 15 sus pies refulgían como el bronce cuando está incandescente en fragua y su voz resonaba como el fragor de una cascada. 16 En la mano derecha sostenía siete estrellas, de su boca salía una afilada espada de doble filo y su mirada era tan luminosa como el sol cuando resplandece con toda su fuerza. 17 Al verle caí a sus pies como muerto, pero él puso su mano derecha sobre mi y me dijo: “No temas, yo soy aquel que comenzó y aquel que concluirá, el viviente. 18 Aunque morí, ahora vivo por los siglos de los siglos y tengo la llave de la muerte y del hades. 19 Tu escribe las cosas que veas, porque son cosas que se sucederán una tras otra con rapidez. 20 El significado de las siete misteriosas estrellas que has visto en mi mano derecha y de las siete lámparas de oro, es este: las siete estrellas son los mensajeros de las siete congregaciones, mientras que las siete lámparas son las siete congregaciones. 

 

2 1 Escríbele al mensajero de la congregación de Éfeso: Aquel que tiene el poder sobre las siete estrellas que sostiene en la mano derecha y camina entre las siete lámparas de oro, dice: 2 Conozco tus obras, tu empeño y tu perseverancia. Sé que no toleras a los malvados ni a los que falsamente afirman ser apóstoles y que poniéndolos a prueba, has demostrado que son embusteros. 3 Sé que eres perseverante y que por amor a mi nombre has soportado muchas cosas sin venir a menos, 4 pero tengo que reprocharte el que hayas abandonado aquel amor que tenías al principio. 5 Haz los cambios necesarios para volver a lo de antes, porque si no regresas, vendré a ti y retiraré tu lámpara de su lugar. 6 Sin embargo, tienes a tu favor el que como yo detestas las obras de los Nicolaitas. 7 El que esté despierto que preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu, pues al que venza le daré de comer del árbol de la vida que está en el jardín de Dios.     8 Escríbele al mensajero de la congregación de Esmirna: Esto es lo que dice aquel que comenzó y que concluirá, aquel que murió y que ahora vive. 9 Aunque sé de tu tribulación y de tu pobreza, eres rico. También conozco las calumnias de los que se declaran judíos y son solamente una sinagoga de Satanás. 10 Tu no sientas temor por las cosas que estás a punto de sufrir, porque el Diablo echará en prisión a algunos de los vuestros para poneros a prueba y seréis afligidos durante diez días. Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. 11 El que esté despierto, preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu, porque aquel que venza no será dañado por la segunda muerte. 12 Escríbele al mensajero de la congregación de Pérgamo: Esto es lo que dice el que tiene la afilada espada de doble filo. 13 Sé que en el lugar donde moras está el trono de Satanás, y también sé que defiendes mi nombre y que no has renegado de tu fe en mi, ni siquiera cuando mi fiel testigo Antipas fue muerto allí, en la morada de Satanás. 14 Pero aún así tengo que reprocharte pequeñas cosas, ya que en realidad estás tolerando enseñanzas como la de aquel Balaam que mostró a Balac el modo de hacer tropezar a los hijos de Israel induciéndoles a comer carnes sacrificadas a los ídolos y a cometer fornicación, 15 me refiero a que toleras la enseñanza de los Nicolaitas. 16 Haz pues los cambios necesarios, si no, pronto me llegaré a ti y te combatiré con la espada de mi boca. 17 El que esté despierto, preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu. Al que venza le daré el maná escondido y una piedrecita blanca sobre la que está escrito un nuevo nombre que pertenece exclusivamente al que lo recibe. 18 Escríbele al mensajero de la congregación que está en Tiatira: Esto es lo que dice el Hijo de Dios, el que tiene los ojos ardientes como el fuego y los pies como el bronce incandescente. 19 Conozco tu trabajo, tu amor, tu fe, tu ministerio, tu perseverancia y que el aumento de tu actividad ha sido notable. 20 Pero debo reprocharte el que permitas a Jezabel, aquella mujer que pretende ser profetisa, enseñar y persuadir a mis servidores a que sean infieles y coman carnes sacrificadas a ídolos. 21 He dejado transcurrir un tiempo para que se arrepienta, pero si no quiere abandonar su infidelidad, permitiré que caiga enferma 22 y si aquellos que la siguen en su infidelidad tampoco se arrepienten, derramaré sobre ellos un gran sufrimiento, 23 pero no solo, porque también condenaré a muerte a sus discípulos, para que todas las congregaciones sepan que yo soy aquel que indaga las intenciones ocultas y los íntimos deseos de los hombres, el que recompensará a cada uno de vosotros conforme a sus hechos. 24 Por lo demás, a vosotros los que en Tiatira no profesáis tales enseñanzas y no estáis involucrados en ‘los profundos misterios de Satanás’ como ellos dicen, 25 no os impongo ningún otro peso que el de permanecer aferrados con firmeza a lo que ya tenéis, hasta que yo vuelva. 26 A quien haya vencido y se haya empeñado hasta el final en el encargo que yo le he dado, 27 le entregaré la estrella de la mañana, y compartirá conmigo la autoridad sobre las naciones que he recibido de mi Padre, 28 para gobernarlas con verga de hierro y quebrarlas como vasos de arcilla. 29 El que esté despierto, preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu.

 

3 1 Escríbele al mensajero de la congregación que está en Sardis: Esto es lo que dice aquel que tiene autoridad sobre los siete espíritus de Dios y sobre las siete estrellas. Sé que aún pareces vivo, pero estás casi muerto. 2 Despiértate y a partir de ahora refuerza aquello que está a punto de morir, porque en todo lo que has comenzado, no he podido hallar nada que mi Dios pueda considerar llevado a buen fin. 3 Acuérdate de la responsabilidad que has recibido y haz los cambios necesarios. Permanece vigilante porque llegaré como un ladrón, o sea, no vas a saber cuando me presentaré para ajustar cuentas contigo. 4 Sin embargo, todavía hay en Sardis quienes no han contaminado sus ropas y estos caminaran a mi lado con vestiduras blancas, porque son dignos de ellas. 5 El que venza será ataviado con vestiduras blancas, y yo no borraré su nombre del libro de la vida, es más, lo avalaré ante mi Padre y ante sus ángeles. 6 El que esté despierto, preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu. 7 Escríbele al mensajero de la congregación de Filadelfia: Esto es lo que dice el que es santo y veraz, el que tiene la llave del reino de David y abre sin que ninguno pueda cerrar y cierra sin que ninguno pueda abrir. 8 Conozco tu actividad y he puesto ante ti una puerta abierta que ninguno puede cerrar, pues aunque tienes pocos medios, has observado mi palabra y no has renegado de mi nombre. 9 Por este motivo haré que algunos de los que presumen de judíos sin serlo, salgan de la sinagoga de Satanás y se postren a tus pies reconociendo que te amo. 10 Y puesto que has sabido beneficiarte de mi paciencia, yo te protegeré en la hora del juicio que pronto caerá sobre el mundo y en el que todos los que viven en la tierra serán juzgados. Llegaré lo antes posible y mientras tanto, tu mantén con firmeza lo que has conseguido, para que nadie pueda quitarte tu corona. 12 Al que venza, lo haré para siempre columna en el templo de mi Dios y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, el nombre de la nueva Jerusalén que Dios hace bajar del cielo y su nuevo nombre. 13 El que esté despierto, preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu. 14 Escríbele al mensajero de la congregación que está en Laodicea: Esto es lo que dice el Veraz, el testigo fiel y sincero, el principio de la creación de Dios. 15 Sé bien que no eres ni frío ni caliente en tu actividad 16 ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero eres tibio y por esto te escupiré de mi boca. 17 Tu te dices: ‘Soy rico, vivo en la abundancia y nada necesito’, sin comprender que eres desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18 Para que llegues a ser verdaderamente rico, te aconsejo que me compres oro refinado con fuego, vestiduras blancas para que te vistas con ellas y no tengas que avergonzarte por ser hallado desnudo, y colirio para que puedas recuperar la vista. 19 A todos los que amo, les muestro sus errores y los educo. Esforzaos pues en hacer los cambios que sean necesarios, 20 porque cuando llamo a la puerta, si el que oye mi voz, abre, entro y cenamos juntos. 21 Al que venza lo sentaré sobre mi trono, del mismo modo que yo he vencido y me he sentado sobre el trono con mi Padre. 22 El que esté despierto, preste atención a lo que se hace saber a las congregaciones mediante el espíritu”. 

 

4 1 Seguidamente, vi en el cielo una puerta abierta. La voz que había oído antes, la que era como el son de una trompeta, me dijo: “Sube aquí y te mostraré las cosas que tienen que suceder”, 2 entonces fui transportado inmediatamente en la visión. Ahora, había un trono en el cielo 3 y el que estaba sentado en él podía asemejarse a una piedra preciosa de un color rojo como el del ágata. El trono estaba circundado por un halo de luz verde como la esmeralda y en torno a él, formando un círculo, había veinticuatro tronos en los que se sentaban veinticuatro ancianos, vestidos con vestiduras blancas y coronas de oro sobre la cabeza. 5 Del trono salían relámpagos, voces y truenos, y ardían ante él las llamas de las siete lámparas que representan a los siete espíritus de Dios que están delante del trono. 6 El trono estaba situado en medio de un mar límpido como el cristal y a su alrededor había cuatro seres vivientes que tenían ojos delante y detrás. 7 El primero de los seres vivientes era como un león, el segundo como un toro joven, el tercero tenía el rostro de hombre y el cuarto era como un águila en vuelo. 8 Cada uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas bordeadas de ojos que las recubrían también por el envés, y día y noche repetían sin cesar: “Santo, santo, santo es el SEÑOR el Dios Omnipotente, el que era, el que es, el  que debe venir”. 9 Cada vez que los seres vivientes rendían gloria, honor y gratitud al que se sienta en el trono y vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos, inclinándose ante la presencia del que se sienta en el trono y vive por los siglos de los siglos, le rendían homenaje y depositando su corona delante del trono, declaraban: 11 “Tu, oh SEÑOR, eres digno de la gloria y del poder, porque tu creaste todas las cosas y estas existen y llegaron a existir por voluntad tuya”. 

 

5 1 A la diestra del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 2 Entonces un poderoso ángel preguntó con voz fuerte: “¿Hay alguno que sea digno de quitar los sellos y de abrir este rollo?” 3 Pero no se halló a ninguno que fuese merecedor de abrir el rollo y de examinar su contenido, ni en los cielos, ni sobre la tierra, ni debajo de ella. 4 Me sentí muy apenado, porque no podía encontrarse a ninguno que fuese digno de abrir el rollo y de examinar su contenido, 5 pero uno de los ancianos me dijo: “No te entristezcas. He aquí que el León de la tribu de Judá, el descendiente de David, ha conquistado el derecho de abrir el rollo, con sus siete sellos”. 6 Y en aquel momento, en medio del trono, de los cuatro seres vivientes y de los ancianos, vi a un cordero que a pesar de haber sido sacrificado, estaba derecho y en pié, y tenía siete cuernos y siete ojos que representan los siete espíritus de Dios enviados entre los hombres. 7 Se acercó al rollo que estaba a la derecha del que se sienta en el trono y lo tomó, 8 y en cuanto lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se inclinaron delante suyo. Cada uno de ellos llevaba un arpa y una copa llena de incienso que representa las oraciones de los santos, 9 y entonaron un nuevo canto que decía: “Tu eres digno de recibir el rollo y de abrir los sellos, puesto que fuiste sacrificado y con tu sangre rescataste para Dios a personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación, haciendo de ellos reyes y sacerdotes de nuestro Dios, para que reinen sobre la tierra”. 11 Y mientras contemplaba esto, oí las voces de una gran multitud de ángeles que estaban en derredor del trono, de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos. Eran centenares de millones en número 12 y con voz fuerte declararon: “El Cordero que fue sacrificado es digno de recibir la autoridad, la grandeza, el conocimiento, el poder, el honor, la gloria y la bendición”. 13 Con esto, todas las cosas creadas, tanto en el cielo como sobre la tierra y en el mar, repitieron: “Para aquel que se sienta sobre el trono y para el Cordero, bendición, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos”, 14 entonces los cuatro seres vivientes contestaron: “Así sea” y los veinticuatro ancianos se inclinaron para rendir homenaje.

 

6 1 Yo observaba atentamente mientras el Cordero abría uno de los siete sellos, cuando escuché a uno de los cuatro seres vivientes decir con voz atronadora: “¡Surge!” 2 y mirad, apareció un caballo blanco; a su jinete, que llevaba un arco, se le dio una corona y salió para vencer, o sea, para completar su victoria. 3 Cuando abrió el segundo sello, escuché al segundo de los seres vivientes decir: “¡Surge!” 4 y apareció otro caballo de un color rojo fuego. A su jinete se le entregó una gran espada y el poder de quitar la paz de sobre la tierra de manera que los hombres se matasen unos a otros. 5 Cuando abrió el tercer sello, escuché al tercero de los seres vivientes decir: “¡Surge!” y apareció un caballo de color negro. Su jinete sostenía una balanza en la mano 6 y una voz que salía de entre los cuatro seres vivientes dijo: “Una medida de trigo por un denario y tres medidas de cebada por un denario, pero no dañes ni el aceite de oliva ni el vino”. 7 Cuando abrió el cuarto sello, escuché decir al cuarto de los seres vivientes: “¡Surge!” 8 y apareció un caballo de color glauco. El nombre de su jinete era ‘Muerte’ y de cerca le seguía el Hades. A ellos se les dio autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para dar muerte con la espada, la carestía, la plaga mortal y las bestias feroces de la tierra. 9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar a los que habían sido sacrificados por dar testimonio de la Palabra de Dios, 10 ellos clamaban con voz fuerte diciendo: “¿Hasta cuando, oh Soberano, tu que eres santo y veraz, esperarás para vengar nuestra muerte y castigar a los que viven en la tierra?” 11 Pero se les dio una larga vestidura blanca y se les invitó a descansar un poco más de tiempo, hasta que se completase el número de sus compañeros en el servicio, o sea, el de sus hermanos que como ellos, iban a ser sacrificados. 12 Cuando abrió el sexto sello vi que ocurría una gran catástrofe natural, el sol se oscureció como si estuviese dentro de un saco de crin y la luna se tornó del color de la sangre, 13 mientras las estrellas del cielo caían sobre la tierra, como caen los frutos aún verdes de la higuera sacudida por el vendaval. En aquel momento el cielo fue rasgado y enrollado como una hoja de pergamino, mientras las montañas y las islas eran desalojadas de sus lugares. 15 Los reyes de la tierra, los gobernantes, los jefes militares, los ricos y los poderosos, se escondieron en las cavernas de las montañas junto con todos los demás, esclavos y libres, 16 suplicando a montañas y rocas: “Ocultadnos de la vista del que se sienta sobre el trono y de la ira del Cordero, 17 puesto que ha llegado ya el día de su ira y ¿Quien logrará sobrevivir?” 

 

7 1 Después de esto, en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, vi a cuatro ángeles reteniendo los cuatro vientos de la tierra para que no soplasen ni sobre la tierra, ni sobre el mar ni sobre los árboles, 2 y del oriente vi salir a otro ángel con el sello del Dios vivo. Este les dijo con voz fuerte a los cuatro ángeles que tenían la misión de devastar la tierra y el mar: 3 “No devastéis la tierra, el mar o los árboles, hasta que no hayamos sellado a los servidores de nuestro Dios sobre la frente”. 4 En aquel momento oí el número de los marcados con el sello, ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. 5 Doce mil sellados de la tribu de Judá, doce mil de la tribu de Rubén, doce mil de la tribu de Gad, doce mil de la tribu de Aser, doce mil de la tribu de Neftalí, doce mil de la tribu de Manasés, doce mil de la tribu de Simeón, doce mil de la tribu de Leví, doce mil de la tribu de Isacar, doce mil de la tribu de Zabulón, doce mil de la tribu de José, doce mil de la tribu de Benjamín. 9 Vi a personas tomadas de todas las etnias, tribus, pueblos y lenguas, una multitud grande que no se podía contar, en pie delante del trono y del Cordero, vistiendo largas ropas blancas y con ramas de palma en la mano. 10 En voz alta declararon: “La salvación se la debemos a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero” 11 y todos los ángeles que se encontraban alrededor del trono, de los veinticuatro ancianos y de los cuatro seres vivientes, se inclinaron ante el trono y rindieron homenaje a Dios, 12 diciendo: “La bendición, la gloria, la sabiduría, la gratitud, el honor, el poder y la potencia, son para nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Así sea”. 13 Uno de los ancianos me dirigió la palabra para preguntarme: “Estos que van vestidos con largas vestiduras blancas ¿Quienes son y de donde vienen?” 14 pero yo le respondí: “Tu lo sabes mejor que yo, señor”. Así que me dijo: “Son aquellos que han atravesado la gran tribulación, y han lavado sus ropas, purificándolas en la sangre del Cordero. 15 Por esto están ante el trono de Dios día y noche, prestándole un servicio sagrado dentro de su templo. El que se sienta sobre el trono desplegará sobre ellos su tienda, 16 y ya no tendrán ni hambre ni sed, ni sufrirán el ardor del sol, 17 porque el Cordero que está en medio del trono, los pastoreará y los guiará a los manantiales del agua de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos”. 

 

8 1 Cuando abrió el séptimo sello, vi a siete ángeles en pié ante la presencia de Dios, 2 y mientras se les daban siete trompetas, se hizo silencio en el cielo durante una media hora. 3 Luego, se presentó otro ángel con un incensario de oro y se acercó al altar, donde se le dio una gran cantidad de incienso para que, junto con las oraciones de todos los santos, fuese ofrecido sobre el altar de oro que hay ante el trono. 4 Y el humo del incienso, junto con las oraciones de todos los santos, subió desde las manos del ángel hasta la presencia de Dios. 5 Entonces el ángel tomó fuego del altar para llenar el incensario y lo arrojó sobre la tierra, provocando gritos, truenos, relámpagos y catástrofes naturales. 6 Seguidamente, los siete ángeles que llevaban las siete trompetas se prepararon para hacerlas sonar, 7 y apenas tocó su trompeta el primero, sobre la tierra se desencadenó una tempestad de granizo y fuego mezclado con sangre. Con esto, una tercera parte de la tierra se encendió en llamas, una tercera parte de los árboles ardió y se abrasó toda la vegetación. 8 Cuando el segundo ángel tocó su trompeta, una gran piedra divisoria incandescente fue arrojada al mar, y la tercera parte del mar se transformó en sangre. 9 Con esto, un tercio de las criaturas del mar murieron y un tercio de las naves de carga fue destruido. 10 Cuando el tercer ángel tocó su trompeta, cayó del cielo un gran asteroide que ardía como una antorcha, y golpeó una tercera parte de los ríos y de los manantiales de agua. 11 El nombre del asteroide que cayó sobre un tercio de las aguas es Ajenjo, y las aguas se tornaron amargas, por lo que murieron muchas personas. 12 Cuando el cuarto ángel tocó su trompeta, ocurrió que el sol, la luna y las estrellas se oscurecieron en un tercio, o sea que tanto de día como de noche la luz se redujo en un tercio. 13 Entonces, volando en medio del cielo apareció un águila y pude oír que con voz fuerte anunciaba: “Desdicha, desdicha, desdicha sobre los habitantes de la tierra, causada por los últimos toques de las trompeta que harán sonar los tres ángeles”. 

 

9 1 Cuando el quinto ángel tocó su trompeta, vi que al asteroide que había caído del cielo a la tierra, se le dio la llave de un profundo pozo. 2 Del pozo salió humo a la atmósfera como si fuese un gran horno, oscureciendo el sol, 3 y del humo surgieron nubes de langostas que se dispersaron por la tierra. A estas se les habían dado las características de los escorpiones del campo y el mandato de no dañar a la vegetación del suelo, ni a los arbustos, ni a los árboles, solamente a las personas que no tuviesen sobre sus frentes el sello de Dios, 5 pero no matándolas, sino atormentándolas durante cinco meses con un dolor semejante a la picadura del escorpión. 6 En este tiempo las personas buscarán la muerte y no podrán hallarla; desearán morir y la muerte huirá de ellas. 7 Las langostas parecían unos caballos preparados para la batalla. Sobre sus cabezas llevaban coronas de oro, su rostro se asemejaba al rostro humano, 8 su cabello al de las mujeres, sus dientes, a los de los leones, 9 su pecho era como el hierro y el sonido de sus alas era como el de unos carros tirados por muchos caballos que corren hacia la batalla. 10 En sus colas tenían aguijones como el escorpión, y el poder de atormentar a la humanidad durante cinco meses. 11 Su rey es el ángel del abismo, que en hebreo tiene el nombre de Abadón y en griego el de Apolión. 12 Ya ha pasado la primera calamidad ¡Pero mirad! Llegan las otras dos. 13 Cuando el sexto ángel tocó su trompeta, una voz procedente de los cuernos del altar de oro que está ante Dios, ordenó al sexto ángel portador de trompeta: “Desata a los cuatro ángeles que están sujetos al lado del gran río Eufrates”. 15 Y los cuatro ángeles preparados para aquella hora, día, mes y año, fueron liberados para matar a un tercio de la humanidad. 16 Esto es lo que contemplé en la visión: su ejército era de doscientos millones de jinetes porque oí su número, 17 y tanto los caballos como los jinetes llevaban sobre el pecho unas corazas incandescentes que resplandecían como el jacinto. Los caballos tenían la cabeza de león; de sus bocas salía fuego, humo y exhalaciones sulfúreas 18 y por las tres plagas que salieron de la boca de los caballos, o sea por el fuego, el humo y las exhalaciones sulfúreas, murió la tercera parte de la humanidad. 19 El poder de los caballos estaba en sus bocas y en sus colas, porque sus colas eran como serpientes que con sus cabezas daban tormento. 20 Aún así, los que sobrevivieron a esta catástrofe no se arrepintieron de sus obras, porque no dejaron de adorar a los demonios a través de los ídolos de oro, plata, piedra, o madera, que no pueden ver, ni oír ni caminar, 21 y no se arrepintieron de sus delitos, de sus obras nocivas, de su inmoralidad y de su falta de honradez. 

 

10 1 Luego vi que del cielo bajaba un ángel poderoso envuelto en una nube, sobre su cabeza había un arco iris y su rostro resplandecía como el sol. Sus piernas eran como columnas incandescentes 2 y llevaba en la mano un pequeño rollo de pergamino, abierto. Colocó el pié derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, 3 y mientras hablaba con una voz fuerte como el rugido del león, se oyeron las voces de los siete truenos. 4 Cuando los siete truenos hicieron oír sus voces, yo me dispuse a escribir, pero oí una voz que procedía del cielo y que me dijo: “Mantén secretas las cosas que han dicho los siete truenos, no las escribas”. 5 Y vi al ángel que estaba con un pié sobre el mar y el otro sobre la tierra, alzar la mano derecha hacia el cielo y jurar por aquel que vive por los siglos de los siglos, 6 el Creador del cielo con todo lo que contiene y de la tierra con todo lo que contiene, diciendo: “Ya no habrá más demora, 7 en cuanto el séptimo ángel haga sonar su trompeta, se completará el cumplimiento del secreto sagrado de Dios, tal como les fue anunciado a sus servidores los profetas”. 8 La voz que venía del cielo, la que anteriormente había oído, se dirigió de nuevo a mi, diciéndome: “Ves y toma de la mano del ángel que tiene un pié sobre el mar y el otro sobre la tierra, el pequeño rollo abierto”. 9 De modo que me aproximé al ángel y le pedí que me diese el rollo pequeño. Entonces él me dijo: “Tómalo y cómelo, en el estómago te producirá acidez, pero en tu boca será dulce como la miel”, 10 o sea que tomé el rollo pequeño de la mano del ángel y lo comí, y verdaderamente, en mi boca fue dulce como la miel, pero cuando lo tragué, me produjo acidez en el estómago. 11 Luego me dijo: “Debes volver a profetizar en cuanto a pueblos, naciones y lenguas, y en cuanto a muchos reyes”. 

 

11 1 Entonces se me dio una vara de medir como la de un agrimensor y se me dijo: “Levántate, mide el santuario del templo de Dios, y el altar, y cuenta a los que le prestan servicio sagrado, 2 pero no midas el recinto exterior del templo, déjalo, porque ha sido entregado a las naciones que pisotearán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. 3 Durante mil doscientos sesenta días concederé profetizar a mis dos testigos, vestidos de saco, 4 ellos están ante el Señor de la tierra y son los dos olivos y los dos cauces del aceite del candelabro. 5 Si alguno quiere dañarles, saldrá de su boca un fuego que destruirá a sus enemigos, con esto morirán todos los que quieran hacerles daño. 6 Ellos tienen autoridad sobre la atmósfera, y mientras dure su predicación pueden impedir que llueva; tienen autoridad sobre el agua para transformarla en sangre y autoridad para golpear la tierra con cualquier clase de plaga cuando lo deseen”. 7 Cuando ellos terminaron de dar su testimonio, la bestia salvaje que había subido del abismo, luchó contra ellos, los venció y los condenó a muerte. 8 Sus despojos mortales yacieron en la plaza de la gran ciudad llamada simbólicamente Sodoma y Egipto, donde fue sacrificado su Señor, 9 y todos los que moran en la tierra, pueblos, tribus, lenguas y naciones, los contemplaron durante tres días y medio sin permitir que se les diese sepultura, 10 mientras se regocijaban festejando el suceso y felicitándose unos a otros, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra. 11 Sin embargo, después de tres días y medio, en ellos entró el espíritu de vida que proviene de Dios y se levantaron en pié, atemorizando a todos los presentes en gran manera. 12 Y una poderosa voz procedente del cielo les dijo: “Subid aquí arriba”, de modo que sus enemigos les vieron subir al cielo envueltos en una nube. 13 En aquel momento ocurrió una gran catástrofe natural que destruyó la décima parte de la ciudad y perecieron siete mil personas, mientras que los supervivientes, muy atemorizados, dieron gloria al Dios del cielo. 14 La segunda calamidad ha pasado, e inmediatamente se aproxima la tercera. 15 El séptimo ángel tocó su trompeta y unas voces potentes dijeron desde el cielo: “En este momento el reino del mundo ha llegado a ser el reino de nuestro Soberano y de su Cristo y él reinará por los siglos de los siglos”. 16 Los veinticuatro ancianos que se sientan en sus tronos ante la presencia de Dios, se inclinaron y rindiendo homenaje a Dios, 17 dijeron: “Te damos las gracias SEÑOR, Dios Omnipotente que eres y eras, porque haciendo uso de tu gran poder has establecido tu reino. 18 Las naciones se han enfurecido, pero ha llegado tu ira, y el momento de juzgar a los muertos y de recompensar a tus servidores los profetas, a los santos y a los humildes o poderosos que muestran respeto por tu nombre, y destruir a todos aquellos que destruyen la tierra”. 19 En aquel momento en el cielo se abrió el santísimo del templo de Dios, y dentro de él apareció el arca de su pacto, entonces se produjeron relámpagos, gritos, truenos y una fuerte tempestad de granizo. 

 

12 1 Luego apareció en el cielo una alegoría notable: una mujer envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza, 2 que se hallaba encinta, gimiendo con dolores de parto; 3 súbitamente apareció en el cielo otra alegoría: era un gran dragón rojo como el fuego, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Sobre las cabezas llevaba siete coronas 4 y con la cola arrastró a un tercio de las estrellas del cielo, arrojándolas a la tierra. Entonces el Dragón, con el propósito de devorar al recién nacido, se situó frente a la mujer que iba a dar a luz, 5 pero en el momento en que la mujer dio a luz al hijo varón que tiene que pastorear a todas las naciones con verga de hierro, le fue arrebatado hacia Dios y su trono, mientras la mujer huía al desierto, hacia el lugar preparado por Dios, para que recibiese protección durante mil doscientos sesenta días. 7 En el cielo había estallado una batalla; Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón y aunque el Dragón y sus ángeles lucharon, 8 no pudieron prevalecer y perdieron su lugar en los cielos. 9 Con esto, el gran Dragón, la antigua serpiente, el que es llamado Diablo y Satanás, y está engañando a la humanidad entera, fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Y oí una potente voz procedente del cielo que decía: “Ahora ha llegado el momento de la salvación mediante el poder del reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el calumniador de nuestros hermanos, aquel que los calumniaba día y noche ante nuestro Dios, ha sido arrojado hacia abajo, 11 mientras ellos han superado la prueba gracias a la sangre del Cordero y al testimonio que han dado de él, sin tener en cuenta sus vidas, ni encontrándose ante a la muerte. 12 Por esta razón, alegraos cielos y todos los que habitáis en ellos, en cambio, desdicha para vosotros tierra y mar, puesto que el Diablo ha sido precipitado hacia abajo a vosotros, y está lleno de furor porque sabe que le queda poco tiempo”. 13 Al ser arrojado a la tierra, el Dragón se abalanzó contra la mujer que había parido al hijo varón, 14 pero a la mujer se le dieron las alas del gran águila y voló a su escondite en el desierto, para ocultarse de la vista de la serpiente durante un tiempo, tiempos y mitad de un tiempo. 15 Entonces surgió un río de la boca del Dragón, para ahogar en su corriente a la mujer, 16 pero la tierra vino en ayuda de la mujer y abriendo su boca, engulló el agua del río que había salido de la boca del Dragón. 17 De manera que el Dragón, para vengarse de la mujer, fue a guerrear contra el resto de sus hijos, que son los que observan los mandatos de Dios y dan testimonio de Jesús. 

 

13 1 Luego vi que emergía del mar una bestia salvaje con diez cuernos y siete cabezas. Encima de los cuernos llevaba diez coronas y sobre las cabezas, nombres despreciables. 2 La bestia salvaje se parecía al leopardo, pero sus patas eran como las de un oso y su boca como la de un león. El Dragón le entregó su poder, su trono y una gran autoridad, 3 y como una de sus cabezas había sido herida de muerte y había logrado sobrevivir, toda la humanidad fue maravillada tras la bestia, 4 rindiendo homenaje tanto a la bestia misma como al Dragón que le había dado el poder, porque decían: “¿Quien puede compararse a la bestia salvaje y quien puede oponerse a ella?” 5 Tras esto, se le permitió a la bestia hablar con arrogancia en contra de Dios y ejercer autoridad durante cuarenta y dos meses, 6 de manera que abrió su boca para ofender a Dios, vituperando su nombre y hablando ultrajantemente de su morada y de los que en el cielo habitan, 7 además, se le permitió guerrear contra los santos y vencerlos, y ejercer autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. 8 Todos aquellos habitantes de la tierra que le hayan rendido homenaje, no tienen inscrito su nombre en el rollo de la vida del Cordero, que fue sacrificado para establecer la fundación del mundo. 9 El que sea capaz de comprender, que preste oído: 10 aquel que sea capturado prisionero, ciertamente regresará de su cautiverio y aquel que haya muerto por la espada, regresará de la muerte como primicia. En esto descansa la integridad y la fe de los santos. 11 Luego vi ascender de la tierra a otra bestia que tenía cuernos como los de un carnero y hablaba como un dragón. 12 Esta, para defender la autoridad absoluta de la primera bestia salvaje, la que había sobrevivido a la herida mortal, hizo de modo que la tierra y los que en ella habitan, le rindiesen homenaje 13 y con este fin, llevó a cabo grandes prodigios ante la humanidad, haciendo incluso que cayese fuego del cielo a la tierra. 14 Por medio de estas señales que se le permitió realizar ante la bestia salvaje, consiguió atraer a los habitantes de la tierra hacia el error y les ordenó que eligiesen a un represente de la bestia que había logrado sobrevivir a la herida de muerte. 15 Entonces entregó el poder al representante de la bestia salvaje, para que diese órdenes, hiciese ejecutar a quienes no le rindiesen homenaje 16 y obligase a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, a llevar una contraseña sobre el brazo derecho o sobre la frente. 17 Con esto, cualquiera que no llevaba la contraseña o el número que correspondía a su nombre, no podía ni comprar ni vender. 18 Aquí se ve el conocimiento. El que tenga percepción, descubra lo que el número de la bestia quiere decir, porque es un número humano; su número es el seiscientos sesenta y seis. 

 

14 1 Y vi al Cordero en pié sobre el Monte Sión, estaban con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban escrito sobre sus frentes su propio nombre y el nombre de su Padre. 2 Y oí un coro que procedía del cielo; podía equipararse al fragor de una cascada o al potente rugido del trueno, e iba acompañado por un sonido como el que se produce cuando muchos tañedores hacen sonar sus arpas. 3 Eran los ciento cuarenta y cuatro mil, cantando una canción nueva ante trono, los cuatro seres vivientes y los ancianos. Nadie podía aprender esta canción, solamente los ciento cuarenta y cuatro mil que han sido rescatados de la tierra 4 y siguen al Cordero dondequiera que vaya, pues han sido adquiridos de la humanidad como primicias para Dios y para el Cordero, 5 y su boca no ha proferido mentiras, son irreprensibles. 6 En medio del cielo apareció un ángel que tenía una buena nueva de valor universal para anunciársela a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. 7 Con fuerte voz declaró: “Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Honrad al que ha hecho el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de las aguas”. 8 Otro ángel le seguía con este anuncio: “Ha caído la gran Babilonia, la que ha dado de beber a todas las naciones el vino de su pasión inmoral”, 9 y un tercer ángel que seguía a los dos primeros, dijo con voz fuerte: “Cualquiera que se someta a la bestia salvaje y al que la representa, o que reciba su contraseña sobre la frente o sobre el brazo, 10 también beberá el vino sin diluir de la ira de Dios y sufrirá ante sus santos ángeles y el Cordero, la pena del fuego y azufre. 11 El humo de la pena de aquellos que se someten a la bestia salvaje o a su representante y reciben la contraseña de su nombre, subirá día y noche sin parar por los siglos de los siglos; 12 sin embargo los santos permanecerán firmes, observando los mandatos de Dios y manteniendo la fe en Jesús”. 13 Luego oí una voz que venía del cielo y dijo: “Escribe: Felices son los que a partir de ahora mueren unidos al Señor, dice el espíritu, puesto que descansan de sus obras y las cosas que han practicado van directamente con ellos”. 14 Y apareció una nube blanca, sobre ella estaba uno semejante a un hijo del hombre, y llevaba una corona de oro sobre la cabeza y una hoz en la mano. 15 Del templo salió entonces un ángel, que se dirigió con voz fuerte al que estaba sobre la nube y le ordenó: “Haz servir tu hoz y siega, porque la mies de la tierra ha madurado y el momento de la siega ha llegado”. 16 Y la tierra fue segada por el que se hallaba sobre la nube. 17 Otro ángel que llevaba una afilada hoz, salió del templo que está en el cielo 18 y del altar salió un ángel que tenía autoridad sobre el fuego, y que dirigiéndose al de la hoz afilada, le ordenó con voz fuerte: “Haz servir tu afilada hoz y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas ya han madurado”. 19 Y el ángel vendimió la viña de la tierra con su hoz, echando los racimos en la gran cuba de la ira de Dios; estos se pisaron fuera de la ciudad y la sangre que salió de la cuba llegó hasta al freno de los caballos, en una extensión como de trescientos kilómetros. 

 

15 1 En el cielo apareció otra visión grande y asombrosa, eran los siete ángeles de las siete últimas plagas que finalizan la ira de Dios. 2 Vi un mar límpido como el cristal incandescente y en pie sobre el mar cristalino, a los que habían vencido a la bestia salvaje, a su representante y al número de su nombre. Se les habían dado arpas divinas 3 y cantaban el canto de Moisés, el servidor de Dios, y el canto del Cordero, diciendo: “Grandes y maravillosas son tus obras SEÑOR Dios Omnipotente, justos y veraces son tus caminos ¡Oh Soberano Juez de las naciones! 4 Solo tu eres santo ¿Quien pues no sentirá por ti un temor respetuoso, oh SEÑOR y quien no glorificará tu nombre? Todos vendrán y se inclinarán ante tu presencia, porque ahora se han manifestado tus juicios”. 5 Vi que en el interior del tabernáculo del testimonio en el cielo, se abría el santísimo. 6 De allí salieron los siete ángeles portadores de las siete plagas, vestidos con una túnica de espléndido lino puro y el pecho ceñido con una coraza de oro. 7 Uno de los cuatro seres vivientes, dio a cada uno de los siete ángeles una copa de oro colmada de la ira del Dios que vive por los siglos de los siglos, 8 entonces, a causa de la gloria y del poder de Dios, el santísimo se llenó de humo y con esto, nadie pudo entrar en él hasta que se consumaron las siete plagas de los siete ángeles. 

 

16 1 Y oí salir del santísimo una voz potente, que les decía a los siete ángeles: “Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios”. 2 El primero se acercó y derramó su copa sobre la tierra, con esto todos los que llevaban la contraseña de la bestia salvaje y todos los que rendían homenaje a su representante, fueron golpeados por una plaga repugnante y dolorosa. 3 El segundo se acercó y derramó su copa sobre el mar, con esto, el mar se tornó como sangre putrefacta y toda la vida que había en él pereció. 4 El tercero se acercó y derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales, con esto, los ríos y los manantiales se convirtieron en sangre 5 y oí decir al ángel responsable de las aguas: “Tu que eres y eras, el Santo, has juzgado con rectitud, ellos han derramado la sangre de los santos y de los profetas, así que les has dado de beber sangre, porque esto es lo que se merecen” 7 y una voz que vino desde el altar dijo: “Oh SEÑOR Dios Omnipotente, tus juicios son justos y veraces”. 8 El cuarto se aproximó y derramó su copa sobre el sol, con esto el sol se hizo tan ardiente que atormentaba con su calor a la humanidad, 9 pero aunque la humanidad sufría por el gran calor, no se volvió para glorificar al Dios que tiene poder sobre estas plagas, sino que blasfemó su nombre. 10 El quinto se aproximó y derramó su copa sobre el trono de la bestia salvaje, con esto, su reino cayó en la confusión, mientras la humanidad se mordía la lengua por la angustia que sentía 11 y blasfemaba al Dios del cielo por las plagas y los dolores que la afligían, pero no se volvió de sus obras. 12 El sexto se aproximó y derramó su copa sobre el gran río Eufrates, con esto, el agua se secó para preparar el camino de los reyes que vienen del sol naciente. 13 Y vi salir de la boca del Dragón, de la boca de la bestia salvaje y de la del falso profeta, tres espíritus inmundos semejantes a ranas. 14 Estos son los espíritus de los demonios que realizan portentos y llegan hasta los reyes del mundo entero, para congregarlos a la guerra del gran Día del Dios Omnipotente. 15 Atención, el Señor está preparado para llegar de improviso como un ladrón; bienaventurado pues el que se mantiene despierto y vestido, para no tener que afrontar la vergüenza de comparecer desnudo. 16 Y los espíritus inmundos convocaron a los reyes de la tierra en el lugar llamado en lengua hebraica Armagedón. 17 El séptimo se aproximó y derramó su copa en la atmósfera, con esto, del santísimo en el cielo salió una voz potente que provenía del trono y declaró: “Se ha cumplido”, 18 entonces hubo relámpagos, gritos, truenos y una gran catástrofe natural, una de tal dimensión, que desde que el hombre está sobre la tierra, nunca se había visto nada semejante. 19 La gran ciudad se dividió en tres partes y las ciudades de las naciones se hundieron, porque de hecho, Dios había dirigido su atención hacia la gran Babilonia, para pedirle cuentas y para darle de beber el vino de la copa de su ira. 20 Desapareció toda isla y no fueron hallados los montes, 21 mientras del cielo caían sobre la humanidad granizos de gran tamaño, como de unos cincuenta kilos de peso. Con esto, los hombres blasfemaron a Dios por causa del granizo, puesto que había sido una plaga muy destructiva. 

 

17 1 Uno de los siete ángeles portadores de las siete copas, se acercó y me dijo: “Ven y te mostraré el juicio contra la gran ramera que se sienta sobre muchas aguas, 2 la que ha cometido inmoralidad con los reyes del mundo y ha seducido a los que habitan la tierra”. 3 Me transportó entonces al desierto en una visión, y vi a una mujer que cabalgaba sobre una bestia salvaje de color rojo púrpura, con muchos nombres infamantes, siete cabezas y diez cuernos. 4 La mujer estaba ataviada con un lujoso vestido de color rojo púrpura y adornada con oro, piedras preciosas y perlas. En la mano llevaba una copa de oro llena con las cosas odiosas e impuras de su inmoralidad 5 y en la frente tenía escrito un nombre misterioso: ‘La gran Babilonia, madre de las rameras y de las cosas detestables de la tierra’. 6 Además, la mujer estaba ebria con la sangre de los santos, o sea, la sangre de los testigos de Jesús. 7 Esta visión me produjo un gran asombro, pero el ángel me dijo: “¿Porqué te asombras? Yo te desvelaré la misteriosa visión de la mujer y de la bestia salvaje con siete cabezas y diez cuernos que la lleva: 8 la bestia salvaje que has visto existía y aunque ahora no existe, regresará del abismo para ir a la destrucción. Y cuando aquellos habitantes de la tierra, que no tienen desde la fundación del mundo, su nombre inscrito en el libro de la vida, vean que la bestia que había dejado de existir se presenta, se maravillarán. 9 Hace falta tener discernimiento para llegar a comprender esto. Las siete cabezas simbolizan siete montañas sobre las que la mujer se sienta 10 y representan a siete reyes. Cinco de ellos ya han caído, uno está gobernando y el otro no ha surgido todavía, pero cuando surja permanecerá por poco tiempo. 11 La bestia salvaje que era y no es, representa a un octavo rey que proviene de los siete y llega hasta la destrucción. 12 Y los diez cuernos que viste, también representan a diez reyes que todavía no han recibido un reino, pero que junto a la bestia salvaje, recibirán autoridad real durante una hora. 13 Estos tienen un solo deseo, el de ceder su poder y su autoridad a la bestia salvaje. 14 De modo que combatirán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá porque es el Señor de los señores y el Rey de los reyes, y junto a él, estarán los que han sido llamados, los elegidos y fieles”. 15 Luego el ángel me dijo: “Las aguas que viste junto a las que la ramera se sienta, están representando pueblos, multitudes, naciones y lenguas. 16 Los diez cuernos que has visto y la bestia salvaje, no soportarán por más tiempo a la ramera y la desnudarán, devorarán sus carnes y quemarán lo que quede con fuego. 17 Esto ocurrirá porque Dios ha puesto en sus corazones el realizar su propósito, o sea que para que la palabra de Dios se cumpla, ellos, de común acuerdo desean entregar el poder a la bestia salvaje. 18 En cuanto la mujer que viste, está representando a la gran ciudad que ejerce el poder sobre los reyes de la tierra”. 

 

18 1 Seguidamente apareció otro ángel que descendía desde el cielo revestido de una gran autoridad. Su esplendor iluminó la tierra, 2 y anunció con voz fuerte: “¡La gran Babilonia ha caído! Se ha convertido en morada de demonios, en antro de espíritus inmundos y en refugio de cualquier ave impura. 3 Todas las naciones se embriagaban con el vino de su pasión indecente, mientras los reyes de la tierra cometían acciones inmorales con ella y los mercaderes de la tierra se enriquecían a causa de su lujurioso desenfreno”. 4 Y oí otra voz que venía del cielo y decía: “Salíos de ella oh pueblo mío, para que no seáis cómplices de sus pecados ni participéis de sus plagas, 5 porque sus pecados han llegado hasta el cielo y Dios ha vuelto su atención a la injusticia de sus obras. Pagadle pues con lo mismo que daba ella, pero en cantidad doble. En la misma copa que ella daba de beber, dadle de beber el doble 7 y en la misma medida que se glorificaba a sí misma y vivía lujosamente, dadle tormento y aflicción, pues en su corazón dice: ‘soy reina y no soy viuda ni estaré jamás de duelo’, 8 pero sus plagas le llegarán en un solo día: la muerte, las lágrimas y el hambre, y será completamente consumida por el fuego, porque poderoso es el SEÑOR, el Dios que la ha juzgado”. 9 Cuando los reyes de la tierra que habían cometido inmoralidad y vivido en el lujo con ella, contemplen el humo de su hoguera, llorarán manteniéndose a distancia por temor de participar en su severo castigo, 10 y dirán lamentándose: “Que desdicha, Babilonia la gran ciudad, la ciudad poderosa ¿Como puede su condena haberla alcanzado en un solo día?” 11 Y llorarán por ella los mercaderes de la tierra, pues estarán de duelo porque ninguno les comprará ya sus mercancías: 12 el oro, la plata, las piedras preciosas y las perlas; las refinadas vestiduras de lino y seda de color púrpura y escarlata; las plantas aromáticas, los objetos de marfil, las maderas preciosas, el cobre, el hierro y el mármol; 13 la canela, las especies orientales, los aromas y óleos perfumados y el incienso; el óleo de oliva, la harina, el trigo, el ganado bovino y ovino, los caballos y las carrozas, los esclavos y las vidas humanas 14 “¡No están ya a disposición tuya los productos que codicias! ¡El lujo y el esplendor se han desvanecido para siempre! 15 Los mercaderes que se han enriquecido comerciando contigo se mantendrán lejos de ti, aterrados por tu castigo, y llorando, se lamentarán diciendo: ¡Que desdicha! La colosal riqueza de la gran ciudad vestida de fino lino púrpura y escarlata, adornada de oro, piedras preciosas y perlas, se ha desvanecido en un solo instante”. 17 Todo capitán de nave, todo navegante o marino y todos los que comercian por mar, se mantendrán alejados 18 contemplando el humo de su hoguera, y dirán en voz alta: 19 “¡Que desdicha! La gran ciudad que con su opulencia enriqueció a quienes tenían en el mar naves, ha sido devastada en un solo instante”. 20 Pero ¡Alegraos cielos y vosotros también, santos, apóstoles y profetas, puesto que el juicio de Dios en contra suya, os hace justicia! 21 Un ángel poderoso levantó una gran piedra semejante a una rueda de molino y la arrojó al mar, diciendo: “De esta manera, con un veloz lanzamiento, Babilonia, la gran ciudad, será precipitada y no volverá a ser hallada. 22 En ti no volverán a oírse las melodías de los tañedores de arpa o de los músicos de flauta y trompeta, ni habrá artesano, ni luz de lámpara. 23 Tus mercaderes fueron los poderosos de la tierra, sedujiste a todas las naciones con tus pócimas 24 y dentro de ti fue hallada la sangre de todos los profetas y los santos que fueron muertos en la tierra”. 

 

19 1 Después de esto, oí un cantar que procedía del cielo, había una multitud grande que cantaba: “¡Alabad aL SEÑOR! La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios. 2 Sus juicios son veraces y justos, él ha condenado a la gran ramera que corrompía la tierra con su inmoralidad y ha vengado sobre ella la sangre de sus servidores”. 3 Y continuaron cantando: “¡Alabad al SEÑOR! Porque el humo de su castigo subirá por los siglos de los siglos”. 4 Entonces los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes, inclinándose para rendir homenaje al Dios que se sienta en el trono, dijeron: “Así sea, alabad al SEÑOR”. 5 Y una voz que provenía del trono dijo: “Alabad a nuestro Dios todos vosotros los que le servís, los pequeños y los grandes que le teméis”. 6 Las voces de la gran multitud que oí, parecían ahora el fragor de una cascada o el estruendo de un potente trueno y decían: “Alabad al SEÑOR, porque el SEÑOR nuestro Dios, el Omnipotente, ha comenzado a reinar, 7 por esto, alegrémonos, exultemos y démosle gloria. Ha llegado el momento de la boda del Cordero, su esposa ya está preparada y se le ha concedido ir vestida de espléndido lino puro”, pues el lino puro representa las obras justas de los santos. 9 Y el ángel me dijo: “Escribe: felices los que han sido llamados a la cena de bodas del Cordero” y siguió: “todo lo que te he dicho es verdadero y es palabra de Dios”. 10 En aquel momento me arrodillé a los pies del ángel para rendirle homenaje, pero él me dijo: “¡No hagas eso! Yo soy un servidor como tu y como tus hermanos que tienen la responsabilidad de testificar a Jesús, debes adorar a Dios. Y recuerda que la finalidad de esta profecía es el dar testimonio de Jesús”. 11 Entonces, en el cielo despejado vi un caballo blanco. A su jinete le llaman ‘el Fiel’ y ‘el Veraz’, porque juzga y guerrea con justicia. 12 Sus ojos brillaban como una llama de fuego y sobre la cabeza tenía muchas diademas, llevaba escrito un nombre que era solamente suyo, 13 y su manto estaba rociado de sangre. Su nombre es ‘La Palabra de Dios’, 14 y detrás de él, sobre blancos caballos, cabalgaban los ejércitos celestes vestidos de espléndido lino puro. De su boca salía una espada afilada para golpear a las naciones, porque él las apacentará con un cetro de hierro y pisará la cuba del vino de la indignación y de la ira del Dios Omnipotente. 16 Sobre su manto tenía escrito un nombre: ‘Rey de reyes y Señor de señores’. 17 En el sol apareció un ángel en pie, llamó a todas las aves que volaban en el cielo, diciendo con voz fuerte: “¡Venid! ¡Reuníos para el gran banquete de Dios! 18 Comeréis las carnes de reyes, de comandantes y de poderosos, las carnes de caballos y de jinetes, las carnes de todos, libres o esclavos, pequeños o grandes”. Entonces pude ver que la bestia salvaje y los reyes de la tierra habían reunido a sus huestes para guerrear contra el jinete y contra sus ejércitos. 20 Sin embargo, la bestia salvaje fue apresada y junto con ella, el falso profeta que había efectuado grandes prodigios delante suyo, seduciendo con ellos a los que habían recibido la contraseña de la bestia salvaje y a los que habían rendido homenaje a su representante. Estos dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre, 21 mientras que todos los demás fueron aniquilados por la espada que salía de la boca del que cabalgaba sobre el caballo, y con esto, todas las aves se saciaron con sus carnes. 

 

20 1 Después, vi descender del el cielo a un ángel que llevaba en la mano la llave del abismo y una larga cadena. 2 Este apresó al Dragón, la antigua Serpiente, el llamado Diablo y Satanás, lo encadenó por mil años 3 y lo arrojó al abismo, que cerró y selló sobre él, para que no vuelva a seducir a las naciones hasta que los mil años hayan transcurrido; más tarde será liberado durante un breve período de tiempo. 4 Y vi sentados sobre sus tronos a los que habían recibido el encargo de juzgar; vi a los que fueron decapitados por dar testimonio de Jesús y por causa de la palabra de Dios; a los que no se habían inclinado ante la bestia salvaje o ante su representante y no habían aceptado llevar su contraseña sobre la frente o sobre el brazo. Habían regresado a la vida para reinar con Cristo durante mil años. 5 Esta es la primera resurrección, porque el resto de los muertos no regresa a la vida hasta que hayan transcurrido los mil años 6 ¡Felices y santos son los que obtienen la primera resurrección! Sobre ellos no tiene poder la segunda muerte, ellos serán sacerdotes de Dios y reinarán los mil años junto a Cristo. 7 Cuando los mil años hayan transcurrido, Satanás será liberado de su prisión 8 y partirá para extraviar a Gog y Magog, las naciones de los cuatro ángulos de la tierra, convocándolas a la guerra. Ellos serán numerosos como las arenas del mar 9 e invadirán la tierra, asediando el campamento de los santos, la ciudad amada. Pero entonces Dios enviará fuego desde el cielo y serán destruidos, 10 mientras el Diablo que los extravió será precipitado en el lago de fuego que arde con azufre, donde ya fueron arrojados la bestia salvaje y el falso profeta, y su condena será un ejemplo que se recordará día y noche por los siglos de los siglos. 11 Luego vi un trono grande y esplendoroso. Ante el que se sentaba en él, ya no se halló lugar ni para la tierra ni para el cielo, de modo que desaparecieron. 12 Y en pie delante del trono, vi a los que habían muerto, a los pequeños y a los grandes. Se abrieron los libros que guardaban los recuerdos y también se abrió el libro de la vida, para que los muertos pudieran ser juzgados en base a sus obras, escritas en los libros de recuerdos. 13 Y después de que el mar, la muerte y el hades hubiesen devuelto a los muertos que encerraban, para que fuesen juzgados según sus obras, 14 la muerte y el hades fueron arrojados al lago de fuego que representa la segunda muerte, 15 como lo fueron también todos aquellos que no estaban inscritos en el libro de la vida. 

 

21 1 Tras esto, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el cielo anterior y la tierra anterior habían desaparecido y el mar ya no existía. 2 Y vi como Dios hacía descender del cielo a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, adornada como una novia para su esposo. 3 Entonces oí una voz potente que provenía del cielo y dijo: “La tienda de Dios está con la humanidad y permanecerá con ella porque ellos serán su pueblo, Dios mismo intervendrá en su favor 4 y enjugará toda lágrima de sus ojos, ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado”. 5 Aquel que se sienta en el trono me dijo: “Mira, hago nuevas todas las cosas” y continuó: “Escribe, porque estas palabras son fieles y veraces”, 6 y después añadió: “¡Todo se ha cumplido! Yo soy el alfa y la omega, el principio y el final. Daré de beber gratuitamente el agua de la vida a quien tenga sed. 7 Los que hayan vencido heredarán estas cosas, yo seré su Dios y ellos serán mis hijos. 8 Pero los cobardes, los que no tienen fe, los depravados, los asesinos, los fornicadores, los que practican magia, los idólatras y todos los mentirosos, hallarán su lugar en el lago de fuego que arde con azufre y que significa la segunda muerte”. 9 Uno de los siete ángeles que habían llevado las siete copas de las últimas siete plagas, se acercó a mi y me dijo: “Ven, te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero”, 10 y en una visión me transportó a una montaña grande y alta para mostrarme Jerusalén, 11 la ciudad santa, que Dios hacía descender del cielo iluminada por su gloria y que brillaba como una piedra preciosa de color rojo. 12 Su poderosa y elevada muralla tenía doce puertas y junto a las puertas había doce ángeles. Sobre las puertas estaban escritos los doce nombres de las doce tribus de los hijos de Israel; 13 tres de las puertas miraban hacia oriente, tres hacia el norte, tres hacia el sur y tres hacia occidente. 14 Las murallas de la ciudad tenían doce fundamentos, sobre los que estaban escritos los nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15 El ángel que me hablaba, llevaba una caña de medir de oro, para medir la ciudad con sus puertas y sus muros. 16 La ciudad era cuadrada, de manera que su longitud era la misma que su amplitud; el ángel la midió con la caña y la ciudad medía doce mil estadios, siendo su longitud, su amplitud y su altura, idénticas. 17 Las murallas medían ciento cuarenta y cuatro codos; el ángel empleó medidas terrestres, 18 y mientras que los muros estaban formados por piedras preciosas de color rojo, la ciudad era de un oro purísimo que brillaba como el cristal, 19 y los fundamentos de la muralla de la ciudad se adornaban con toda clase de piedras preciosas. El primer fundamento era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de ágata, el cuarto de esmeralda, el quinto de sardónice, el sexto de sardo, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto y el duodécimo de amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas y cada una de las puertas estaba tallada en una sola perla. La plaza de la ciudad era de un oro purísimo que brillaba como el cristal, 22 pero no vi ningún templo en la ciudad porque el SEÑOR, el Dios Omnipotente, y el Cordero, son su templo. 23 La ciudad no precisa de la luz del sol o de la luna, porque está iluminada por la gloria de Dios, a través de su lámpara que es el Cordero, 24 y con su luz se guiarán las naciones, porque los reyes de la tierra reflejarán su gloria y recibirán de él el poder. 25 Sus puertas nunca estarán cerradas durante el día, aunque no habrá noche, 26 y las naciones reconocerán que la gloria y el poder provienen de ella. 27 No entrará en ella nada que sea impuro, ni nadie que sea detestable o mentiroso, solamente entrarán aquellos que hayan sido registrados en el libro de la vida del Cordero.

 

22 1 Entonces el ángel me mostró un río de agua de vida, límpido como el cristal, que surgía del trono de Dios y del Cordero, 2 discurriendo por el centro de la plaza de la ciudad. A cada uno de los lados del río crecía un árbol de la vida, que daba doce cosechas, o sea, daba su fruto cada mes y sus hojas servían para la curación de las naciones. 3 Ya no habrá nada que esté maldito, porque el trono de Dios y del Cordero estará en medio de la ciudad. Los que sirvan a Dios le rendirán servicio sagrado, 4 contemplarán su rostro y llevaran su nombre escrito sobre la frente. 5 No se hará necesario el encender lámparas porque sobre la ciudad no caerá la noche, el SEÑOR Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos. 6 Tras esto, se me dijo: “Estas palabras son fieles y veraces. El SEÑOR, el Dios que inspira a los profetas, ha enviado a su ángel para mostrar a sus servidores las cosas que se sucederán rápidamente una tras otra. 7 Mirad, llegaré de improviso, por tanto, feliz es quien examina las palabras de la profecía de este libro”. 8 Yo, Juan, oí y vi estas cosas, y después de haberlas oído y visto, me arrodillé a los pies del ángel que me las había mostrado para rendirle homenaje. 9 Pero él me reprendió diciéndome: “¡No hagas esto! Yo soy un servidor como tu, como tus hermanos que son profetas y como aquellos que están observando las palabras de este libro. ¡Rinde homenaje a Dios!” 10 Y siguió diciéndome: “No selles el mensaje profético de este libro, porque el tiempo establecido se ha acercado. 11 Los injustos seguirán practicando la injusticia y los perversos practicarán cosas perversas; pero aquel que sea justo, que siga practicando la justicia y aquel que sea puro, que continúe viviendo en la pureza”, 12 pues “he aquí que llegaré de improviso” dice el SEÑOR, “y retribuiré a cada uno según sus obras. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin”. 14 Felices son los que ponen en práctica sus mandamientos, porque ellos tendrán derecho a su porción en los árboles de la vida y entrarán por las puertas de la gran ciudad, 15 pero los perros, los que practican la magia, los inmorales y todos los que aman y practican la mentira, no podrán entrar. 16 “Yo, Jesús, envié a mi ángel para dar a conocer estas cosas a la congregación, yo, la raíz y la descendencia de David, y la fulgurante estrella de la mañana. 17 El espíritu y la esposa dicen: ‘Ven’ y cualquiera que lo oiga, repita: ‘Ven’, quien que tenga sed, que venga y quien lo desee, beba gratuitamente el agua de la vida. 18 Pero doy aviso a cualquiera que oiga el mensaje de la profecía de este libro, que a quien le añada algo, Dios le hará participe de las plagas que se describen en el libro, 19 y a quien quite cualquier cosa del mensaje de la profecía que hay en él, Dios le excluirá de participar del árbol de la vida y de entrar en la ciudad santa, las cosas que se describen en este libro”. 20 El que certifica estas cosas dice: “¡Llegaré de improviso!” ¡Así sea. Ven señor Jesús! 21 Que el favor del señor Jesús sea con todos vosotros. Así sea.