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Se Nos Revela un Secreto Sagrado

 

1 ¿A quien no le gusta investigar secretos y misterios? Pues bien, de todos los secretos que existen en el mundo, el más grandioso y magnífico es aquel que ha permanecido oculto en las Escrituras durante miles de años y que afecta significativamente nuestra vida presente y futura. Es este un Secreto Sagrado manifestado en las escrituras proféticas y escondido desde tiempos remotos”, (Romanos 16:25) que Yahúh, el “Dios … que revela los misterios”, (Daniel 2:28..29) ha desvelado por medio de su espíritu a los discípulos de Cristo, y está ahora al alcance de todos los que buscan la verdad y ponen fe en su palabra.

 

2 La primera declaración de Dios con respecto a este secreto, la encontramos en el libro del Génesis, cuando tras la desobediencia del hombre, anuncia su intervención en favor de la humanidad, diciendo a “la antigua serpiente, el que es llamado Diablo y Satanás”, (Apocalipsis 12:9) estas misteriosas palabras: “pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu progenie y la suya; él te aplastará la cabeza y tú le herirás en el talón”. (Génesis 3:15)

Con el transcurso del tiempo, Yahúh fue revelando otros aspectos de su designio y del origen de la progenie prometida; dice la Escritura que cuando en obediencia al mandato de Dios, Abraham se mostró dispuesto a ofrecerle a su hijo Isaac, el ángel de Yahúh le llamó desde los cielos, “y le dijo: “Yahúh declara: ‘Juro por mí, que por haber obrado así en este asunto y no haber retenido a tu hijo, tu único, yo te daré mi bendición; te bendeciré multiplicándote, porque aumentaré tu descendencia que será cómo las estrellas de los cielos y cómo la arena de la orilla del mar. Y tu descendencia heredará la puerta de sus enemigos y todas las naciones de la tierra serán bendecidas por medio de tu descendencia porque tú has escuchado mi voz’”. (Génesis 22:15..18)

 

3 Más tarde Jacob, uno de los nietos de Abraham, bendijo a cada uno de sus hijos antes de morir y profetizó con respecto a su hijo Judá: “No se apartará el cetro de Judá ni el cayado de sus pies, hasta que llegue Shiloh, (un nombre que significa ‘aquel a quien pertenece’) entonces la obediencia de los pueblos será para él”. (Génesis 49:10) De este dueño del cetro y caudillo de los pueblos, dice la Escritura: “Juró Yahúh lealtad a David y no se retractará; ‘Estableceré en tu trono al fruto de tu seno”. (Salmo 132:11) Se nos revela una “descendencia” que procede de Abraham y está constituida por un grupo que no puede ser contado a vista lo mismo que “las estrellas de los cielos”, bajo la autoridad de un “Shiloh” entronizado, que procede de la estirpe de David, como lo confirma repetidamente Yahúh con palabras como estas: “Una vez juré por mi santidad ¿Acaso decepcionaré a David? Su descendencia durará para siempre y su trono estará ante mí como el sol; igual que la luna, será un testimonio fidedigno permanentemente establecido en el firmamento”. (Salmo 89:36..37)

 

4 A través de los escritos de Moisés y de los profetas, podemos también percibir la misericordiosa motivación que el designio de Dios encierra. Por ejemplo, las palabras de Job a Yahúh ilustran la triste condición del hombre y su expectativa final, pues él dice: El humano nacido de mujer es escaso en días pero rebosante en sufrimientopasa sin detenerse como una sombra. Además de esto ¡Vigilas y me traes frente a ti para veredicto! ¿Quién proveerá pureza desde lo impuro? ¡Ninguno! ... has hecho pues perecer el cordón (de la vida) para el hombre … Sus hijos alcanzarán gloria, pero él no lo sabrá; menguarán, pero no lo percibirá. Para él solo será el consumirse de su carne, y con él sucumbirá su aliento”. (Job 14:1..4 y 19..22) Y sin embargo, la respuesta que de parte de Dios le da Elihú, desvela que existe para la humanidad una esperanza. Dice: “si hallase un ángel favorable, uno solo entre los miles, que haciendo de mediador, apoyase su justificación, uno que mostrándole compasión, dijese: ‘¡He hallado un rescate para él, redímelo de bajar a la fosa!’ Entonces su carne se tornaría aún más lozana que en su vigor, y volvería a los días de juventud. Suplicaría a Dios, y él le escucharía y le mostraría con alegría su rostro, porque el hombre sería restituido a la rectitud ...” (Job 33: 22..26)

 

5 Más tarde leemos en relación a este mediador en la redención del hombre:He hallado a David mi siervo, le he ungido con mi óleo santo para que mi poder sea establecido por medio de él, así prevalecerá mi brazo … por su poder será mi nombre exaltado … Él me invocará: ¡Tú eres mi Padre, mi Dios y la roca de mi salvación! Y yo le haré primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. En él depositaré mi amor para siempre y en él se verificará mi pacto; estableceré su estirpe a perpetuidad y su trono será como los días de los cielos”. (Salmo 89:21..29) Y el profeta Isaías declara: “… nos ha nacido un niño, se nos ha entregado un hijo; sobre su hombro estará el gobierno, y será llamado con los nombres de Admirable Consejero, Poderoso Divino, Padre de la Perpetuidad, Príncipe de Paz. La grandeza del gobierno y de la paz no se acabará sobre el trono de David y sobre su reino, hasta establecerlo y sostenerlo con equidad y rectitud desde entonces y para siempre”. (Isaías 9:6..7)

El desarrollo y el triunfo de este designio salvador, que no llegó a comprenderse hasta que fue desvelado por medio de la Congregación de Cristo, integra el Secreto Sagrado de Dios.

 

Se desvela el Secreto Sagrado

 

6 En el año 29 de nuestra era, Jesús de Nazaret fue al río Jordán para ser bautizado por su primo Juan y ocurrió que “una vez bautizado, enseguida salió Jesús del agua y he aquí que se le abrieron los cielos y vio al espíritu de Dios bajando como si fuese una paloma que venía sobre él; y una voz que procedía de los cielos dijo: ‘Este es mi hijo amado, el que yo he aprobado”. (Mateo 3:16..17) Por esta razón Mateo comienza su evangelio identificando a Jesús como el Mesías prometido por los profetas, y escribe: “Libro de la generación de Jesús Cristo, hijo de David, hijo de Abraham ” (Mateo 1:1)

Más tarde, tras la resurrección de Jesús, el apóstol Juan que recibió la revelación o apocalipsis por medio de visiones alegóricas, escribe en armonía con las declaraciones de los profetas: “Jesús Cristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el magistrado de los reyes de la tierra”, (Apocalipsis 1:4) y el apóstol Pablo declara “Es en verdad grande y misericordioso el Secreto Sagrado que 1fue manifestado mediante un cuerpo que 2fue declarado justo, 3se manifestó en espíritu a los ángeles, 4fue anunciado a las naciones, 5se dio a conocer al mundo y 6fue ascendido a la gloria”. (1Timoteo 3:16)

 

7 Es necesario indicar con respecto a este versículo, que lo mismo que sucede con otros, algunos de los que sostienen la trinidad de Dios, han oscurecido su sentido al interpolar la palabra “Dios” delante las palabras “fue manifestado mediante un cuerpo”. Por esto, en la Versión Reina Valera, edición de 1904, lo leemos así: “Dios ha sido manifestado en la carne”. Sin embargo, la crítica textual bíblica concuerda en que esta inserción en el texto es un grave error que lleva a confusión y por este motivo, muchas traducciones posteriores, como la de la Biblia de Jerusalén o la Nueva Versión Internacional, correctamente lo traducenFue manifestado mediante un cuerpo”.

 

Fue manifestado mediante un cuerpo

 

8 En el momento de su bautismo, Jesús “fue manifestado” como Hijo de Dios “mediante un cuerpo. Jesús no tenía un padre humano porque Yahúh había transferido la vida de su hijo al seno de María, de manera que no procedía de Adán y no había heredado el pecado. El hecho de que Jesús fuese un hombre libre de pecado y de muerte era necesario para el propósito de Dios, puesto que establecía una base legal para la redención de los hombres. Por este motivo dice Pablo: “Está escrito que el primer Adán fue hecho alma viviente, mientras que el último Adán, un espíritu dador de vida. Así que el espiritual no fue el primero, lo fue el físico y luego el espiritual, porque el primer hombre fue extraído de la tierra y es terrestre, en cambio, el segundo vino del cielo”. (1Corintios 15:45..47) Jesús llegó pues a ser un segundo o “último” Adán, un hombre perfecto y sin padre humano como el primero. Y cuando se presentó para ser bautizado fue aprobado por Dios, convirtiéndose en el mediador de un nuevo pacto o testamento”, sellado mediante “la sangre de aspersión que habla más elocuentemente que la de Abel”. (Hebreos 12:24)

 

9 Este Nuevo Pacto también está relacionado con las personas que por medio de la fe, comparten con él el linaje de Abraham, porque como dice Pablo, “la promesa recibida por Abraham y su descendencia de ser los herederos del mundo, no fue en virtud de la Ley, si no en virtud de la justificación que deriva de la fe”. (Romanos 4:13) “La promesa llega” pues “como consecuencia de la fe y es posible atribuirla generosamente como un don, asegurándola a toda la descendencia, no solamente a la descendencia que viene mediante la Ley, también a la que desciende de Abraham mediante la fe. De esta manera es constituido padre de todos nosotros, como está escrito: ‘Yo te he constituido padre de un gran número de naciones”. (Romanos 4:16) El apóstol Juan que pudo contemplar en una visión a esta descendencia, escribe: “… vi al Cordero en pié sobre el Monte Sión, estaban con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban escrito sobre sus frentes su propio nombre y el nombre de su Padre. Y oí un coro que procedía del cielo … eran los ciento cuarenta y cuatro mil, cantando una canción nueva ante trono ... Nadie podía aprender esta canción, solamente los ciento cuarenta y cuatro mil que han sido rescatados de la tierra y siguen al Cordero dondequiera que vaya, pues han sido adquiridos de la humanidad como primicias para Dios y para el Cordero, y no ha proferido su boca mentiras, son irreprensibles”. (Apocalipsis 14:1..3)

 

10 Pero ¿Que ocurre con el resto de la humanidad? El apóstol Juan que pertenecía “a la congregación de los primogénitos inscrita en los cielos”, (Hebreos 12:23) dice que Jesús “se dio a si mismo en sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, aunque no solamente por los nuestros, también por los de todo el mundo”. (1Juan 2:2) Toda la humanidad se beneficiará de la redención de Cristo, porque como dice el apóstol Pedro, “nosotros estamos esperando unos nuevos cielos y una nueva tierra según su promesa, que alberguen la justicia”. (2Pedro 3:13) Esta nueva tierra que estará bajo el gobierno del Cristo, constituye “la futura tierra habitada de la que hablamos”, (Hebreos 2:5) y Dios mismo promete que “La tienda (o templo) de Dios” estará “con la humanidad … porque ellos serán su pueblo. Dios mismo intervendrá en su favor y enjugará toda lágrima de sus ojos, ya no habrá muerte ni duelo, ni llanto ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado”. (Apocalipsis 21:3..4) Esta vida perpetua en una tierra restaurada donde reine el bienestar que la justicia y la paz proporcionan, fue descrita por los profetas y es el resultado de lo que la redención y el reinado de Cristo traerá a toda la humanidad.

 

Fue declarado justo

 

11 Dice el apóstol Pablo que “cuando llegó el tiempo previamente establecido, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, y bajo la Ley”. (Gálatas 4:4) En obediencia de la Ley, “cuando se cumplieron los ocho días para la circuncisión, se le dio el nombre de Jesús” (Lucas 2:21) Por esta razón, lo mismo que cualquier judío circunciso, Jesús tenia la obligación de cumplir la Ley, como lo confirma Pablo cuando dice: “cualquiera que se haga circuncidar, queda obligado a observar absolutamente toda la Ley”, (Gálatas 5:3) y puesto que “de la justificación que se obtiene mediante la Ley, dice Moisés: ‘el hombre que practique todas estas cosas vivirá gracias a ellas”, (Romanos 10:5) Jesús, habiendo cumplido perfectamente el espíritu y la letra de la Ley, “fue declarado Justo” y obtuvo ante Dios el derecho a una vida perdurable. El primer Adán se había alejado voluntariamente de la justicia y perdió toda posibilidad de una vida permanente para él y para su descendencia, pero el segundo Adán, que por ser directamente hijo de Dios era hermano del primero, entregó voluntariamente la vida perdurable que había obtenido, para redimir la vida de la humanidad.

 

Se manifestó en espíritu a los ángeles

 

12 Con estas palabras, Pablo se refiere a la manifestación de Jesús en la nueva posición alcanzada en los cielos tras ser resucitado por Dios a la vida espiritual. Los ángeles conocían ya su posición original, sin embargo él había abandonado “su posición” para asumir “la condición de un servidor, haciéndose igual a los hombres. Y cuando se encontró en la condición humana, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, una muerte de sacrificio. Por esta razón Dios le ha elevado a una posición superior, y le ha dado un nombre más sobresaliente que cualquier otro, para que ante el nombre de Jesús, todos los que están en los cielos, sobre la tierra o bajo la tierra, doblen la rodilla”. (Filipenses 2:7..10) Al despedirse de sus discípulos, Jesús había declarado: “Me ha sido entregada toda la autoridad en el cielo y en la tierra”; (Mateo 28:18) esta autoridad implicaba la soberanía sobre los ángeles, como lo confirma Pedro con estas palabras: “Él está ahora a la diestra de Dios, después de haber subido al cielo y de haber obtenido la soberanía sobre ángeles, autoridades y potencias”, (1Pedro 3:22) y así, revestido de este gran poder, se presento o “se manifestó en espíritu a los ángeles”.

 

Fue anunciado a las naciones

 

13 Poco antes de su arresto, Jesús había dicho a los apóstoles: “En verdad, en verdad os digo que el que crea en mí, hará también las obras que yo hago y las hará mayores que estas, porque yo voy hacia mi Padre”. (Juan 14:12) Jesús se había presentado ante el pueblo judío como el Mesías enviado; durante su ministerio anunció y desveló los designios de Dios predichos desde la antigüedad por los profetas, y antes de ser ascendido a los cielos, dio a sus discípulos el encargo de continuar su obra, diciendo: “Id y haced discípulos de todas las naciones en el nombre mío". (Mateo 28:19) Esta era una obra inmensa y para ayudarles, en el Pentecostés del año 33 de nuestra era, Jesús derramó espíritu santo sobre sus discípulos, y “Pedro, presentándose con los once, alzó su voz y dijo: ‘Judíos y habitantes todos de Jerusalén, os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras’”, entonces comenzó a proclamar la Buena Nueva, concluyendo así su discurso: “Jesús el Nazoreo, hombre acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que por medio suyo hizo entre vosotros … A este Jesús, le resucitó Dios, cosa de la que todos nosotros somos testigos”. (Hechos 2:14..32)

 

14 De esta manera se inició la predicación apostólica en el pueblo judío. Más tarde, también muchos samaritanos aceptaron la palabra de Dios y recibieron espíritu santo, lo mismo que lo recibieron en el año 36, aquellos gentiles reunidos en casa Cornelio para escuchar a Pedro, que aceptaron la Buena Nueva y el bautismo en el nombre de Jesús. Tal como Lucas informa, “… la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba”; (Hechos 12:24) y se relata en el libro de los ‘Hechos de los Apóstoles’ que aquellos que en el norte de Grecia se les oponían, clamaban: “¡Estos que han trastornado el mundo entero han llegado también hasta aquí!” (Hechos 17:6)

Después de treinta años, Pablo escribió desde Roma a los discípulos colosenses, que la Buena Nueva había ya “sido anunciada a toda la humanidad bajo el cielo”. (Colosenses 1:23) Aquellos discípulos habían obedecido el mandato de Jesús y le habían anunciado a las naciones del mundo de entonces, haciendo posible que la Buena Nueva continuase difundiéndose sobre la Tierra hasta su retorno, pero la gran apostasía de los siglos tercero y cuarto, modificó y desfiguró el “grande y misericordioso … Secreto Sagrado” y el designio de Dios quedó oculto. Se hace pues necesario vindicarlo, esforzándonos como lo hicieron ellos, y desvelándolo sin miedo ante los que quieran escuchar. Recordemos que Jesús advirtió a los suyos: “de aquel que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, se avergonzará también el Hijo del hombre cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. (Marcos 8:38)

 

Se dio a conocer al mundo

 

15 Aquella fiel y activa predicación de los discípulos del primer siglo, dio a conocer al mundoal hijo de Dios enviado en beneficio de la humanidad. Aunque no conocemos los hechos de todos los apóstoles y discípulos, sí sabemos que predicaron en toda el Asia Menor y extendieron su mensaje hacia el Este y hacia el Oeste, llegando a muchas naciones, pueblos y etnias. Por ejemplo, sabemos que Pedro servía en Babilonia y que la Buena Nueva llegó hasta el África oriental a través de aquel prosélito etíope, bautizado por Felipe cuando regresaba a su tierra desde Jerusalén. Y si hoy en día el nombre de Cristo es conocido en todo el mundo, se debe al esfuerzo de aquellos valientes y animosos predicadores de la Buena Nueva.

 

Fue ascendido a la gloria

 

16 Después de haber sido resucitado en el espíritu, Jesús se presentó ante sus discípulos y “les habló acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3) durante 40 días, y después ascendió a los cielos. Dios había escuchado su ruego, cuando “alzando los ojos al cielo”, dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti, pues le has otorgado autoridad sobre todo mortal, para que dé vida eterna a todos los que le has entregado. Y esto es vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que has enviado, Jesús Cristo. Yo te he glorificado en la tierra y he llevado a cabo la obra que me has encargado que hiciese. Y ahora glorifícame tú, Padre, a tu lado, con la gloria que a tu lado tenía antes de que el mundo fuese”. (Juan 17:1..5) ¡Cuánta alegría debía haber en los cielos por el regresó de Jesús y su manifestación a los ángeles! Dice la Escritura que cuando el Creador estableció los fundamentos de la Tierra, “todos los ángeles gritaron de alegría”, (Job 38:7) pero la alegría de recibir triunfante al fiel vindicador de la soberanía de Yahúh, tenía que ser aún mayor. Jesús había abierto a la humanidad el camino de la misericordia de Dios, fijando un modelo para todos los que desde entonces, quisieran alcanzar la vida eterna, y estableciendo una expectativa segura y fidedigna para quienes obedecen su palabra. Como Pablo dice, “esta esperanza es en nuestras vidas, como un ancla segura y firme que penetra más allá de la cortina del santuario, el lugar donde entró Jesús como precursor nuestro”, (Hebreos 6:19) puesto que “mediante la sangre de Jesús, hemos adquirido la libertad de entrar en el Lugar Santo”. (Hebreos 10:19)

 

Conclusión

 

17 El entero Secreto Sagrado está pues construido en torno a Jesús, en torno a su confianza y profundo respeto al orden establecido por Dios, y su obediencia y fidelidad a sus designios. Él, que era el Primogénito de Dios, su portavoz o “Palabra”, el Arquitecto de su creación “por medio de quien fueron hechas todas los cosas”, (1Corintios 8:6) renunció a todo por amor y respeto al propósito de Dios, y “se hizo hombre y habitó entre nosotros, y percibimos su gloria, una gloria cual unigénito del Padre, colmado de favor y veracidad”. (Juan 1:14) Verdaderamente y en armonía con la primera profecía del Génesis, Jesús procedía o descendía de la mujer mencionada en ella, pues hasta que renunció a su vida en los cielos para nacer como hombre, formaba parte de la Jerusalén celeste”, constituida por “la entera asamblea de miríadas de ángeles(Hebreos 12:22) voluntariamente sujetos al Creador, lo mismo que una mujer fiel se sujeta voluntariamente a su esposo.

 

18 Jesús es por tanto el principal de la descendencia de la mujer, aquel que al ser ejecutado por sus compatriotas, fue herido por “la antigua serpiente, el que es llamado Diablo y Satanás y está engañando a la humanidad entera”, (Apocalipsis 12:9) pero triunfó ante Dios, venciendo la contienda suscitada por “el Maligno”, (1Juan 5:19) con respecto al beneficio que la autoridad del Creador representa para sus hijos.

Jesús ha demostrado la veracidad de Dios y su fidelidad para con sus hijos, y “ha expuesto a la vergüenza pública” (Colosenses 2:15) a “los gobiernos, las autoridades y los gobernantes cósmicos de estas tinieblas, o sea … las fuerzas espirituales malvadas que habitan las regiones celestes”, (Efesios 6:12) condenándolos a la eterna destrucción; es decir, a una muerte sin posible retorno, representada por el simbólico “lago de fuego que arde con azufre”. (Apocalipsis 20:10) Y “después de haber cumplido con la purificación de los pecados mediante el sacrificio de expiación, se ha sentado a la diestra de la Majestad divina en el más alto de los cielos, y ha adquirido una naturaleza tan superior a la de los ángeles, cuanto mayor es su responsabilidad en la posición que le ha sido otorgada”. (Hebreos 1:3..4) Porque Dios “ha sometido todas las cosas bajo sus pies”, (Hebreos 2:8) y le ha hecho el “cabeza del cuerpo, o sea, de la Congregación, y el principal y primogénito de los que resucitan de entre los muertos, de manera que en todo ocupa el primer lugar”. (Colosenses 1:18..19)

 

19 En relación a todo esto, el apóstol Pedro escribe a los discípulos: ”… no habéis sido liberados del modo de vida inútil que heredasteis de vuestros padres, por medio de cosas corruptibles como la plata y el oro, si no mediante la preciosa sangre de Cristo, que es como la de un cordero sin defecto ni mácula, predestinado antes de la fundación del mundo y revelado a vosotros en estos últimos tiempos”. (1Pedro 1:18..20)

Cristo es por tanto el cordero de Dios, el novio o el desposado con “la novia”, que como “esposa del Cordero”, (Apocalipsis 21:9) forma con él un solo cuerpo y es también denominada “la ciudad santa, la Nueva Jerusalén”. (Apocalipsis 21:2) Esta Jerusalén nueva está constituida por “la Congregación de los primogénitos, inscrita en los cielos”, (Hebreos 12:22) y es la columna y soporte de la verdad”. (1Timoteo 3:15)

Entonces, “profesemos la verdad con amor” mientras progresamos “en armonía con Cristo, el cabeza a quien todo el cuerpo se une armoniosamente, para recibir la fuerza que le hace crecer y edificarse en el amor, con la ayuda de cada articulación y según la energía propia de cada uno de sus miembros”, (Efesios 4:15..16)

 

20 El apóstol Pablo exclama: “¡Este Secreto Sagrado es grande! Me refiero a Cristo y la Congregación”. (Efesios 5:29..32) Y es que la Congregación de los primogénitos es junto al Nuevo Pacto, una nueva creación de Dios, porque es fruto de la nueva posición alcanzada por su cabeza, que es Cristo. Por esto dice Pablo que “ni la circuncisión ni la incircuncisión son nada”, ya no tienen sentido porque la circuncisión verdadera es la que está en el corazón por medio del espíritu y lo que importa es una nueva creación”. (Gálatas 6:15 y Romanos 2:29)

Con todas estas cosas, “se cumple la Palabra de Dios recogida en el Secreto Sagrado que ha estado escondido durante siglos y generaciones, y que ha sido ahora revelado a sus santos, porque Dios ha querido que ellos comprendan la gloriosa riqueza que hay en este Secreto Sagrado para las naciones: la esperanza gloriosa de pertenecer al Cristo. De hecho, esto es lo que nosotros anunciamos, haciendo razonar a todos los hombres e instruyéndoles con sabiduría, para que nada les falte al ser presentados delante de Cristo”. Participemos también hoy en día en dar a conocer los designios de Dios, sostenidos por “el poder” que nos “transmite su energía”. (Colosenses 1:26..29)