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Moisés: del nacimiento al Sinai

 

1 En el décimo sexto siglo antes de nuestra era se produjeron importantes cambios en el contexto histórico egipcio; el poder socio-político de la naciente decimoséptima dinastía tebana aumentaba en detrimento de la decimosexta dinastía de los grandes hicsos(1), que veía disminuir notablemente su esfera de influencia. El territorio hicso, que en un tiempo llegaba hasta Memphis, se había gradualmente reducido al delta del Nilo, y luego, a la parte occidental del Delta y a la ciudad de Avaris.

A pesar de que en el reinado de Rahotep, el primer faraón de la dinastía XVII, las relaciones comerciales y culturales con el faraón hicso Yaqub-har eran buenas, laestructura geopolítica cambió radicalmente la cuando Sekhemre Heruhirmaat Intef subió al poder, y

en el reinado de su sucesor Senakhtenre Ahmose Tao I, se exteriorizaron las divergencias que condujeron a un choque militar entre su hijo Seqenenre Tao II y el faraón hicso Apofis I.

En aquel tiempo, el delta del Nilo se abría en siete brazos navegables, el Pelusíaco, el Tanítico, el Mendésico, el Bucólico, el Sebenítico, el Bolbitínico y el Canóbico. Los hicsos llegaban al mar Mediterráneo a través de estos canales, y desde allí  extendían su comercio hasta Creta y Byblos, pero con la reducción de su territorio, el brazo Pelusíaco que atravesaba el territorio del Gosen, quedó bajo el control de los tebanos.


 

 

2 Unos 130 años antes de que Tebas asumiese el control del Gosen por concesión de un faraón hicso, los israelitas se habían instalado en la región de Ramsés, un territorio de aproximadamente 2.330 Km2, con campos prósperos y productivos, y canales llenos de peces y de hipopótamos, hoy desaparecidos.

En el libro del Génesis leemos: «José fue a informar al Faraón y dijo: “Mi padre y mis hermanos han llegado desde la tierra de Canaán, con sus ovinos y sus bovinos y con todo lo suyo, y ya están en tierra del Gosen”... José instaló a su padre y a sus hermanos y les entregó una propiedad en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra de Ramsés, tal como el Faraón había ordenado». (Génesis 47:1 y 11)

La parte oriental del delta del Nilo constituía para los tebanos un territorio estratégico, un importante enlace comercial que les vinculaba con el mundo asiático; la zona tenía pues que permanecer vigilada para prevenir cualquier invasión, y este hecho facilitó que paulatinamente, quedase bajo el control de la dinastía XVII. Los tebanos amaban la zona del delta, lugar donde practicaban la caza de hipopótamos, y donde los faraones de las dinastías XVII y XVIII gozaban de una residencia veraniega donde los almacenes de Ramsés, que les permitía huir del calor tórrido de Tebas. Esta residencia fue utilizada hasta el faraón Sethi I de la decimonovena dinastía, antes de que su hijo Ramsés II construyese allí la capital de su reino.

 

3 Tras unos ocho años del gobierno de Nubkheperre Intef, su hijo Sekhemre Heruhirmaat Intef fue nombrado corregente, y fue entonces cuando comenzaron las dificultades del pueblo israelita que habitaba aquel territorio. El libro de Éxodo dice: «Se levantó sobre Egipto un rey nuevo que nada sabía de  José, y dijo a su pueblo: “El pueblo de los hijos de Israel se ha hecho más fuerte que nosotros ¡Atención! Obremos prudentemente con respecto a él o continuará creciendo, y puede suceder que nos declare la guerra, y que uniéndose a nuestros enemigos, combata contra nosotros y se marche del país”. Entonces pusieron sobre ellos capataces, sometiéndoles a trabajar en sus obras, y edificaron para el Faraón ciudades de almacenaje en Pitom y Ramsés», (Éxodo 1:811) y cuando Sekhemre Heruhirmaat Intef habla de sus enemigos, evidentemente se refiere a sus vecinos hicsos.

Años antes, Amram, un sobrino de Levi, había tomado por esposa a Yocabed, hija de Levi, que le dio tres hijos: Miriam, Aarón y Moisés. (Éxodo 6:20, Números 26:59) Miriam fue la primogénita, después vino Aarón, y tres años después de su nacimiento, en el año 1475 a.C., Sekhemre Heruhirmaat Intef promulgó para el pueblo israelita este mandato: «Tenéis que echar al Nilo todos los niños que os nazcan, pero dejad vivir a las hijas». (Éxodo 1:22)

Este mismo año, Yocabed, la mujer de Amram, «concibió y dio a luz un hijo. Viéndolo tan hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses, y cuando ya no podía esconderlo por más tiempo, tomó una cesta de caña de papiro, la calafateó con alquitrán y brea, y poniendo en ella al niño, la colocó entre las cañas junto a la orilla del río, situando a su hermana a cierta distancia para que vigilase lo que le sucedía. Entonces la hija del Faraón descendió a bañarse en el río, y mientras sus doncellas se paseaban junto a la orilla, vio la cesta que estaba entre las cañas y envió a su servidora para que la recogiese. Al abrirla, vio al bebé que lloraba y se apiadó de él porque se dijo: “Este es uno de los niños de los hebreos”. Entonces la hermana dijo a la hija del Faraón: “¿Quieres que vaya a buscar a una nodriza entre las hebreas para que te amamante al niño?” Y ella contestó: “¡Ve!”. La muchacha fue a llamar a la madre del niño y la hija del Faraón le dijo: “Toma a este niño, críalo para mí y te pagaré tu salario”, y la mujer tomó al niño y le amamantó».(Éxodo 2:29)

 

4 Pero ¿Quién era esta hija del faraón?

Senakhtenre Ahmose Tao I, hijo de Sekhemre Heruhirmaat Intef, tuvo con su esposa Tetisheri, tres hijas: Ahotep, Ahmose Inhapy, y Sitdjehuti llamada Satibu. Todas las princesas recibieron título real; Satibu, la más joven, recibió tres; el primero fue el de “Hija del Rey”, más tarde, recibió el de “Hermana del Rey” y después de casarse con su hermano Seqenenre Tao II, también el de “Esposa del Rey”. Pero cuando recogió al niño que estaba en el río, la joven princesa egipcia Satibu era la única conocida con el nombre de “Hija del Rey” o “Hija del Faraón”.

Satibu no tuvo hijos varones de su matrimonio con Seqenenre Tao II, tan solo una hija, la princesa Ahmose, de manera que el único hijo varón que tenía era su hijo adoptivo, al que había llamado Mose o Moisés. No se sabe todo lo concerniente a Moisés durante el período en que vivió como hijo de la princesa, pero a la luz de los hechos históricos, podemos hacernos una idea bastante clara del desarrollo de los acontecimientos que culminaron con su fuga de Egipto. Sabemos que Yocabed le cuidó, «y al crecer el niño, lo llevó a la hija del Faraón. Entonces llegó a ser para ella igual que un hijo y le puso por nombre Moisés (en realidad mose, que significa hijo) pues dijo: “porque yo lo saqué de las aguas”». (Éxodo 2:10) Después de esto, dice la Escritura que «Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, siendo también poderoso en palabras y obras». (Hechos 7:22)

Hay pocos testimonios de las causas que acabaron con la amistad y colaboración entre hicsos y tebanos, dando inicio al resentimiento que culminó en conflicto cuando Seqenenre Tao II subió al poder, aunque sí los hay del deterioro de sus relaciones. Un texto de la dinastía XIX, denominado “Disputa entre Apophis y Seqenenre”, relata que el faraón hicso Apophis I, envió un mensajero al faraón tebano Seqenenre Tao II, que aún le acogió cordialmente; sin embargo el mensajero dijo «El rey Apophis es quien me envía a causa de los hipopótamos que están en torno a tu ciudad, para decir: “Su estruendo esta siempre en mis oídos y no me deja dormir ni de día ni de noche…”» Hay que precisar que la mayor parte de los comentaristas interpretan esta declaración como una provocación por parte de Apophis, porque como dicen, Tebas, sede del reino tebano, está a 600 Km de Avaris. Ahora bien, lo cierto es que en Tebas no había hipopótamos; el historiador griego Herodoto que vivió en el V siglo a.C. escribe acerca de los hipopótamos (Hippopotamus amphibius) y testifica que en Egipto solo los había en el delta del rio Nilo. Esto significa que los había en la zona de Ramsés, donde los tebanos tenían su residencia veraniega y donde se divertían cazando hipopótamos; y puesto que la ciudad hiksa de Avaris solo estaba separada de aquel lugar por el brazo Pelusíaco del río, es lógico que en ella se oyesen los bramidos de los animales.

 

 

 

 5 Seqenenre Tao II dio inicio a un conflicto armado contra los hicsos, llamado “guerra de liberación”, muriendo violentamente en batalla al recibir cinco heridas graves en la cabeza, como muestra su momia. La sucesión del reino pasó a su hermano Kamoses, que contra la opinión de sus consejeros, que preferían mantener buenas relaciones comerciales con los hicsos, continuó la guerra. Después de su repentina muerte, seguramente provocada por alguna herida recibida durante la batalla, transcurrieron algunos años de tranquilidad que se interrumpieron cuando subió al poder de Ahmose I, hijo de Ahhotep, la primera esposa de Seqenenre Tao II, cuando en el onceavo año de su reinado reanudó los combates. Esta expedición militar llevó a la conquista de la ciudad de Avaris, y en su doceavo año, los hicsos fueron expulsados de Egipto.

 

6 Aprovechándose de esta guerra, los nubios, que mantenían una alianza con los soberanos hicsos, se rebelaron, y este es el momento en que vuelve a saberse de Moisés, el hijo adoptivo de Satibu, esposa de Seqenenre Tao II, instruido en toda la sabiduría de los egipcios. Josefo Flavio narra que durante la guerra, Moisés ostentaba el cargo de general, y que en Etiopía tomó por esposa a Tharbis, la hija del rey enemigo Merops, concertando la paz. (Antigüedades Judaicas, libro 2º cap. 10) Este hecho se confirma en el libro de Números, donde leemos: «Miriam y Aarón hablaron contra Moisés por causa de la mujer etíope que había tomado, porque había tomado mujer etíope...» (Números 12:1)

Durante el reinado de Ahmose I, la vida de Moisés cambió repentinamente. Pablo escribe: «Por fe, una vez adulto, Moisés rechazó ser llamado hijo de la hija de Faraón, y más que disfrutar del placer temporal que el permanecer en el error le hubiese proporcionado, eligió ser maltratado con el pueblo de Dios, porque estimaba una riqueza mayor que los tesoros de Egipto, el hecho de ser despreciado como ungido de Dios, y fijaba su mirada en la recompensa. Por fe dejó Egipto sin temer la ira del rey, y se mantuvo perseverante como si pudiese ver a aquel que es invisible». (Hebreos 11:24...27)

Era el año 1535 a.C., cuando Moisés, a la edad de 40 años, quiso liberar a su pueblo por primera vez, pero como él mismo dice más tarde ante Yahúh: «He aquí que los hijos de Israel no me escucharon ¿Por qué iba el Faraón a escucharme…?» (Éxodo 6:12) Estas palabras se referían a cuando huyó de Egipto, pues esto es lo que sucedió: «Pasó el tiempo y Moisés se hizo mayor, entonces salió a ver a sus hermanos, los estuvo observando en su trabajo y vio que un hombre egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos; entonces miró alrededor y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Cuando salió por segunda vez, he aquí que estaban peleando dos hombres hebreos, entonces él dijo al agresor: “¿Por qué pegas a tu compañero?” Pero el hombre respondió: “¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros? ¿Me dirás tal vez que vas a matarme como mataste al egipcio?” Entonces Moisés tuvo miedo porque se dijo: “¡Es evidente que el hecho ha llegado a conocerse!” Cuando el Faraón se enteró de este asunto, buscó a Moisés para ajusticiarle, pero Moisés huyó del Faraón y fue a la tierra de Madián, donde se detuvo junto a un pozo.

El sacerdote de Madián tenía siete hijas que habían ido al pozo para llenar sus recipientes y abrevar a las ovejas de su padre, pero llegaron unos pastores y las echaron de allí. Moisés se levantó, las defendió y abrevó a sus ovejas. Al regresar a su padre Reuel, él les preguntó: “¿Cómo es que os habéis apresurado y habéis vuelto aún de día?” y ellas respondieron: “Un hombre, un egipcio, nos defendió de los pastores y sacando el agua del pozo para nosotras, ha dado de beber a las ovejas”; entonces él les dijo: “¿Dónde está ahora aquel hombre y por qué le habéis dejado así? Llamadle y comerá el pan”. Moisés accedió a permanecer junto a aquel hombre, y él le entregó a su nieta Zípora». (Éxodo 2:1121)

 

 

 

7 ¿Por qué motivo se refugió Moisés en Madián? En realidad los madianitas eran sus parientes lejanos porque descendían de Abraham y de su segunda mujer Ketura, como se dice en el libro de Génesis: «También Abraham había vuelto a tomar mujer y su nombre era Ketura, y ella le dio a luz a Zimrán, a Yocsán, a Medán, a Madián, a Ishbac y a Suaj». (Génesis 25:22)

El madianita Obab, conocido también por el título honorífico de Jetro, que significa “Excelencia”, era hijo de Reuel, pues leemos: «Obab hijo de Reuel, suegro madianita de Moisés…» (Números 10:29) y también: «Moisés pastoreaba las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián…» (Éxodo 3:1) Obab o Jetro era, como cabeza de familia y según la costumbre patriarcal, sacerdote del Dios Omnipotente (שדי‎ לא, El Shaddai). Ni Abraham ni los madianitas conocían el nombre de Yahúh (הוהי), pues estas palabras que le dice a Moisés lo confirman: «Me di a conocer a Abraham, a Isaac y a Jacob como el Dios Omnipotente pero no me di a conocer a ellos con el nombre de Yahúh…» (Éxodo 6:3)

Moisés habitó pues en Madián, sirviendo 40 años como pastor de las ovejas de su suegro. ¿Qué cambio se operó durante aquel tiempo, en el hombre «poderoso en palabras y obras» y valeroso general al servicio del faraón? La Escritura responde a esto cuando dice que aquel «Moisés» se convirtió en «un hombre modesto, el más modesto de todos los hombres sobre la faz de la tierra». (Números 12:3) Por este motivo, cuando Dios le encargó que fuese a hablar al faraón para que dejase salir a su pueblo, él respondió: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?» (Éxodo 3:11) El hombre poderoso en palabras y obras, dijo a Yahúh: ¡Oh mi Señor! Yo soy hombre de pocas palabras; lo era ayer y antes de ayer, y también ahora que has hablado a tu servidor, pues soy de palabra sobria y de habla reposada» (Éxodo 4:10)

La modesta actitud de Moisés hizo de él un hombre amado por Dios y apropiado para el encargo que le había sido otorgado.

 

8 En el año 1495 a.C. el Señor Yahúh envió a Moisés para que hablase ante el faraón de Egipto. Ahora surge esta pregunta ¿Quién era entonces el faraón?

Para identificarlo se necesita una fecha absoluta que relacione nuestro calendario con el tiempo de los faraones de las dinastías XVII y XVIII, así como los datos documentados de los años del reinado de cada uno de ellos. Partiendo de la interpretación realizada por algunos egiptólogos, mediante el acontecimiento astronómico del surgir helíaco de Sirio, que se registra en el reverso de la primera página del papiro de Ebers, procedente de la dinastía XVIII es posible establecer una fecha absoluta en relación a la cronología egipcia. Este papiro hace referencia al día 9 del mes 3º de Shemu, del noveno año del reinado de Djeserkare (Amenhotep I). Esta observación del surgir helíaco, referente a Waset/Tebas por ser Amenhotep I un faraón tebano, permite datar el evento astronómico en el año 1517 a.C., y también la coronación del faraón, 9 años antes, o sea, en el año 1526 antes de nuestra Era.

En las siguientes listas se muestra la traducción del reverso de la primera página del papiro.

 

 

 

 

9 ¿Por qué motivo sostenemos que Amenhotep I subió al trono en el año 1526, cuando algunos egiptólogos afirman que fue en el año 1536?

Nuestro cálculo se basa en el opúsculo del escritor romano Censorino (Censorinus): De Die Natali. Liber ad Q. Caerellium, del año 238 d.C. donde se informa que en los días del cónsul Antonino Pio, el año egipcio correspondiente al 139 de nuestra Era, comenzó en el primer día del mes de Thot, que coincidió con el “ante diem XIII kal. Aug.”,o sea, con el 19 de julio del calendario Juliano (De Die natali Liber ad Q. Caerellium XXI, 10).

 

 

Así,  y una vez establecido que el lugar de la observación astronómica que se registra en el papiro Ebers, fue el de Waset/Tebas, la pregunta siguiente sería: ¿Cuál era el lugar de la observación mencionada por Censorino? Ciertamente no era Memphis ni Waset/Tebas, sino desde el observatorio astronómico de la Biblioteca de Alejandría que Ptolomeo I Sóter (367 a. C. - 283 a. C.) hizo construir en el año 290 a.C. Un observatorio que a pesar del primer incendio de la biblioteca, permaneció en función durante muchos años y que fue utilizado por la hija del filósofo Teón de Alejandría llamada Hipatia, que era matemática, astrónoma y filósofa, hasta el 415 d.C., año en que fue asesinada por orden del obispo católico Cirilo.

La información recabada nos permite retrodatar el surgir helíaco que se registra en el papiro de Ebers, de la siguiente manera:

 

 

Y si Amenhotep I subió al poder en el año 1526 a.C., el faraón del éxodo israelita tenía sin duda que ser Tutmosis I, como se muestra en esta tabla:

 

 

 

Tutmosis I no era de estirpe real, su madre, Seniseneb, se menciona con el único apelativo de “Madre del Rey”. El modo en que Tutmosis I llegó al trono en 1506 a.C. no está muy claro, pero su legitimación para reinar le fue atribuida debido a su matrimonio con Iahmes, identificada como “Hermana del Rey”, por tanto de estirpe real, que le dio dos hijos varones, Amenmose y Wadjmose, y una hija llamada Hatshepsut. Además tuvo también un tercer hijo varón, un hijo de la esposa secundaria Munofret, que reino como Tutmosis II.

Los primeros dos hijos de la esposa real, tuvieron por preceptor al padre del futuro alcalde de El-Kab, Paheri. Su primogénito Amenmose, fue educado y preparado para la sucesión, mientras que su hermano Wadjmose fue destinado a la carrera sacerdotal; queda de él una capilla en Waset/Tebas. Sin embargo, los dos hijos varones de Iahmes murieron antes que su padre, y él nombró entonces heredera del trono a su hija Hatshepsut.

 

10 Ahora preguntémonos ¿Dónde se encontraba Moisés con el faraón? Ciertamente no en Tebas, que está a 600 Km del Gosen, sino en Ramsés, situado en la región de la llanura de Tanis (Tsoan), donde los faraones tebanos tenían su residencia favorita. En el libro de los Salmos, versículos 12 y 43, encontramos estas palabras que se refieren a las poderosas obras de Dios en favor de su pueblo:

נֶגֶד אֲבֹותָם עָשָׂה פֶלֶא בְּאֶרֶץ מִצְרַיִם שְׂדֵה־צֹעַן׃

אֲשֶׁר־שָׂם בְּמִצְרַיִם אֹתֹותָיו וּמֹופְתָיו בִּשְׂדֵה־צֹעַן׃

«Ante sus antepasados hizo cosas portentosas en la tierra de Egipto, en el campo de Tanis»

«envió sobre Egipto sus señales y portentos en el campo de Tanis» (Salmo 78:12 y 43)

 

 

 

11 Cuando el Señor Yahúh envió a Moisés y a su hermano Aarón a Egipto, les advirtió también de las dificultades que encontrarían, diciendo: «el Faraón no os escuchará. Entonces pondré mi mano contra Egipto y sacaré de Egipto a mis gentes, a mi pueblo los hijos de Israel, tras grandes penalidades. Y los egipcios sabrán que yo soy Yahúh, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de entre ellos». (Éxodo 7:4...5) ¿Por qué dice Dios: «los egipcios sabrán que yo soy Yahúh»?

La teología egipcia consistía en un complejo sistema politeísta, formado por 1.500 divinidades ligadas entre sí mediante una tupida red de interrelaciones. Había divinidades para cualquier aspecto de la naturaleza y de la vida; su culto estaba esencialmente basado en rituales de magia, ya que la religión y la magia estaban fuertemente vinculadas entre sí. Se hacía pues necesario demostrar que los dioses de los egipcios eran una quimera, solamente una ilusoria creación humana que nada podían contra el Dios verdadero, el Dios que «le dijo a Moisés: “Soy aquel que es».  (Éxodo 3:14) Por esto, Dios dice: «estableceré mi sentencia sobre todos los dioses de Egipto. Yo soy Yahúh», (Éxodo 12:12) es decir: demostraré la inutilidad de sus dioses, pues yo soy el único que es.

En obediencia al mandato divino, «Moisés y Aarón fueron a decir al Faraón: “Esto es lo que dice Yahúh, el Dios de Israel: “Haz salir a mi pueblo y me celebrarán en el páramo”, pero contestó el Faraón: “¿Quién es Yahúh para que tenga yo que obedecer su mandato y hacer salir a Israel? ¡No conozco a Yahúh y tampoco dejaré salir a Israel!”» (Éxodo 5:1...2)

 

12 A partir de entonces y por medio de las plagas que sufrió Egipto, se aplicó la sentencia que humilló a sus principales dioses, demostrando su nulidad frente al poder de Yahúh.

La primera plaga fue la transformación en sangre del agua del Nilo y de todas las aguas de Egipto, que demostró la impotencia del dios del rio Nilo Hapi para purificarse a sí mismo. (Éxodo 7:1921)

La segunda plaga fue la de las ranas, para los egipcios símbolo de fertilidad y resurrección, y humilló a la diosa rana Heket, cuando los egipcios tuvieron que deshacerse de millones de ranas putrefactas. (Éxodo 8:514)

La tercera plaga demostró la derrota de los sacerdotes que practicaban la magia, pues con sus artes mágicas no pudieron imitarla convirtiendo el polvo en mosquitos. (Éxodo 8:1619) El dios Heka, deificación de la magia, tampoco pudo proveer a los sacerdotes que la practicaban, la posibilidad de resolver esta plaga.

La cuarta plaga humilló a Anubis, el protector de la momificación y los muertos, supuesto controlador de las moscas. (Éxodo 8:2324)

La quinta plaga fue la peste del ganado, y humilló a la diosa becerra Hathor, al dios toro Api y a la diosa Nut, representada como una vaca con las estrellas fijadas sobre su seno. (Éxodo 9:16)

La sexta plaga fue la de las úlceras pustulosas sobre personas y animales, humillando al dios Thoth, considerado poseedor del poder de curación mediante la magia. (Éxodo 9:811)

La séptima plaga fue la del granizo que cayó sobre las personas, los animales y la vegetación, humillando a las divinidades controladoras de los elemento de la naturaleza, como por ejemplo Reshpu, considerado el controlador de los rayos, y Thoth, que se suponía con poder sobre la lluvia y el trueno. (Éxodo 9:2226)

La octava plaga fue la de la langosta, y humilló a los dioses considerados proveedores de abundantes cosechas, como el dios Min de la fertilidad, que era considerado el protector de los sembrados. (Éxodo 10:12...15)

La novena plaga fue la de las tinieblas, que humilló a las deidades solares, como Ra y Horus, y también Thoth, que era considerado el controlador del sol, la luna y las estrellas. (Éxodo 10:2123)

La décima plaga provocó la muerte de todos los primogénitos y esta fue la mayor humillación para los que eran considerados dioses y diosas de Egipto. (Éxodo 12:12) Los faraones eran considerados dioses, hijos de uno de estos divinos: Ra, Amón Ra, Iah o Thoth, por esto la muerte del primogénito del faraón fue considerada por los egipcios, como la muerte de un dios.

 

13 ¿Quién fue entonces el primogénito del faraón? Fue Amenmoses, que murió aquella noche. Se ha encontrado un cartucho con su nombre, cosa que acredita que era el príncipe heredero. Además, sobre la estela de Tutmosis I, datada en el cuarto año de su reinado, aparece Amenmoses como príncipe heredero, cazando en el desierto cerca de Memphis, junto a la Gran Esfinge. Amenmoses era el primer príncipe egipcio que había recibido el título militar de “Gran Vigilante de los Soldados”, título de general reservado al faraón y a su heredero.

La muerte de todos los primogénitos desacreditó a los dioses de Egipto, como s dice en el libro de Números, donde leemos que mientras los Israelitas salían de Egipto, «los egipcios enterraban a todos los primogénitos heridos por Yahúh, sentenciando así a sus dioses». (Números 33:4)

 

14 Estos acontecimientos se iniciaron hacia la primavera del año 1495 a.C. y culminaron con la décima plaga, en el día 14º del mes de Abib, día del plenilunio en el que por mandato divino, fue celebrada la primera Pascua.

La Escritura dice: «En la tierra de Egipto Yahúh habló a Moisés y a Aarón para decir: “Este mes será para vosotros el principal de los meses, el primero de los meses del año. Hablad a toda la comunidad de Israel para declararles: “En el décimo día de este mes, todo padre de familia se provea de un cordero… El cordero será un macho de un año que no tenga defectos, y lo tomaréis de entre las ovejas o de entre las cabras. Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, entonces toda la congregación de Israel lo sacrificará entre las dos tardes, recogerán la sangre y la frotarán sobre los dos postes y el dintel de todas las casas en donde se vaya a comer. Aquella noche comeréis la carne asada en el fuego y los panes ácimos con hierbas amargas… Lo comeréis de este modo: con vuestra cintura ceñida, vuestros pies calzados y vuestro cayado en mano, y lo comeréis apresuradamente, es el Pesaj de Yahúh; en aquella noche pasaré por la tierra de Egipto y golpearé a todos los primogénitos que hay en ella, los de los hombres y los de las bestias, ejecutando la sentencia de todos los dioses de Egipto. Yo soy Yahúh… Este día será un memorial para vosotros y lo celebraréis como una fiesta de Yahúh durante todas vuestras generaciones. Lo celebraréis por decreto perpetuo”». (Éxodo 12:114)

 

15 Cuando los Israelitas acabaron de celebrar la Pascua, «sucedió en medio de la noche que Yahúh golpeó a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sentaba en su trono al primogénito del preso detenido en la cárcel, y a todo primogénito de las bestias. El Faraón se levantó durante la noche, él y todos sus servidores y todo Egipto ¡El lamento de Egipto fue grandísimo! Egipto quedó afligido por un gran dolor porque no había casa donde no hubiese algún muerto». (Éxodo 12:2930) Entonces, el faraón «hizo llamar a Moisés y a Aarón en la noche, y dijo: “Levantaos y salid de entre mi pueblo, vosotros y todos los hijos de Israel. Id a celebrar a vuestro Dios según pedíais ¡Llevaos también vuestras ovejas y vuestras cabras como dijisteis y marchaos! Y bendecidme también a mí”. Egipto apremiaba al pueblo a salir cuanto antes de su tierra, porque se decían: “Todos nosotros moriremos”. Y el pueblo recogió la masa antes de que leudase y sobre los hombros cargaron sus fardos envueltos en lienzos. Los hijos de Israel hicieron lo que Moisés les dijo; pidieron a los egipcios objetos de plata, objetos de oro y vestiduras, y los egipcios se los cedieron desprendiéndose de ellos, porque Yahúh había concedido al pueblo el favor de Egipto. Los hijos de Israel que partieron desde Ramsés a Sukot eran unos seiscientos mil hombres de a pie, aparte de los niños, y con ellos iba una cuantiosa multitud de diversa procedencia, y rebaños y recuas de ganado en gran número». (Éxodo 12:3138)

 

16 ¿Durante cuánto tiempo permanecieron los Israelitas en Egipto? Este es un punto que debe ser dilucidado mediante la Escritura, puesto que existen varias interpretaciones. Hay quienes afirman que su permanencia en Egipto fue de cuatrocientos treinta años, basándose en las siguientes palabras: «Los hijos de Israel habitaron en la tierra de Egipto durante cuatrocientos treinta años, y al final del año cuatrocientos treinta, todas las gentes de Yahúh salieron de la tierra de Egipto en un mismo día». (Éxodo 12:4041) Otros dicen que fue de cuatrocientos años, basándose en estos versículos: «Entonces él le dijo a Abram: “Has de saber que por cuatrocientos años tu descendencia residirá en una tierra que no es suya y se servirán de ellos y serán maltratados, pero yo juzgaré también a la nación que sirvan y tras esto, saldrán llevando consigo grandes riquezas... a la cuarta generación regresarán aquí, pues el amorita aún no ha desarrollado totalmente su maldad”». (Génesis 15:1316) ¿Cuántos fueron realmente los años que los israelitas permanecieron en Egipto?

 

17 En primer lugar tenemos que comprender el sentido de estas palabras: «Los hijos de Israel habitaron en la tierra de Egipto durante cuatrocientos treinta años», y el apóstol Pablo nos lo muestra cuando escribe: «Pues bien, la promesa se le hizo a Abraham y a su progenie… Por tanto yo digo, un testamento precedentemente establecido por el mismo Dios, no puede ser declarado nulo por una ley que llegó cuatrocientos treinta años más tarde, anulando así la promesa». (Gálatas 3:1617) Y ¿Cuándo recibió Abraham la promesa? Leemos: «Yahúh dijo entonces a Abram: “Márchate de tu tierra, de tus parientes y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré, entonces haré de ti una nación grande; te bendeciré y engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendicen y maldeciré a los que te maldicen, y por medio de ti, todas las naciones de la tierra serán bendecidas”. Abram salió de allí como Yahúh le había dicho, y Lot fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán». (Génesis 12:14)

 

18 Aquí surge otra pregunta; se dice que  los hijos de Israel «habitaron en la tierra de Egipto durante cuatrocientos treinta años», no dice en Canaán ¿Cómo se explica esto? Es importante comprender lo que la Escritura quiere precisar con las palabras “tierra de Egipto”. El término Egipto que comparece en las diversas versiones de la Biblia, es en realidad la traducción del termino hebreo “Mitsrayim (מצרים). En las cartas de Tell El-Amarna, escritas en la primera mitad del 2º milenio a.C. se denomina Mitsri al país de Egipto, nombre similar a Mitsr, que es el árabe actual. Dirigiéndonos al libro del Génesis, descubrimos que «Los hijos de Cam fueron: Cush, Mitsrayim, Put y Canaán… Mitsrayim generó a Ludim, a Anamim, a Lehabim, a Naftuhim, a Patrusim y a Casluhim, que dio origen a los filisteos y a los caftorim». (Génesis 10:6,1314) Así pues, el libro del Génesis clasifica a los filisteos como descendientes de Mitsrayim a través de Casluhim, considerándolos mitsrayim o egipcios. En realidad, todo indica que Egipto ejercitaba su hegemonía sobre los territorios lindantes, que Abraham y su descendencia recorrían, habitando como extranjeros.

 

 

Pablo escribe: «Por fe, Abraham obedeció al ser llamado, partiendo hacia un lugar destinado a recibir como heredad, y partió a pesar no de saber a dónde se dirigía. Por fe moró como extranjero en el país de la promesa, habitando en tiendas con Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa» (Hebreos 11:89)

Como se muestra en esta tabla, desde que Abram salió de Harán con 75 años, hasta que Jacob entró en el país de Egipto, transcurrieron los primeros doscientos quince años.

 

 

 

19 ¿De qué modo pueden calcularse los otros doscientos quince años?

Sustrayendo los doscientos quince años al total de cuatrocientos treinta, hallaremos los años que los hijos de Israel habitaron el territorio del Gosen en el delta del Nilo. Por otra parte, a Abram se le dice proféticamente en cuanto al destino de sus descendientes: «a la cuarta generación ellos regresarán aquí, puesto que el amorita todavía no ha desarrollado plenamente su maldad». (Génesis 15:16) Esta declaración excluye el hecho de que los israelitas permaneciesen en el Gosen por cuatrocientos treinta años, ya que este tiempo abarcaría más de cuatro generaciones. Unas palabras en el libro de Números, que se refieren a los padres de Moisés, confirman este hecho; leemos: «El nombre de la mujer de Amram era Yocabed, una hija de Leví nacida en Egipto, y ella dio a luz para Amram, a Aarón, a Moisés y a su hermana Miriam». (Números 26:59) Esto excluye por sí mismo el hecho de que pasasen más de doscientos quince años.

El éxodo israelita ocurrió cuando Moisés tenía ochenta años, y si quitamos los ochenta a los doscientos quince, quedan los ciento treinta y cinco años que transcurrieron desde la entrada de Leví en Egipto, hasta el nacimiento de su nieto Moisés. Este hecho también es confirmado por el historiador Josefo Flavio, en sus crónicas de las Antigüedades Judaicas, donde en el 2º libro, capítulo 14, párrafo 2, dice refiriéndose al éxodo: «Abandonaron Egipto en el mes de Xanthicus, en la quinceava luna, cuatrocientos treinta años después de que nuestro progenitor Abraham entrase en Canaán y a doscientos quince años de la inmigración de José en Egipto». (Xanthicus = Abib o Nisan)

 

20 Ahora bien, estas palabras de Yahúh a Abram: «Has de saber que por cuatrocientos años tu descendencia residirá en una tierra que no es suya y se servirán de ellos y serán maltratados», (Génesis 15:1316) ¿Están tal vez en contraste con lo analizado hasta ahora? Absolutamente no, pues no se refieren al mismo período. Esta profecía se refiere a dos sucesos en particular, el primero es: tu descendencia residirá en una tierra que no es suya, y el segundo es: serán maltratados. El primero de la descendencia de Abram fue Isaac, que residió junto a su padre en un país extranjero, siendo también el primero en ser maltratado, ¿Cuándo?

Leemos: «El niño fue creciendo y fue destetado, y cuando llegó el día de su destete, Abraham celebró para Isaac una gran fiesta, pero Sara vio que aquel hijo que la egipcia Hagar había dado a Abraham, hacía escarnio de él». (Génesis 21:8...9) Los cuatrocientos años del maltrato de sus descendientes comenzaron con las burlas de Ismael al cumplir Isaac 5 años. También el apóstol Pablo lo entiende así cuando escribe: «Ahora, hermanos, igual que Isaac, nosotros somos hijos de la promesa, y lo mismo que entonces aquel que había nacido por voluntad humana, perseguía al que había nacido según el espíritu, sucede también hoy». (Gálatas 4:29)

¿Cómo se calculan estos cuatrocientos años? Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán y cien años cuando nació su hijo Isaac, (Génesis 12:4, 21:5) por esto, desde que  Abram salió de Harán hasta que Isaac cumplió 5 años y comenzó su persecución, transcurrió un período de treinta años (100 – 75 + 5 = 30), y quitando estos treinta años a los cuatrocientos treinta de la anterior profecía, vemos la aplicación de los cuatrocientos años de la segunda.

 

21 ¿Cuántos fueron los Israelitas que salieron de Egipto? No existe un censo completo del pueblo que en aquel día abandonó el país, pero sabemos cuántos eran los hombres, pues «Los hijos de Israel que partieron desde Ramsés hacia Sukot eran unos seiscientos mil hombres de a pie, aparte de los niños». (Éxodo 12:37)

Ahora bien, la familia de Jacob que entró en Egipto, era de setenta personas. Leemos: «Y salió Jacob de Beér-Sheba. Los hijos de Israel llevaron a su padre Jacob, a sus niños y a sus mujeres, en los carros que el Faraón les había enviado para su traslado, y tomando sus rebaños y las posesiones adquiridas en tierra de Canaán, Jacob se dirigió a Egipto con toda su descendencia». (Génesis 46:5) Del versículo 8 al 27, se nombran a todos los hijos o descendientes varones, y a dos mujeres: Dina, la hija de Lea, y Seraj, hija de Asher; un total de sesenta y seis personas, como leemos en el versículo 26: «Todas las personas que fueron a Egipto con Jacob eran descendientes suyos. Sin contar a las mujeres de sus descendientes, hacían un total de sesenta y seis personas». Y si se añaden a estos sesenta y seis descendientes, Jacob, José y sus dos hijos, los israelitas que se establecieron en Egipto fueron setenta, como leemos en el versículo 27: «y los hijos que le nacieron a José en Egipto eran dos. El total de las personas de la casa de Jacob establecidas en Egipto, era de setenta».

¿Cómo pues era posible que después de solamente doscientos quince años, los israelitas fuesen seiscientos mil hombres adultos, sin contar a los ancianos, a las mujeres y a los niños?

Probemos hacer un cálculo: Si de las setenta personas, quitamos a Dina, a Seraj, y a Jacob con sus doce hijos, tendremos (70 – 15) = 55 hombres. Calculemos ahora que la mitad de estos son ya ancianos; quedarían (55 : 2) = 27 hombres. Supongamos que el período de vida transcurrido entre los 20 y los 40 años, cada cabeza de familia haya tenido un promedio de diez descendientes, 5 hijos y 5 hijas; recordemos que la poligamia estaba en vigor, consintiendo que un hombre tuviese más de una mujer. Y si además calculamos que cada cuarenta años, el número de hombres fallecidos es del 5%, el resultado puede verse en esta tabla:

 

 

22 ¿Cuál fue el camino que los Israelitas siguieron al salir de Egipto? «Los hijos de Israel partieron desde Ramsés hacia Sukot... Cuando el Faraón expulsó al pueblo, Dios no les condujo por la ruta del país de los filisteos (Canaán) a pesar de que era la más corta, porque dijo: “No sea que el pueblo se arrepienta al verse agredido y retornen a Egipto”, y Dios los desvió por el camino del páramo del Mar Rojo... Partieron de Sukot y acamparon en Etam, al borde del páramo, y Yahúh iba delante de ellos mostrándoles el camino, de día con una columna de nubes y de noche con una columna de fuego que les proporcionaba luz para viajar de día y de noche... Entonces habló Yahúh a Moisés y dijo: “Di a los hijos de Israel que se retirarán hacia Pi-hajirot y acamparán entre Migdol y el mar delante de Baal-Sefón, y acamparéis enfrente, junto al mar. Entonces el Faraón dirá de los hijos de Israel: “Se han perdido, los ha tragado el páramo”. Los perseguirá y permitiré que su corazón se endurezca, y yo seré glorificado ante el Faraón y ante todo su ejército, y Egipto sabrá que yo soy Yahúh”». (Éxodo 12:37, 13:1721, 14:14)

También el libro de Números proporciona particulares en cuanto al camino seguido por el pueblo hacia el Mar Rojo: «Partieron pues los hijos de Israel de Ramsés y acamparon en Sukot. Partieron de Sukot y acamparon en Etam, al límite del páramo. Partieron de Etam, regresando hacia Pi-hajirot, a oriente de Baal-Tsefón, acampando delante de Migdol. Salieron de la zona de Pi-hajirot y avanzaron hacia el páramo costeando el mar. Hicieron tres días de camino por el páramo de Etam y acamparon en Mará. Partieron de Mará y fueron hacia Elim; en Elim había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí. Partieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo, (el extremo norte del Golfo de Aqaba)» (Números 33:5..10)

Este mapa muestra el recorrido de los Israelitas hasta el Monte del Sinaí, en Arabia. (El Sinaí es un monte de Arabia… Gálatas 4:25)

 

 

 

23 Cuando los egipcios se dieron cuenta de que los israelitas no retornaban, fueron a decir «al rey de Egipto que el pueblo había huido, y el corazón del faraón y el de sus servidores se volvió contra el pueblo, porque se dijeron “¿Pero qué hemos hecho? ¡Hemos liberado a Israel de su servicio!”  Así que preparó su carro, tomando consigo a su gente y seiscientos carros escogidos entre todos los carros de Egipto, con sus respectivos capitanes. Y puesto que Yahúh había permitido que el corazón del faraón se endureciese, el rey de Egipto fue tras los hijos de Israel, mientras ellos avanzaban exultantes. Los egipcios les persiguieron y el faraón, con todos sus caballos, sus carros, sus jinetes y su ejército, los alcanzó junto al mar, en Pi-hajirot, enfrente a Baal-Tsefón, donde habían acampado». (Éxodo 14:59)

Cuando el pueblo vio llegar a los egipcios se asustó mucho, pero «El ángel de Yahúh que estaba al frente del campamento de Israel cambió de lugar y se puso en la retaguardia, y también la columna de nubes se movió y poniéndose detrás, se situó entre el campamento de Egipto y el campamento de Israel. La nube era tenebrosa para unos mientras que para los otros iluminaba la noche. Así no pudieron acercarse los unos a los otros en toda la noche». (Éxodo 14:1920) Sin embargo, la cosa se complicaba, por un lado el pueblo tenía a los egipcios y por el otro, el mar, entonces Yahúh dijo a Moisés: «Alza tu vara, extiende tu mano sobre el mar, y divídelo para que los hijos de Israel lo crucen sobre tierra seca; yo dejaré que el corazón de los egipcios se endurezca, e irán tras ellos, y me glorificaré en el faraón y en todo su ejército, y en sus carros y jinetes». (Éxodo 14:1617)

Entonces Moisés golpeó el mar con su bastón, e «hizo Yahúh que el mar se retirase mediante un potente viento de levante que sopló toda la noche. Las aguas se dividieron y hubo allí tierra firme. Los hijos de Israel penetraron en el mar sobre tierra firme, mientras las aguas eran como paredes a su derecha y a su izquierda. Los egipcios les persiguieron con todos los caballos del faraón, y sus carros y jinetes penetraron en medio del mar tras ellos. Antes del amanecer Yahúh vio desde la columna de fuego y nubes, al ejército de Egipto, y obstaculizó a las tropas egipcias entorpeciendo las ruedas de sus carros de modo que avanzasen con dificultad… Y dijo Yahúh a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar y cubran las aguas a los egipcios con sus carros y sus jinetes”. Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer, retornó el mar a su lugar mientras los egipcios huían de él. Yahúh precipito a los egipcios dentro del mar; retornaron las aguas cubriendo los carros y los jinetes del entero ejército del faraón que había entrado tras ellos dentro el mar, y ninguno sobrevivió». (Éxodo 14:2128)

 

24 ¿Por qué lugar cruzaron el mar los israelitas? En cuanto a este argumento, las interpretaciones son múltiples; muchos se han atrevido a indicar un presunto lugar, presentado datos y planos. Examinaremos pues algunas de estas interpretaciones.

La primera es el estrecho de Tirán  en el golfo de Aqaba. Si el punto hubiese sido este, para llegar hasta allí el pueblo hubiese tenido que caminar casi 500 Km, cosa que para una multitud tan grande, representa muchos días de viaje. Además y aparte de los casi 19 Km de amplitud del estrecho de Tirán , tampoco se ha tomado en consideración el problema de la morfología de su fondo marino, que es muy escarpado y abrupto, con una profundidad que varía entre 285  y 769 metros, y que está completamente recubierto de coral. Estos datos hacen prácticamente imposible el hecho de que pudiese ser cruzado por más de un millón de personas con sus carros cargados de enseres, niños y ancianos.

Este es un plano náutico del lugar:

 

 

Estos mismos argumentos inutilizan el segundo lugar sugerido, que está situado hacia la mitad del golfo de Aqaba, y cuya amplitud es de casi 24 Km. También en este caso, cruzarlo en aquellas circunstancias hubiese resultado imposible. Algunos han diseñado un hipotético puente sumergido, pero también en este punto, el fondo varía de 200 a 799 metros, con pendientes verticales y abruptas, tal como se muestra en este plano náutico.

 

 

25 Tenemos pues que dirigirnos a la narración bíblica para hallar las coordinadas exactas del lugar descrito. En Éxodo leemos: «Dios les condujo por el camino del páramo del Mar Rojo... Entonces Yahúh dijo a Moisés: “Di a los hijos de Israel que se retiren y acampen delante de Pi-hajirot, entre Migdal y el mar, delante de Baal-Sefón, frente a él, acamparéis junto al mar”». (Éxodo 13:18, 14:12) Esta zona que está situada en la parte septentrional del Mar Rojo, en el golfo de Suez, es el lugar donde Yahúh abrió un camino entre las aguas para que el pueblo alcanzase la otra orilla, quedando a salvo del ejército del faraón. En la siguiente carta náutica y sin considerar el canal de Suez, construido entre los años 1859 y 1869, podemos constatar que la profundidad del fondo marino varía de 4,5 a 6,7 metros, y es prácticamente llano. Además, esta profundidad es también más que suficiente para sumergir al ejército del faraón con todos sus carros.

 

 

Por otro lado, y a diferencia de lo que algunos afirman, si bien el faraón envió a su ejército para que persiguiese al pueblo de Israel a través del mar, él no entró; permaneció donde podía observarse el esperado resultado del encuentro, como hacen los generales. La Escritura dice que «retornaron las aguas cubriendo los carros y los jinetes del entero ejército del faraón, que había entrado tras ellos dentro el mar», no dice que las aguas cubrieron al faraón con su ejército. Pablo confirma este hecho cuando refiriéndose a las obras que entonces ejecutó Dios, dice: «Tal como está escrito, él dijo al Faraón: “En realidad te he mantenido con vida para mostrarte mi poder y que mi nombre sea conocido en toda la tierra”». (Romanos 9:17) Por otro lado, cuando en el libro de los Salmos leemos que Dios «zarandeó al faraón y a su ejército en el Mar Rojo», (Salmo 136:15) no se sostiene lo contrario, puesto que esta frase solamente afirma que en aquel lugar, derrotó al faraón y a su gran ejército.

 

26 El hecho de que el faraón del éxodo perdiese todo su ejército, señala también a Tutmosis I. Los hechos relacionados con la partida de los israelitas tuvieron lugar durante el onceavo año de su reinado, y puesto que su primogénito Amenmoses había muerto, nombró heredera del trono a su hija Hatshepsut, muriendo poco después. Sin embargo y a causa de la reticencia de los sacerdotes, se consideró como heredero al hijo de la esposa secundaria Mutnofret, joven hermanastro de Hatshepsut, que para consolidar sus derechos se casó con ella y reinó con el nombre de Tutmosis II.

Desde aquel momento no hay noticias de maniobras militares, solo se sabe que en su primer año de reinado, Tutmosis II tuvo que hacer frente a una revuelta en Nubia, pero como no pudo enviar al ejército que su padre había perdido en el Mar Rojo, dio el encargo al superintendente de las tierras del sur, Kummeh Seni, al que nombró virrey de Núbia. Cuando Tutmosis II murió, le sucedió su esposa Hatshepsut, y bajo su administración se realizaron solamente expediciones comerciales hacia el sur, en busca de materiales exóticos, como maderas perfumadas y oro. Durante aquel período, su hijastro, el futuro faraón Tutmosis III, se dedicó principalmente a los asuntos militares y la preparación del ejército, que en los años que siguieron a la muerte de Hatshepsut, constituyó el fundamento de las operaciones militares que llevó a cabo.

 

27 Después de franquear el Mar Rojo, los israelitas acamparon en los siguientes lugares: Migdol, Mara y Elim. Tras cruzar el páramo de la península del Sinaí, acamparon junto al Mar Rojo, es decir, en la parte septentrional del golfo de Aqaba, y después de haber costeado el territorio de Madian, llegaron frente a los montes Sinaí y Horeb de Arabia, el lugar donde Dios estableció con su pueblo, mediante Moisés, el Pacto de la Ley.

 

 

A pesar de haber sido testigos oculares de las potentes obras ejecutadas por Yahúh, los israelitas obraron siempre con falta de fe, por este motivo no hubo ninguno de ellos, exceptuando a Josué y a Caleb, que entrasen en la tierra prometida. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se halla el inspirado relato de Esteban, que resume así lo que entonces sucedió: «Aquel Moisés que ellos habían rechazado, diciendo: “¿Quién te ha constituido príncipe y juez?” Es el que Dios les envió como gobernante y libertador, por medio del ángel que se le apareció en el arbusto. Él los condujo afuera, operando milagros y prodigios en el país de Egipto, en el Mar Rojo y en el páramo, durante cuarenta años. Este es aquel Moisés que dijo a los hijos de Israel: “Vuestro Dios levantará de entre vuestros hermanos, para vosotros, a un profeta como yo ¡Escuchadle!” Este es aquel que en la asamblea en el páramo, fue con el ángel que le habló sobre el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida para transmitírnoslas a nosotros. A él no quisieron obedecerle nuestros padres, porque lo rechazaron, y en su corazón deseaban volver a Egipto, ellos dijeron a Aarón “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de Egipto, no sabemos lo que le ha ocurrido”. Y en aquellos días fundieron un ternero y ofrecieron sacrificios al ídolo, gozándose en la obra de sus manos». (Hechos 7:35...41)

Por causa de su rebelión estuvieron vagando por el páramo durante cuarenta años, hasta que la nueva generación entró en la tierra prometida con Caleb y Josué, tras la muerte de Moisés. Las cosas que sucedieron al pueblo de aquel tiempo quedan como ejemplo y advertencia para el pueblo de Dios que vive el momento del próximo final de este mundo, que la Escritura paragona al Egipto de aquel tiempo. Por este motivo, Pablo exhorta así a los discípulos de Cristo: «En realidad, Moisés fue un fiel servidor en la casa de Dios, para dar testimonio de las cosas que debían venir, mientras que Cristo está sobre la casa de Dios como un hijo, y nosotros somos su casa, si mantenemos nuestra libertad de expresión y la esperanza de la que nos preciamos. Por esto, como dice el espíritu santo: "Hoy, si escucháis su voz, no os hagáis obstinados como en el día de la rebelión, el día de la provocación en el páramo, cuando vuestros padres me provocaban, poniéndome a prueba a pesar de haber visto mis obras durante cuarenta años. Aquella generación me disgustó, y dije: “Su corazón continúa siendo perverso; no han llegado a conocer mis caminos”. Y así, juré en mi indignación: “No entrarán en mi descanso”.

Vigilad pues hermanos, que no surja en alguno de vosotros un corazón perverso y carente de fe, que se aleje del Dios viviente, pero continuad exhortándoos cada día unos a otros, hasta que pueda decirse “Hoy”, con el fin de que ninguno de vosotros se haga obstinado a causa del poder seductor del pecado. Porque solo llegamos a ser realmente partícipes del Cristo si mantenemos con firmeza hasta el final, la misma confianza que mostrábamos al principio». (Hebreos 3:5...14)

(1) (Hicsos, griego: κσώς, del egipcio   hq3 3stw Heka khaset)