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Cómo identificar la adoración verdadera

 

1     Si hubiese unas personas discutiendo con respecto a las pruebas que indican la identidad de la religión verdadera, y te rogasen que hicieses de árbitro para juzgar sus argumentos y determinar quien tiene razón ¿Sobre qué base apoyarías tu juicio?

Desde la antigüedad, la historia nos muestra que hay muy pocos temas tan polémicos cómo los que tratan de asuntos religiosos. Los diferentes puntos de vista en cuestiones de religión han causado muchas controversias, luchas e incluso muertes. Debido a las diferencias religiosas entre los judíos, también el apóstol Pablo fue acusado de sedicioso y detenido, y cuando su caso se presentó ante Festo, gobernador de la provincia romana de Judea, sus acusadores fueron los principales jefes religiosos judíos, entre los que estaba el sumo sacerdote Ananías. Días más tarde, cuando Festo informó de lo que había ocurrido al rey Herodes Agripa II, le dijo: “Los acusadores se enfrentaron a él, (Pablo) pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes que yo sospechaba; solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive”. (Hechos 25:18-19)

Festo no tenía ningunas ganas de inmiscuirse en estas discusiones, y la mayoría de la gente está de acuerdo con esta actitud, compartiendo la opinión de que no es prudente afirmar que una creencia sea más correcta que otra y acomodando su actitud al dicho de que “Cada uno crea lo que quiera, porque en toda religión hay algo bueno”.

 

2     A pesar de esto, es inevitable que el hombre quiera comprender asuntos que conciernen y afectan a toda la humanidad, cómo el propósito de la vida, la procedencia del hombre y su destino tras la muerte, una búsqueda que es en realidad, cómo buscar la religión verdadera. Es verdad que en nuestra cultura se tiende siempre más a enfatizar el ateísmo, con el apoyo de una incierta evolución de la vida a partir del caos, presentada cómo una realidad científica incuestionable, cuando solo es una teoría incompatible con la ciencia experimental. Aún así, el sentido religioso forma parte de la naturaleza humana y todas las familias de la humanidad, en todas las épocas y sin excepción, han sentido la necesidad de adorar a una entidad considerada superior.

En el libro titulado ‘Religión y Filisofía’ de Martin Warner, se dice con respecto a las religiones de la antigüedad: “El origen del mundo y del hombre, eran tan inquietantes cómo la muerte misma. Existe una gran diversidad de explicaciones con respecto a este tema, que sigue siendo de todos modos, un tema fundamental también en la religión moderna. Aunque si hoy en día la ciencia puede dar una explicación a la mayor parte de los fenómenos que conciernen a la vida, en todas partes, los hombres siguen buscando una esperanza que vaya más allá de los pocos decenios de su existencia individual”.

Sin embargo, para hallar respuestas convincentes en la búsqueda de una esperanza relacionada con nuestro futuro individual y también colectivo, es inútil dirigirse a mitos, teorías y filosofías, que por interesantes que resulten, solo responden a ideas y a creaciones humanas, que por el hecho de serlo, son necesariamente tan limitadas cómo los conocimientos del hombre mismo.

 

3     Así, el ateo afirma por elección y por la exclusión voluntaria de la existencia de Dios, que la vida procede del caos y de la casualidad, negándose a la evidencia de que por fuerza tiene que haber una inteligencia organizadora y conductora, detrás del magnífico orden del universo y de la vida. Por otro lado, el agnóstico afirma que ninguno sabe en realidad, cómo han ocurrido las cosas y que solamente podemos estar seguros del hecho de que estamos aquí, pero ¿Son estos puntos de vista realmente satisfactorios y acordes a la evidencia?

Muchas otras personas están en cambio de acuerdo, con el historiador y filósofo Hill Durant, que dijo: “Siento el input del Creador en cada cosa viva y sospecho que sea lo mismo en el átomo, en todos sus electrones en movimiento. El átomo no es una cosa muerta. Es una cosa que palpita de vida. Por este motivo no puedo contemplar el universo cómo una máquina. Una máquina no palpita de vida, permanece perfectamente quieta a menos que algo en lo que la vida palpite, la accione”.

Y estas son las personas que trabajan intensamente en la búsqueda de la respuesta al significado de la vida.

Una creencia acorde a la evidencia y con un soporte veraz

4     En general los que sinceramente y sin prejuicios buscan la verdad, reconocen que debe existir una inteligencia creadora y organizadora, una fuente universal de vida que mantenga y cuide de su creación. Y si la fuente universal de vida es una, la guía que proviene de ella tiene también que ser única.

Ahora bien, entre todas las creencias de los hombres, solamente hay una que en vez de provenir de la sabiduría del hombre que fue su autor, proviene de la revelación, pero no de una revelación efectuada en un momento determinado y recibida por un solo hombre, cosa que tal vez la haría poco digna de confianza, si no de una revelación que fue expresada durante un período de mil seiscientos años, a más de cuarenta hombres considerados fieles y dignos de recibirla, y que fue registrada por ellos en unos textos que a través del tiempo, guardan una total armonía, continuidad y unidad de mensaje. Estos textos han sido durante treinta y cinco siglos, recopilados y transcritos con fidelidad y han llegado hasta nosotros con el nombre de la Biblia.

No hay pues en la Tierra, nada que pueda asemejarse a la revelación contenida en los libros canónicos de la Biblia, que es la obra más traducida, impresa y divulgada que existe en el mundo. Su mensaje es claro y coherente, por esta razón podría concluirse, que la mayoría de los que dicen aceptar su guía, comparten fundamentalmente las mismas creencias, pero no es así en absoluto. Quienes examinen las doctrinas impartidas en las distintas confesiones religiosas que se consideran obedientes a las escrituras bíblicas, hallarán grandes diferencias en la enseñanza, unas diferencias que dividen abismalmente a las personas y determinan unos puntos de vista muy diferentes con respecto a la vida y a la religión.

 

5     Y puesto que en general, la religión profesada es impuesta por las circunstancias, resulta vital que las personas estén dispuestas a reflexionar sin prejuicios, con respecto a la enseñanza religiosa recibida, porque es posible que al comparar sus creencias con lo que las Escrituras dicen, queden sorprendidos.

Verdaderamente, si aceptamos la Biblia cómo una guía de Dios a los hombres, debiéramos estar seria y sinceramente interesados en conocer lo que verdaderamente se dice en ella, porque las diferentes interpretaciones que de su enseñanza hace la cristiandad, nos colocan en la misma posición que los judíos del tiempo de Jesús.

El pueblo judío había olvidado el verdadero sentido y propósito de los mandatos de Dios, porque su adoración era formal, es decir, aparente y basada en la tradición que con el tiempo, se había desarrollado a partir de las interpretaciones que generaciones de escribas, fariseos y sacerdotes, habían hecho de la Ley. Esta situación mantuvo al pueblo en la ignorancia del verdadero propósito de Dios, impidiéndole también, reconocer al esperado Mesías cuando llegó. Por esta razón, Jesús dijo a las gentes: “…os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. (Mateo 5:20) Y aplicó a la religiosidad de aquel pueblo, las palabras de Dios al profeta Isaías, cuando le dijo: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran, porque enseñan cómo doctrinas unos preceptos de hombres”. (Mateo 15:8-9)

 

Una información clave

 

6     Al considerar el argumento de la enseñanza o religión verdadera, muchos piensan solamente en la enseñanza de Jesús y de sus apóstoles, sin embargo, el apóstol Pedro escribió a los discípulos: “Nosotros no os hemos dado a conocer la venida y las poderosas obras de nuestro señor Jesús Cristo, mediante historias inventadas, pues fuimos personalmente testigos oculares de su grandeza cuando recibió el honor y la gloria de Dios Padre, porque a él se dirigió la voz desde la gloria majestuosa, diciendo: ‘Este es mi hijo amado, el que yo he elegido’. Y nosotros, que estábamos con él en el monte santo, oímos esta voz que venía del cielo. Aunque tenemos una confirmación más segura todavía en la palabra profética, y haréis bien en prestarle atención, porque es cómo una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día, y resplandezca la luz en vuestros corazones. Pero primero, debéis saber que ninguna profecía de la Escritura proviene de una interpretación personal, porque ninguna de las profecías vino nunca por la voluntad del hombre, si no que los hombres hablaron de parte de Dios impulsados por el espíritu santo”. (2Pedro 1:16-21)

Estos escritos que bajo el impulso del espíritu de Dios, registraron los antiguos profetas, explican el motivo de la necesidad de un rescate para la humanidad y predicen las disposiciones tomadas por Dios para poner la vida al alcance del hombre, por este motivo constituyen la base de la fe en Cristo.

 

7     Empecemos considerando la enseñanza de los primeros capítulos del libro del Génesis, puesto que son muy significativos.

Se dice que “formó Yahúh Dios al hombre a partir del polvo del suelo y al soplar en su nariz aliento de vida, el hombre fue hecho un alma viviente”, (Génesis 2:7) pero primero, se revela el propósito de Dios al crear al hombre, con estas palabras: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, que sea semejante a nosotros y tenga autoridad en los peces del mar, sobre las aves de los cielos, sobre todas las bestias de toda la tierra y sobre todos los diminutos seres de su suelo”. (Génesis 1:26)

Dios hizo por tanto, un alma o ser viviente a su imagen, para vivir, disfrutar y cuidar de la Tierra que había preparado para él.

Antes de crear al hombre, “Dios había plantado un jardín en Edén… En aquel terreno, había hecho crecer cualquier árbol agradable a la vista y bueno para alimentarse, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal”. (Génesis 2:8-9) Y “tomó Yahúh Dios al hombre, y le llevó al jardín de Edén para que lo custodiase y lo cuidase, pero le dio un mandato, diciendo: ‘Te alimentarás y comerás con entera libertad cualquiera de los frutos de los árboles del jardín, pero no debes comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque en el día en que lo comas, morir, morirás”. (Génesis 2:15-17) ¿Cuál era el sentido de este mandato?

Era necesario que el hombre tuviese unos arquetipos de cómo debía relacionarse con su  Creador y más adelante, con los demás hombres. Así, Dios se había reservado aquel jardín cómo un Santuario de su propiedad en la Tierra, un punto de encuentro con el hombre. Además había advertido muy seriamente a su hijo Adán, de que solamente el Creador poseía la autoridad de establecer lo que es moralmente bueno y lo que es moralmente malo. Si el hombre, en el ejercicio de su libre albedrío, usurpaba esta exclusiva prerrogativa de Dios, automáticamente se alejaría de la fuente de la vida, causándose con el tiempo, la muerte. Esta advertencia de Dios también nos confirma que el hombre, cómo los ángeles, no había sido creado para morir.

 

8     El relato da a conocer que el hombre no respetó el mandato ni la advertencia que Dios le había dado, y cortando su relación con él, adquirió la muerte, pero no solo para él, también para sus descendientes no nacidos, o sea toda la humanidad, puesto que no se puede transmitir a los demás lo que no se posee.

Confirmando estos hechos, el apóstol Pablo escribe: “Igual que por causa del primer hombre el pecado entró en el mundo, por causa del pecado, la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos heredaron el pecado”. (Romanos 5:12)

Sin embargo, Dios no había hecho al hombre para que muriese, y las Escrituras nos muestran que desde el principio, preparó para los hijos de Adán un rescate que de acuerdo con sus leyes universales, les abriese de nuevo el camino de la vida. Por esto Pablo escribe que “La humanidad entera… no fue sometida a la futilidad por voluntad propia, si no por la culpa de aquel que transgredió. Por esto también mantiene la esperanza de llegar a ser emancipada de la esclavitud a la corrupción, (la muerte) para poder participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”. (Romanos 8:19-21) Y explica cómo Dios aplica el sacrificio de Cristo a la redención de la humanidad, diciendo: “…tal cómo por una sola transgresión, la condena se extendió a todos los hombres, por un solo acto de justicia, la justificación que da la vida se extiende a todos los hombres, porque tal como por la transgresión de un solo hombre, muchos han sido constituidos pecadores, por la obediencia de un solo hombre, también muchos han sido constituidos justos”. (Romanos 5:18-19)

La redención del hombre y su reconciliación con Dios mediante el Nuevo Pacto, que cómo hombre cerró Jesús, entre Dios y la humanidad, es la base para restablecer de nuevo sobre la Tierra el gobierno de Dios, una cosa que el hombre le arrebató al principio con su rebeldía. Este es en esencia, el argumento de toda la Escritura, y por tanto, la base de la religión verdadera. ¿Por qué decir religión? ¿Cuál es el sentido preciso de la palabra religión?

 

9     El diccionario Zingarelli lo define así: “Conjunto de… normas éticas y salvadoras, y de los comportamientos culturales que expresan en el transcurso de la historia, las relaciones de las varias sociedades humanas con el mundo divino”. Pues bien, el mandato que en Edén debía obedecer el hombre, además de ser una norma ética con respecto al derecho de propiedad, era también una norma salvadora, ya que de su obediencia dependía la vida misma, y puesto que provenía de Dios, puede afirmarse que constituía una de las normas de las la religión correcta.

Otro de los requisitos de la religión correcta, es la de poner fe en la afirmación de que Dios creó al hombre directamente y no a través de teóricas y oscuras transformaciones animales. En armonía con esto, se afirma en ellas que “dijo Dios: ‘Haya en la tierra almas vivientes según su especie; animales mansos, diminutos seres y todas las bestias salvajes de la tierra”. Y así ocurrió; hizo Dios a todas las bestias salvajes de la tierra según su especie, a los animales domésticos según su especie y a todo diminuto ser de la tierra según su especie”.  (Génesis 1:24-25) Desde entonces, muchos animales se han extinguido o están al borde de hacerlo, pero todos siguen reproduciéndose solamente según su especie. Es cierto que dentro de una misma especie hay gran variedad de familias o razas, que difieren en su aspecto y tamaño, pero existe un límite que la reproducción no puede superar, y esto es un hecho, no una teoría. La realidad nos muestra que no se producen especies nuevas.

¿Acepta tu religión el relato bíblico? ¿Lo aceptas tú? O prefieres la popular aunque no probada teoría de las transformaciones de una evolución animal hasta llegar al hombre, partiendo de una casualidad prácticamente imposible.

 

10   Notemos otra cosa importante; puesto que según la Escritura, “el hombre fue hecho un alma viviente”, (Génesis 2:7) y su destino era el de disfrutar de la vida en la tierra con la perspectiva de una vida sin la muerte, ya solamente moriría si abusaba de su libre albedrío, es fácil comprender que la muerte no era intrínseca al hombre, y también, que el hombre no tenía un alma inmortal dentro de su cuerpo; él mismo era un alma o un ser viviente que no moriría mientras lo mismo que los ángeles, permaneciese mediante la obediencia, o sea, mediante la religión verdadera, unido al Creador, que es la fuente de la vida de su creación.

Las palabras que en la Biblia se traducen en nuestra lengua cómo ánima o alma, son la hebrea nefesh y la griega psyke, unos términos que realmente significan y se traducen cómo ser vivo o vida, y se emplean para definir a cualquiera de los seres animados, o sea a todas las personas y animales vivos.

Todos estos argumentos son de la mayor importancia, puesto que la mayoría de la religiones afirman que el hombre tiene un alma inmortal dentro de sí. Esta afirmación que es totalmente opuesta a las palabras de Dios, está más bien de acuerdo con las palabras de “la antigua serpiente, el que es llamado Diablo y Satanás, y está engañando a la humanidad entera”, (Apocalipsis 12:9) ya que él fue el autor de esta idea, cuando después de preguntar: “¿Es cierto que Dios os ha dicho: ‘no comáis de ninguno de los árboles del jardín?’ y de que la mujer le respondiese: “’Podemos comer cualquiera de los frutos de los árboles del jardín, solamente del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: no lo comáis ni lo toquéis para que no muráis’ …la serpiente dijo a la mujer: “¡De ningún modo moriréis!…’” (Génesis 3:1-5) Desacreditando así las palabras de Dios y dando pie a la creencia de que existe una supervivencia más allá de la del cuerpo, una cosa que el hombre no puede comprobar con seguridad, pero que le ofrece una esperanza ante el miedo a la muerte.

Adán y Eva murieron, así cómo todos sus descendientes, pero en cierto modo, la idea de la supervivencia permaneció y fue adoptada por las antiguas religiones de Egipto y Babilonia, extendiéndose entre los hombres. Más tarde penetró en la doctrina de los fariseos a través de Grecia y fue introducida en la Cristiandad a través de la enseñanza de los maestros y filósofos neoplatónicos del los siglos segundo y tercero de nuestra era.

Sin embargo ¿Que es lo que dice la Escritura? Dice que el hombre era un alma y no que tenía un alma inmortal que abandonaría en su momento, el cuerpo.

¿Qué le había dicho Dios con respecto a la muerte? Dios, al contrario que la serpiente, dijo al hombre exactamente esto: “Con el sudor de tu frente obtendrás tu alimento hasta que regreses a la tierra de donde fuiste tomado, puesto que eres polvo y volverás al polvo”. (Génesis 3:19) ¿Dan tal vez estas palabras soporte a la idea de que seguiría viviendo de otra forma o en otra clase de vida? Absolutamente no, más bien demuestran que la muerte que obtuvo era el resultado anunciado de su ruptura con la fuente de la vida, y no un paso para continuar viviendo en otro lugar.

¿Está lo que nuestra religión nos ha enseñado de acuerdo con esto?

 

11   Verdaderamente, en ninguno de los escritos canónicos de la Biblia puede encontrarse cosa alguna que apoye la existencia de un alma inmortal; si el hombre continuase de algún modo en vida, realmente no moriría, solo cambiaría de forma. Esta afirmación, además de desacreditar las palabras de Dios, haría inútil el sacrificio de Cristo ¿Por qué sería necesaria la redención de la muerte, si el hombre no moría realmente? y ¿Cuál es el motivo de la resurrección de los muertos, si todos se reúnen en un lugar y en una vida considerada mejor?

Pero en armonía con las palabras de Dios, la Escritura dice: “Porque los que viven saben que han de morir pero los muertos nada saben ni hay para ellos retribución, cuando su memoria se ha perdido, también su amor su odio y su envidias han perecido y no tienen ya participación en lo que ocurre bajo el sol”. (Eclesiastés 9:5-6)

La doctrina de la inmortalidad del alma es totalmente incompatibles con lo que las Escrituras dicen, pero hay en ellas unas promesas mucho mejores y totalmente coherentes con el propósito de Dios para el hombre; unas promesas que Jesús confirmó diciendo: “…esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda ninguno de los que él me ha dado, si no que los resucite en el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo le resucite el último día”. (Juan 6:39-40)

¿Sostiene nuestra religión que el propósito de Dios para el hombre es, cómo al principio, la vida sin muerte en la tierra? Porque cómo dice Isaías, Dios “formó la tierra, él la fundó y no la creó para estar vacía, la formó para ser habitada”. (Isaías 45:18) Por este motivo Jesús enseñó a sus discípulos a pedir al Padre: “…venga a nosotros tu reino y se haga tu voluntad en la tierra cómo en el cielo” (Mateo 6:10) y el apóstol Pedro escribió a los discípulos: “nosotros estamos esperando unos nuevos cielos y una nueva tierra según su promesa, que alberguen la justicia”. (2Pedro 3:13)

 

La conducta es importante

 

12   La religión verdadera, cómo se revela en el libro del Génesis, está relacionada con un comportamiento adecuado y no solo con unas doctrinas y creencias. La gravedad de la transgresión del hombre, no era tanto la desobediencia, cómo lo que esta significaba, es decir, una impugnación de la autoridad del Creador, acompañada de un hurto, puesto que el hombre se apoderó de algo que no le pertenecía. Y a causa de estas cosas, los primeros humanos fueron expulsados del jardín santuario de Dios en la Tierra.

Es verdad que la mayoría de las religiones se declaran contrarias al hurto, pero ¿Cómo se comportan con quienes roban y no se arrepienten? ¿Disocian de sus feligreses a los que roban y no muestran arrepentimiento, lo mismo que hizo Dios? En relación a esto, es importante tener en mente las palabras del Profeta Malaquías, para los que se consideraban pueblo de Dios: Vosotros habéis fatigado a Yahúh con vuestras palabras, pero decís: ‘¿En qué le hemos fatigado?’ Diciendo así: ‘Cualquiera que obre mal es aceptable a ojos de Yahúh y él se complace en ellos’ ¿Dónde está así la justicia de Dios?” (Malaquías 2:17)

 

13   Tomemos ahora en consideración el matrimonio, porque es otra de las leyes establecidas por Dios para el hombre desde el principio, una norma que se encuentra en las palabras inspiradas por Dios a Adán, cuando al ver a su mujer, “exclamó: ‘¡Ahora sí! ¡Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará mujer (Ishah) porque del hombre (Ish) ha sido tomada; por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”. (Génesis 2:23-24)

Esta ley con respecto al matrimonio, fue confirmada al pueblo de Israel por el profeta Malaquías, que declaró estas palabras de parte de Dios: “Dice Yahúh el Dios de Israel: ‘Realmente odio el divorcio y la afrenta encubierta de quien se vuelve atrás’… ‘Proteged pues vuestro soplo de vida y no seáis desleales”. (Malaquías 2:16-17)

¿Cuál es la actitud de nuestra religión en cuanto al matrimonio y el divorcio? ¿Se ajusta en todo a las normas de Dios?

 

La experiencia de Noé en la religión verdadera

 

14   Analicemos ahora un relato bíblico que nos ayuda a identificar otro de los mandatos que Dios dio al hombre, mucho antes de que existiese la Ley. Se encuentra en el relato de Noé, que según dice la Escritura, era “un hombre justo e íntegro entre sus contemporáneos, que caminaba con Dios”. (Génesis 6:9)

De las cosas que ocurrían en los días de Noé, dice Pedro: “…por la Palabra de Dios, en la antigüedad fueron constituidos unos cielos y una tierra que surgió del agua, y que estaba rodeada de agua. Y por orden de la misma Palabra, aquel mundo de entonces, fue destruido por el agua del diluvio”. (2Pedro 3:5-6) ¿Por qué ocurrió esto? Porque dice la Escritura que “Yahúh vio que la maldad del hombre sobre la tierra se hacía grande y que su corazón siempre concebía solo malos deseos. Y sintió Yahúh haber hecho en la tierra al hombre, y se afligió profundamente. Entonces dijo: ‘Eliminaré de la faz de la tierra al hombre que he creado; al hombre, a los animales, a los insectos y a las aves del cielo, porque siento haberlos hecho’. Pero Noé halló favor ante Yahúh”. (Génesis 6:5-8) Por esto “Dios demostró su paciencia y Noé construyó el arca, en la que unas pocas personas, solamente ocho, fueron salvadas a través del agua”. (1Pedro 19-20)

Verdaderamente, muchos de los que se denominan cristianos consideren la historia del diluvio universal cómo una fábula mitológica o una alegoría, sin embargo Jesús, “que no cometió pecado ni en sus palabras se halló engaño”, puso cómo ejemplo lo ocurrido en los días de Noé, cuando dijo: “Tal cómo sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre; ellos comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca y vino el diluvio y los hizo perecer a todosLo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se presente”. (Lucas 17:26-27, 30)

¿Cuál es la posición de tu religión con respecto al diluvio? Si lo preguntas ¿Te dirán tal vez que es un relato interesante, pero que no debe considerarse literalmente?

 

15   En el novenos capítulo de Génesis, leemos que cuando Noé salió con su familia del arca que los protegió de la muerte, recibió nuevas disposiciones para él y sus descendientes, y puesto que llegó a ser el progenitor de toda la humanidad nacida tras el diluvio, es lógico que a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, los mandatos de Dios en el principio de una nueva etapa de la historia, sigan vigentes. Dice la Escritura que “Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: ‘Fructificad y aumentad, y llenad la tierra. Habrá miedo y pavor de vosotros en todo animal terrestre y toda ave de los cielos, en todo lo que se mueve por la tierra y en los peces del mar; yo los entrego en vuestras manos. Todo animal vivo será para vosotros alimento, igual que la vegetación que entregué a todos, pero no comeréis la carne con su vida, su sangre. Más bien, yo reclamaré la sangre de vuestras almas, se la reclamaré a todas las bestias. Y reclamaré al hombre el alma de su hermano; la sangre de un derramador de sangre humana, por el hombre será derramada, porque el hombre ha sido hecho a la imagen de Dios. Ahora fructificad y creced; poblad la tierra y multiplicaos en ella’”. (Génesis 9:1-7)

 

16   ¿Qué significa el mandato dado a Noé y a sus descendientes? El texto no dice que la sangre de hombres y animales sea sagrada, solo representa la vitalidad de los seres o almas vivientes y cualquier vida es sagrada ante Dios. Por esto, a pesar de que Dios había puesto a los animales en manos del hombre para que le sirviesen de alimento, los hombres tenían que acordarse de que toda vida proviene de Dios y cómo recordatorio, debían desangrar al animal antes de consumirlo. Sin embargo, la extracción de una porción de sangre no atenta a la vida del donante y por tanto, no representa una violación de este mandato.

Por otro lado, ningún hombre tenía derecho a quitarle la vida a su prójimo, a no ser que este fuese un asesino, porque en este caso, Dios mismo reclamaba su vida, por la vida que él había arrebatado a uno de sus hermanos.

Pero ¿Respetan íntegramente estas normas las religiones de la Cristiandad?  ¿Consideran que comer la carne de un animal sin sangrar no viola ningún mandato de Dios? O ¿Van cómo los fariseos, mucho más lejos de lo que el mandato dice, determinando que la sangre no puede consumirse en ningún caso, incluso cuando no representa la el alma o vida de alguno, y prohibiendo medicamentos, vacunas y transfusiones?

 

17   En su día Jesús mencionó esta advertencia de parte de Dios, que el profeta Isaías había escrito así: “este pueblo se acerca con sus palabras y me honran con sus labios, pero su corazón está lejos de mí, y es que su devoción a mí ha sido instruida con mandatos de hombres. Por lo tanto… la sabiduría de sus sabios se extraviará y el discernimiento de sus entendidos quedará oculto”. (Isaías 29:13-14) La única adoración que Dios acepta, la única realmente beneficiosa para los hombres, es la que proviene de su palabra. No hay pues nada que inventar y nada añadir o invalidar en los libros canónicos de la Biblia. Cómo el apóstol Pablo dice, los discípulos de Cristo tienen que “aprender de nosotros (los apóstoles) el principio de no ir más allá de lo que está escrito, de manera que ninguno se sienta superior a los demás”. (1Corintios 4:6)

Las Escrituras fueron escritas bajo la guía del espíritu santo de Dios, por este motivo, al final del texto del Apocalipsis, el apóstol Juan escribe: “…doy aviso a cualquiera que oiga el mensaje de la profecía de este libro, que a quien le añada algo, Dios le hará participe de las plagas que se describen en el libro, y a quien quite cualquier cosa del mensaje de la profecía que hay en él, Dios le excluirá de participar del árbol de la vida…” (Apocalipsis 22:18-19) Porque cómo dice el apóstol Pablo: “solo somos hombres, unos ayudantes de Cristo en la administración de las revelaciones divinas, y lo que se exige a cada uno de los administradores es la fidelidad”. (1Corintios 4:1-2)

 

18   Solamente hemos examinado dos relatos bíblicos, identificando algunos aspectos de la religión verdadera; consideremos ahora las palabras de Jesús durante su ministerio y la enseñanza que sus apóstoles impartieron.

Pero veamos antes, una reflexión sobre el cristianismo en su etapa moderna.

El cotidiano Free Press de Detroit, planteó el 24 de Diciembre de 1976, la siguiente pregunta: ‘¿Aprobarían los cristianos de hoy una segunda crucifixión?

En el artículo, el periodista Sydney J. Harris escribió: “Si en el día de Navidad se produjese un segundo nacimiento ¿No habría también una segunda crucifixión? Pero esta vez, no por parte de los romanos y de los judíos, si no por la de aquellos que orgullosamente se llaman cristianos. Me pregunto cómo consideraríamos y trataríamos hoy, a este hombre con sus extrañas, preocupantes e imprácticas doctrinas con respecto al comportamiento humano y a las relaciones sociales.

Aquellos que entre nosotros son propensos al militarismo ¿No le llamarían cobarde pacifista, porque nos exhorta a soportar el mal y a devolver bien por mal? ¿No le tacharían los nacionalistas de peligroso sedicioso, por el hecho de afirmar que todos pertenecemos a una sola familia? ¿No le rechazarían las personas guiadas por el sentimentalismo, porque advertía que el camino a la salvación es estrecho y angosto?

Todo esto me da que pensar. Me pregunto si ha comenzado ya la Era Cristiana”.

Este artículo enfatiza bien algunas de las diferencias entre la enseñanza de Jesús a sus seguidores y el punto de vista de muchos de los que afirman creer en una religión basada en su enseñanza.

 

Jesús y la religión verdadera

 

19   Por ejemplo, aquí hemos comentado su afirmación con respecto a la creación por Dios de los primeros humanos, Adán y Eva. A pesar de esto, tantos hombres de iglesia y tantísimas personas que se confiesan cristianas, desestiman este importante relato considerándolo cómo un mito alegórico y prefieren creer en la teoría de la evolución, por considerarla ‘científica’ a pesar de sus grandes lagunas, su falta de pruebas y su incompatibilidad con leyes consolidadas de la física. Aún así, no puede negarse que Jesús y sus discípulos estaban absolutamente seguros de que Dios había creado todas las cosas y también a Adán y a Eva, los progenitores de la raza humana. Por ejemplo, cuando “se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba … … le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’” Jesús “respondió: ‘¿No habéis leído que en el principio, el Creador los hizo varón y hembra…” (Mateo 19:3-9) Y refiriéndose a su retorno a la Tierra cómo rey, explicó a sus discípulos: “…en aquellos días habrá una tribulación cómo no la ha habido desde el principio de la creación que hizo Dios, hasta el presente, ni la volverá a haber”. (Marcos 13:19)

También el apóstol Pablo afirma: “Adán fue formado primero y más tarde, Eva”. (1Timoteo 2:13) Durante su discurso en el Areópago de Atenas, dijo: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas, ni es servido por manos humanas, cómo si el que da a todos la vida, el aliento y todas las cosas, estuviese necesitado de algo. Él creó de uno, todas las etnias humanas, para que habitase sobre toda la faz de la tierra, fijando los tiempos predeterminados y los límites habitables…” (Hechos 17:24-26) Y también el apóstol Juan llama a Dios: “…el Creador del cielo con todo lo que contiene y de la tierra con todo lo que contiene”. (Apocalipsis 10:6)

 

20   En los escritos de los apóstoles se hacen muchas referencias a los relatos del Génesis, de la Ley y de los antiguos profetas, puesto que ellos aceptaban que estos escritos estaban inspirados por el espíritu de Dios; en armonía con esto, Pablo escribe a Timoteo: “…tú persevera en las cosas que has aprendido, persiste convencido en ellas, por saber de quien las has aprendido, pues desde niño conoces las sagradas Escrituras que pueden darte la sabiduría que mediante Jesús Cristo, lleva a la salvación. Porque toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para convencer, para corregir y para educar hacia la rectitud, para que el hombre de Dios sea maduro y esté bien preparado para cualquier obra buena”. (2Timoteo 3:14-17)

¿Acepta mi religión la inspiración divina de la Biblia y su veracidad y exactitud, incluso en el relato de la creación?

¿Lo creo también yo, cómo Jesús y sus apóstoles?

 

21   Unas palabras de Jesús en cuanto al matrimonio, ilustran muy bien otro de los aspectos importantes de la religión verdadera. Igual que los antiguos profetas, Jesús sostuvo que el matrimonio era desde el principio, una disposición divina y santa, que obliga a una mutua fidelidad, y dijo: “¿No habéis leído que desde el comienzo los hizo el Creador hombre y mujer y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, si no una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”. (Mateo 19:4-6) Y en dos ocasiones por lo menos, repitió: “…yo os digo que todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la hace ser adúltera, y el que se case con una repudiada, comete adulterio”. (Mateo 5:32 y 19:9)

La obediencia a las disposiciones de de Dios hace que los casados se esfuercen en consolidar su unión, evitando que contemplen su matrimonio cómo un contrato civil que puede ser fácilmente rescindido. De acuerdo con las palabras de Jesús, un divorcio y un nuevo matrimonio, solo están permitidos ante Dios, cuando uno de los cónyuges se hace culpable de fornicación o adulterio, y cómo dice Pablo, “los fornicadores, los idólatras, los adúlteros, los afeminados y los que yacen con hombres, los codiciosos, los ladrones, los borrachos, los calumniadores, y los que practican la extorsión, no heredarán el reino de Dios”. (1Corintios 6:9-10)

¿Es esta la enseñanza de tu iglesia?

 

22   Seguramente muchos dirán que si bien, las elevadas normas de la Biblia son admirables, realmente no son practicables hoy en día y sin embargo, estas son las normas que establecen las diferencias entre la religión verdadera y la falsa, por este motivo dice el apóstol Pablo: “Os escribí que no tengáis nada que ver con el que se llama hermano y es fornicador, codicioso, idólatra, calumniador, borracho o extorsionador. Con este no debéis siquiera comer. Porque ¿Acaso tengo yo que juzgar a los de afuera? Pero en cambio ¿No tenéis vosotros la obligación de juzgar a los de dentro? A los de afuera ya los juzgará Dios, pero vosotros debéis alejar de la congregación al que demuestra una disposición malvada”. (1Corintios 5:11-13)

 

Jesús y el alma

 

23   Podemos preguntarnos si la declaración de que el hombre fue hecho un alma viviente y no tiene un alma independiente en su cuerpo que lo abandone al morir, tiene también confirmación en el Nuevo Testamento. Pues bien, cuando Pablo considera el argumento de la resurrección de Cristo, cita el libro del Génesis y dice: “Está escrito que el primer Adán fue hecho alma viviente, mientras que el último Adán, un espíritu dador de vida”. (1Corintios 15:45)

El tema del alma guarda en las Escrituras una total coherencia. Los primeros discípulos de Cristo comprendían bien este argumento, sobretodo por lo que le había sucedido con Jesús, porque tras su ejecución, Jesús murió y permaneció muerto casi tres días, y durante aquel tiempo, no vivió de ninguna otra forma. Por este motivo, Pedro, en su discurso del día de Pentecostés, dijo: “A Jesús el Nazareno, un hombre acreditado ante vosotros por Dios, con los prodigios y señales que por medio de él, realizó entre vosotros, cómo vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el designio determinado y el previo conocimiento de Dios, vosotros, después de arrestarle, le matasteis por mano de impíos, clavándole en la cruz. A este le ha resucitado Dios deshaciendo las convulsiones de la muerte, puesto que no era posible que fuese retenido por ella”. (Hechos 2:22-24) Y aunque en la resurrección, Dios otorgó a Jesús un cuerpo espiritual, Pablo escribe a los discípulos: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos cómo primicia de los que duermen en la muerte!

Por este motivo la resurrección no se refiere solo al cuerpo, se refiere a la vida, y esta resurrección que Dios otorga a toda la humanidad mediante la redención de Cristo, es la única esperanza con fundamento para los hombres.

Tras la muerte de Lázaro, Jesús había dicho a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que viva y crea en mí, nunca morirá ¿Crees tú en esto?” (Juan 11:25-26) No había pues ninguna razón para que los discípulos creyesen que el hombre poseía por naturaleza un alma inmortal, cómo sostenían las creencias derivadas del platonismo, herederas de muchos conceptos de las antiguas religiones de Egipto y Babilonia.

A la luz de todo esto, debemos preguntarnos ¿Es esta la enseñanza de mi religión? Porque la adoración pura a Dios y el interés por servirle con la verdad, es esencial para nuestra futura esperanza.

 

24   Otro de los aspectos de la religión verdadera, tiene que ver con estas palabras que al principio, cuando los hombres eran solo ocho almas, dijo Dios a Noé con respecto a la vida: “demandaré al hombre, el alma del hombre, su hermano, (Génesis 9:5) para mostrarle que los hombres no debían combatir unos con otros. Este sentimiento de hermandad  y de respeto por la vida humana es una de las señales más significativas para identificar la religión verdadera.

Poco antes de su muerte, Jesús dijo: “Os doy un nuevo mandamiento: que os améis unos a otros, que igual que yo os he amado, os améis unos a otros también vosotros. Todos conocerán que sois discípulos míos en esto: si os tenéis amor unos a otros”. (Juan 13:34-35)

Obedeciendo sus palabras, los cristianos del primer siglo se negaban a unirse al ejército romano o a cualquier otro ejército. Jonathan Dymond, en su libro The Early Christians on the subject of war’ (Los Primeros Cristianos con respecto al tema de la Guerra)  año 1821, escribe en las páginas 60 y 61: “Los cristianos que vivieron en los días cercanos a nuestro Salvador, creían sin ninguna duda que él había prohibido la guerra y aceptaban esta creencia públicamente, estando dispuestos para sostenerla, al sacrificio de sus bienes y de su vida. Más tarde sin embargo, los cristianos aceptaron hacer el soldado ¿Cuándo? Cuando su fidelidad al cristianismo se relajó; cuando también en otros aspectos, violaron los principios del cristianismo. Dicho más sencillamente, cuando habían cesado de ser cristianos”.

Es verdad que los apóstoles habían ya anunciado en sus escritos, que estas cosas tenían que suceder, pero mientras Juan, el más longevo de ellos estuvo en vida, insistió vigorosa y repetidamente, en la importancia del amor cómo una cualidad esencial de la religión verdadera, y escribió: “El mensaje que desde el principio habéis escuchado es este: 'debemos amarnos los unos a los otros'… Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos, pero aquel que no ama, permanece en la muerte… nosotros hemos llegado comprender el significado del amor porque él (Jesús) entregó su vida por nosotros, de manera que también nosotros debemos estar dispuestos a entregar la vida por los hermanos… Hijitos, no amemos con buenas intenciones y palabras, hagámoslo de verdad y con hechos, para que tengamos la certeza de hallarnos en la posición justa y con la conciencia limpia ante Dios”. (1Juan 3:11-12, 15-19)

 

Predicadores del reino

 

24   Otra de las creencias que une a los discípulos de Jesús, es la esperanza en la llegada a la Tierra del reino de los cielos. Un tema que junto al de la redención del hombre, constituye el motivo del mensaje de las Escrituras. Por este motivo Jesús hablaba siempre, directamente o en parábolas del reino de los cielos, y la Buena Nueva o Evangelio que sus discípulos anunciaron, se refiere a la redención, al retorno de Cristo y la instauración del reino de Dios en la Tierra.

En armonía con la enseñanza de Jesús, millones de personas de la Cristiandad recitan de memoria la oración del ‘Padre Nuestro’, el modelo proporcionado por Jesús a sus seguidores, para que supiesen cuales eran las cosas que debían pedir con insistencia; pero aunque repiten muchas veces “Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en la tierra cómo en el cielo” (Mateo 6:9) ¿Comprenden que se trata de un verdadero reino terrestre bajo Cristo, que desde los cielos administrará justicia en toda la Tierra?

Porque Pablo escribe: “Cristo, tras haberse ofrecido una sola vez para abolir por siempre los pecados de muchos, volverá a manifestarse de nuevo en una segunda ocasión, pero ya no en relación al pecado, si no a los que le esperan para ser salvados”. (Hebreos 9:28) Y también el apóstol Pedro dice: “…el Día del SEÑOR se presentará como un ladrón, y entonces, los cielos pasarán con un estruendo, y los elementos, intensamente calientes, se disolverán, mientras que la tierra y todo lo que hay en ella se consumirá. Y puesto que todas estas cosas han de ser disueltas, vivid en fidelidad y pureza, mientras esperáis que llegue cuanto antes el Día del SEÑOR… Porque nosotros estamos esperando unos nuevos cielos y una nueva tierra según su promesa, que alberguen la justicia”. (2Pedro 3:10-13)

Tras su muerte, Cristo mostró al apóstol Juan una visión del momento en que Dios establecería en la Tierra su reino, y relatando lo que vio y oyó, Juan escribe: “…oí una voz potente que provenía del cielo y dijo: ‘La casa de Dios está con la humanidad y permanecerá con ella porque ellos serán su pueblo, Dios mismo intervendrá en su favor y enjugará toda lágrima de sus ojos, ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado’. Aquel que se sienta en el trono me dijo: ‘Mira, hago nuevas todas las cosas’ y continuó: ‘Escribe, porque estas palabras son fieles y veraces”. (Apocalipsis 21:3-5)

Por esto, cuando Jesús fue detenido, pudo decir al gobernador romano Poncio Pilato: “Mi reino no es de este mundo, si fuese mi reino de este mundo, mis servidores habrían combatido para que yo no fuese entregado a los judíos, pero mi reino no es de aquí”. (Juan 18:36) Y es que en realidad, el reino de los cielos nada tiene que ver con los reinos y las naciones que hay ahora en la Tierra, un mundo que cómo escribe Juan, “está bajo el poder del Maligno”. (1Juan 5:19) El reino de los cielos viene de Dios y unirá los cielos y la Tierra, en una sola familia, cómo Dios dispuso en un principio.

El profeta Daniel, en el relato de la visión que le fue concedida, con respecto a la sucesión de los reinos y de los tiempos designados por Dios, hasta que llegar al final de este mundo, escribió: “el Dios de los cielos hará surgir un reino eterno que no será destruido ni pasará a otro pueblo; triturará a todos estos reinos y los extinguirá, pero él subsistirá para siempre”. (Daniel 2:44)

Así pues, la lealtad y la fe en la realidad del reino de Dios por venir, es uno de los aspectos más importantes de la religión verdadera.

 

25   En el período inmediatamente posterior a la muerte de los apóstoles, los discípulos permanecieron fieles a las palabras de Cristo y a la enseñanza apostólica. Obedecían las leyes del país y eran, bajo todos los aspectos, unos ciudadanos ejemplares, mientras adoptaban una posición neutral ante los partidos y las muchas y frecuentes contiendas políticas de su tiempo.

E. G. Hardy, en la página 39 de su libro Christianity and the Roman Government, dice: “Los cristianos eran cómo forasteros y peregrinos en el mundo que les rodeaba, de manera que la falta de interés en los asuntos públicos llegó a ser un rasgo notable del cristianismo”. Y es que la verdadera religión implica el mantenerse neutral ante los asuntos políticos de los gobiernos de este mundo, no por razones personales, si no porque lo mismo que Cristo, sus seguidores pertenecen a otro reino, un reino que no es de este mundo. Por esto, viven en paz, mientras esperan la prometida llegada de su Rey y la intervención de Dios, para que la injusticia y el sufrimiento que hay en la Tierra desaparezcan para siempre.

 

¿Cuál es el significado de todas estas cosas?

 

26   Los aspectos del cristianismo apostólico que hemos considerado, son solamente unos cuantos de los que identifican a la religión verdadera, la que proviene del Creador del universo y fue impartida por Cristo. Aún así, observando los mandatos que desde Adán en adelante, Dios ha transmitido a los hombres, podemos obtener una base que nos permita valorar las creencias y las prácticas de nuestra religión.

Según lo que hemos visto con respecto al cristianismo apostólico y a los mandatos de Dios para la humanidad , fácilmente reconoceremos que la religión verdadera incluye:

La enseñaza de todos los mandatos de Dios a los hombres.

El mostrar fidelidad y respeto a todos los escritos canónicos de la Biblia, sin añadirles ni quitarles nada.

La fe en que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza para que viviese en la Tierra.

La fe en que Dios hizo al hombre un alma viviente a su imagen y semejanza.

El rechazo de la doctrina de la inmortalidad del alma.

La fe en que los muertos serán levantados cuando reciban de Dios la resurrección.

El evitar la inmoralidad y sostener con fidelidad el vínculo matrimonial.

El  mostrar amor al prójimo.

En no participar en la política de este mundo.

El poner fe en el Reino de Dios y esperar su llegada, mientras lo damos a conocer a los demás para compartir la maravillosa esperanza que Dios provee, la única verdadera esperanza para la humanidad.

 

27   Si tuviésemos pues que juzgar cual es la religión verdadera, podríamos emplear cómo base de juicio, el código moral de la revelación transmitida a los profetas a través de los siglos y completado por Jesús y sus apóstoles mediante el espíritu de Dios, puesto que es portador de la única respuesta a las necesidades, los miedos y las inquietudes del hombre.

Es verdad que no todas las confesiones cristianas están en armonía entre sí, pero cómo Jesús dijo: “llega la hora, ya estamos en ella, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad”. (Juan 4:23-24)

Esforcémonos en conocer las disposiciones de Dios por medio de su palabra, puesto que no se encuentran en ningún otro lugar, y tengamos presente esta advertencia de Jesús para los que dicen ser sus seguidores: “No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, si no el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: “Señor, Señor ¿No profetizamos en tu nombre y expulsamos en tu nombre demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: ‘Nunca os conocí, apartaos de mí obradores de injusticia!’” (Mateo 7:21)

Recordemos que Jesús comparó el tiempo de su retorno con los días de Noé, y dijo: “Cómo sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos”. (Lucas 17:26-27) Pero Noé “caminaba con Dios”, y “por fe, al ser advertido divinamente de unos acontecimientos que nunca se habían visto hasta entonces, construyó con temor respetuoso un arca para la salvación de su familia”. (Hebreos 11:7) Y aunque Dios no “dejó sin castigo al mundo antiguo, enviando el diluvio sobre un mundo de impíos… salvó a Noé con otras siete personas, porque buscaba la justicia”. (2Pedro 2:5)

Es fundamental buscar la justicia de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús y sus apóstoles, que a pesar de la oposición de las autoridades religiosas de su tiempo, vivieron en armonía con la religión verdadera.

Trabajemos pues para obtener “el conocimiento exacto de su voluntad, así cómo de toda la sabiduría y del discernimiento espiritual necesarios para llevar a cabo lo que es excelente”, caminando “de un modo digno del Señor, para serle gratos en todo momento, mientras” vamos creciendo “en el conocimiento de Dios”. (Colosenses 1:9-11)