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Ahora es cuando hay que elegir la vida

 

1 El año 626 antes de nuestra era, “en los días del rey de Judá Josías, hijo de Amón, y en el año decimotercero de su reinado, vino a” Jeremías “la palabra de Yahúh, y continuó durante los días del rey de Judá Joakim, hijo de Josías, hasta el año decimoprimero del rey de Judá Sedekías, hijo de Josías, y el destierro de Jerusalén en el quinto mes”. (Jeremías 1:2-3) Aunque Jeremías era aún muy joven, Dios le eligió para que advirtiese al pueblo de sus resoluciones, pues le dijo: ‘colocan sus abominables ídolos en la Casa sobre la que se invoca mi nombre, para profanarlo, y han construido lugares altos en el Tofet, donde está el Valle de Ben Hinom, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego, una cosa que yo no les he pedido ni ha subido a mi corazón. Por esto he aquí que vienen días’, es la declaración de Yahúh, ‘en los que ya no se dirá ‘El Tofet’ o ‘El Valle de Ben Hinom’, si no más bien, ‘El Valle de la Matanza’… porque la tierra quedará en desolación”. (Jeremías 7:30-34) Esta desolación llegó unos 40 años más tarde, en el año 586 antes de nuestra era, con la destrucción de Jerusalén.

 

2 Nabucodonosor hijo de Nabopolasar, subió al trono de Babilonia en el año 604 antes de nuestra era, es decir, en el cuarto año del rey de Judá Joakim, que gobernaba en Jerusalén bajo la protección de Egipto; esta alianza política enfrentaba a la nación con el del Imperio Babilónico el conquistador el Imperio Asirio, el reino de Judá se encontraba en una situación difícil y Yahúh instó al pueblo a someterse al rey de Babilonia. Sin embargo, sus gobernantes confiaban en la protección de Egipto y se negaron a obedecer las disposiciones de Dios, intentando por todos los medios acallar al profeta Jeremías, que proclamaba los mensajes y juicios de Yahúh, diciendo de su parte al pueblo: “He aquí que ante vosotros pongo la vía de la vida y el camino de la muerte, el que permanezca en esta ciudad morirá por la espada, por el hambre o por la plaga, pero el que salga y se rinda ante los sitiadores caldeos que están contra vosotros, vivirá y tendrá su vida por botín, pues me enfrento con esta ciudad para calamidad, no para bienestar’, es la declaración de Yahúh, ‘y será entregada en la mano del rey de Babilonia y él la destruirá por el fuego. (Jeremías 21:8-10)

Perseguido y maltratado, el profeta siguió anunciando durante años, la desolación de la tierra, la matanza, y el destierro que el pueblo sufriría si ignoraba las palabras de su Dios, mientras su secretario Baruch registraba todas estas cosas.

 

3 Es fácil comprender la angustia de Baruch por el derrotero que el reino de Judá había tomado y por los terribles mensajes de destrucción que Jeremías le dictaba, pero Baruch se desesperaba también porque su trabajo era ingrato y no le ofrecía la posibilidad de mejorar su posición. Él era una persona capacitada y pensaba merecer un encargo importante en Judá, como el de su hermano Seraías, mayordomo de la casa del rey Sedekías, pero evidentemente, Yahúh, que le había elegido para ayudar a Jeremías, no consideraba que le fuese beneficioso. Aquel que había plantado a la nación de Israel en la Tierra Prometida, estaba ahora a punto de arrancarla de allí. De hecho, el mismo que había edificado el reino de Israel, en particular desde el reinado de David, había ya levantado a Nabucodonosor y le enviaba a ejecutar su sentencia para poner fin, no solo al reino de Judá, también a los reinos que lo circundaban. Aquella tierra iba pues a ser totalmente arrasada, y seguramente, era mejor para Baruch permanecer junto a Jeremías, que prosperar en un reino destinado a la destrucción.

 

4 Viendo Yahúh el sentir de Baruch, le envió un mensaje, y esta es “La palabra que el profeta Jeremías habló a Baruch hijo de Nerías, cuando escribió sobre el rollo estas palabras al dictado… le dijo: ‘Esto en lo que Yahúh, el Dios de Israel, dice para ti, Baruch. Te has dicho: ‘¡Ay de mí ahora! Porque Yahúh añade aflicción a mi angustia. Estoy fatigado de mi suspirar y no hallo descanso’. Así le dirás: ‘Esto es lo que dice Yahúh: He aquí que yo derribo lo que había edificado y arranco lo que había plantado sobre toda esta tierra ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques, pues he aquí que traigo una catástrofe sobre todo viviente’, es la declaración de Yahúh, ‘pero a ti te daré por botín tu vida en todos los lugares allí donde vayas”. (Jeremías 45:1..5) No podemos saber el momento en que Baruch se puso al servicio de Jeremías, pero sí que desde entonces continuaron juntos por lo menos otros 18 años más.

 

5 La gran tribulación que Yahúh había anunciado al pueblo se acercaba y caería “sobre todo viviente”; en aquellas circunstancias, perseguir ambiciones materiales resultaba inútil, sin embargo, Yahúh le hizo un regalo de más valor que los honores a los que aspiraba, porque le prometió salvaguardar su vida.

Verdaderamente, lo que Baruch deseaba no era en sí perjudicial, pero en aquel contexto podía perjudicarle más que beneficiarle. Además ¿Estaban sus deseos en armonía con los mensajes de Dios, que él conocía y ponía por escrito? ¿Expresaba su actitud, fe y confianza en las cosas que Jeremías proclamaba? Aunque todavía faltaban 18 años para la destrucción de Jerusalén, el momento de trabajar en la difusión del mensaje de Yahúh y de tomar ante él decisiones adecuadas, era aquel; tenía pues que mostrar confianza y poner en primer lugar su relación con su Dios. La existencia de Judá como reino independiente había llegado a su fin; a partir de entonces la nación sería permanentemente tributaria de otra ¿Qué sentido tenía afligirse por causa de unos honores destinados a desaparecer?

 

6 Cuando el reino de Judá fue destruido, las naciones vecinas se alegraron mucho de su calamidad, pero el “día de la venganza” de Yahúh no había terminado aún; lo mismo que Judá, aquellas naciones habían sido advertidas por Jeremías de la necesidad de someterse a Babilonia para conservar sus tierras y sus vidas, pero igual que Judá, no le habían escuchado y también ellas fueron derribadas. Dios vindicó su nombre ante las naciones que odiaban a su pueblo, con la espada del rey de Babilonia e inspiró esta declaración a Jeremías: ”Sea anatema el que ejecuta con desidia el encargo de Yahúh, y sea anatema el que retenga su espada de sangre”; (Jeremías 48:10) sin embargo su “siervo Nabucodonosor” (Jeremías 25:9) no retuvo su espada y cumplió diligentemente su cometido.

También hoy en día vindica Yahúh su nombre por medio de Cristo. En el libro del Apocalipsis, Juan le describe así: “vi en el cielo despejado un caballo blanco. A su jinete le llaman ‘el Fiel’ y ‘el Veraz’, porque juzga y guerrea con justicia… su manto estaba rociado de sangre. Su nombre es ‘La Palabra de Dios’… De su boca salía una espada afilada para golpear a las naciones, porque él las apacentará con un cetro de hierro y pisará la cuba del vino de la indignación y de la ira del Dios Omnipotente. Sobre su manto tenía escrito un nombre: ‘Rey de reyes y Señor de señores’”. (Apocalipsis 19:11-16)

 

7 ¡Cuánto se parece la situación del los días de Baruch a la actual! Lo mismo que entonces, estamos cerca de “una tribulación grande”, pero esta vez” , “de una como no la ha habido hasta ahora desde el principio del mundo ni volverá a haberla, pues si aquellos días no se abreviasen, ninguno se salvaría…” (Mateo 24:21-22) ya que como dijo Jesús, “Este será un tiempo de juicio, en el que se cumplirá todo lo que está escrito”. (Lucas 21:22) Igual que en los días de Jeremías, la ansiedad de los que están familiarizados con el mensaje de Dios, por buscarse grandezas dentro de un mundo destinado a desaparecer, es señal de que en realidad, no consideran en su corazón el hecho de que nos enfrentamos a unos acontecimientos que nunca habían sucedido ni volverán a suceder. Es verdad quede aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”, (Marcos 13:32) pero lo mismo que en el tiempo de Jeremías, este es el momento de tomar las decisiones adecuadas ante Dios, ya que sabemos por los tiempos descritos en las profecías del Daniel y las señales manifestadas por Jesús a sus discípulos, que el Día de Yahúh se acerca y tenemos que estar vigilantes.

 

8 Este es por tanto el momento de que los discípulos de Cristo se preparen para recibirle. No pueden retener “la espada del espíritu, que es la palabra de Dios”, (Efesios 6:17) porque tienen el encargo de vindicar ante todos el nombre de Yahúh que ha sido agraviado y desfigurado por la apostasía, pero tienen también que mirarse en ella como en un espejo, puesto que “la palabra de Dios es capaz y poderosa… y penetra hasta escindir el alma del aliento de vida… descubriendo las razones y las motivaciones del corazón... porque todo queda desnudo y descubierto ante su examen”, (Hebreos 4:12-13) mientras consideran estas palabras de Yahúh a su profeta Ezequiel: “A ti, hijo de hombre, te he puesto por vigía para el pueblo de Israel, escucha pues la palabra de mi boca y avísales de parte mía. Cuando yo diga para el malvado: ‘Eres malvado; morir morirás’, y tú no le hables para disuadirle de su proceder, el malvado morirá por su pecado, pero requeriré de tu mano su sangre. En cambio, si adviertes al malvado de su camino para que se vuelva y no se vuelve, él morirá por su pecado pero tú has salvado tu vida”. (Ezequiel 33:7..9)

 

9 Las Escrituras nos muestran que a pesar de la inicial rebelión del hombre, el Creador nunca ha abandonado a sus hijos; su proceder con ellos ha sido siempre el mismo, prepara sus designios a través de los siglos, avisándoles siempre con mucha antelación y protegiendo a quienes confían en él. Si mediante las Escrituras, escuchamos a los hombres que fueron sus fieles servidores, comprenderemos fácilmente lo que él espera de nosotros, mientras desarrolla su designio redentor sin interferir directamente en los planes de las naciones hasta que llegue el momento establecido. Jeremías declaró a su pueblo:Así dice Yahúh: ‘Anatema sea el hombre que pone confianza en el hombre y aparta su corazón de Yahúh, atribuyendo su vigor a la carne, porque será como un matorral en el páramo; no verá la prosperidad cuando llegue y vivirá en la aridez, en una tierra salobre e inhabitable. Bendito es el hombre que pone confianza en Yahúh, el que tiene en Yahúh su refugio, porque será como un árbol plantado cerca del agua; extenderá sus raíces junto a la corriente y no percibirá el calor cuando llegue; permanecerán verdes sus hojas y no temerá ni dejará de producir fruto en un año de sequía”. (Jeremías 17:5-8)

 

10    Los escritos de los profetas y de los discípulos de Jesús, ponen de manifiesto que “al llegar el tiempo establecido”, Dios “reuniría de nuevo todas las cosas que están en los cielos y sobre la tierra, bajo la administración de Cristo”. Y puesto que nosotros participamos con él en esta administración porque hemos sido previamente designados por aquel que hace cooperar todas las cosas según su propósito, (Efesios 1:9-11) si no queremos ser declarados “espiritualmente muertos y aniquilados durante la manifestación de su Presencia”, (2Tesalonicenses 2:8) junto a la gran apostasía representada por la Jerusalén infiel, este es el tiempo de mostrar confianza en sus declaraciones, poniendo todas las demás cosas en segundo lugar.

No es pues para los discípulos de Jesús, el momento de involucrarse en cosas grandes. Pablo les recuerda: “¡Los verdaderos circuncisos somos nosotros! Sí, nosotros que servimos a Dios espiritualmente y buscamos la gloria mediante Jesús Cristo, sin confiar en valores puramente humanos”, y tras referir algunas de las cosas que ante sus coetáneos podían atribuirle méritos, sigue diciendo: “Yo hubiese podido considerar ventajosas todas estas cosas, y sin embargo, por causa del Cristo las he considerado inútiles. Pienso que ninguna de ellas es de valor cuando se las compara con el sublime conocimiento de mi Señor Jesús Cristo, por él, he dejado atrás como inútiles todas estas cosas, para poder pertenecer al Cristo y estar unido a él”. (Filipenses 3:3 y 6-7)

 

11    Ante cualquier circunstancia, esforcémonos en “apoyarnos, no en nuestros propios medios, si no en el Dios que resucita a los muertos. Porque él es quien nos ha librado y quien sigue librándonos, y ponemos en él la esperanza, de que también en el futuro nos librará de algo tan grande como es la muerte”. (2Corintios 1:9-10) Nosotros, que vivimos unos tiempos mucho más críticos que los de Jeremías y Baruch, empeñémonos antes de que sea demasiado tarde, en tomar decisiones que nos pongan bajo la protección de Dios, porque la idea de que siempre hay tiempo para rectificar y tomar la decisión adecuada, es realmente engañosa; Dios no acepta a los oportunistas.

Consideremos la actitud de Baruch, que a pesar de sus sentimientos, prefirió confiar plenamente en las palabras de Dios y permanecer junto a Jeremías en un tiempo de luchas e incertidumbre. La recompensa de este justo proceder es la mas importante que pueda recibir una persona, es la misma que Yahúh prometió a Baruch cuando le dijo:te daré por botín tu vida en todos los lugares allí donde vayas”, pero ahora, gracias a la redención de Cristo, esta promesa significa una vida eterna.

Mostremos pues gratitud, y rindamos a Dios un servicio sagrado que le sea grato, con respeto y reverente temor”. (Hebreos 12:28-29)