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¿Qué significado tiene el bautismo?

 

1 Aunque hoy en día el bautismo se haya convertido en un evento social, el análisis de su significado y de todo lo que implica es muy importante, puesto que constituye uno de los conceptos o verdades fundamentales de la doctrina cristiana, mencionadas por Pablo cuando escribe: «Por tanto, ahora que hemos superado la enseñanza básica con respecto al Cristo, deberíamos progresar hacia la madurez, sin detenernos de nuevo en verdades fundamentales como el apartarse de las obras que llevan a la muerte, la fe en Dios, la enseñanza relativa a los bautismos, la imposición de las manos, la resurrección de los muertos y el juicio universal». (Hebreos 6:1...2)

 

2 La palabra bautismo procede del término “βάπτισμα” (baptisma) y significa “inmersión”, es un término griego transliterado directamente a otras lenguas, como por ejemplo “εὐαγγέλιον” (evangelion), que quiere decir “Buena Nueva”, o “Ἀποκάλυψις” (Apocalypsis) que significa “Revelación”.

Con el transcurso de los siglos, puede decirse que el bautismo, igual que otras verdades fundamentales, ha perdido su significado original. Ya en el primer siglo habían surgido las ideas que llevarían a la gran apostasía predicha por Jesús en esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre (Jesús) que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras sus hombres dormían (tras la muerte de los apóstoles), vino su enemigo (Satanás), sembró sobre ella, y se fue». (Mateo 13:24...25)

En el año 51, tan solo diez y ocho años después de la muerte de Jesús, Pablo recuerda a los discípulos su parábola y advierte: «Este desconocido transgresor ya está obrando, pero en cuanto lo que le retiene sea retirado, entonces se revelara el transgresor que el Señor sentenciará a la destrucción y aniquilará en el momento de la manifestación de su presencia. Este se presenta según el poder de Satanás, con señales potentes y prodigios engañosos, para seducir mediante la injusticia a los que perecen, que son los que no han amado la verdad para poder ser salvados. Por esto, Dios les envía un espíritu de confusión, para que puedan creer la mentira y sean todos juzgados por no haber creído la verdad y haber experimentado placer en la injusticia». (2Tesalonicenses 2:7...12)

 

3 Cuando los apóstoles se durmieron en la muerte, la cizaña sembrada por el “enemigo” creció con rapidez entre el trigo, y en unos pocos siglos, las divisiones se multiplicaron, tal como se muestra en este esquema:

Hoy en día, en las más de 41.000 confesiones religiosas de un cristianismo heterogéneo, el auténtico sentido del bautismo original se ha perdido totalmente. Sin embargo esta confusión procede de las muchas interpretaciones erróneas admitidas en el cristianismo post apostólico, puesto que la Escritura es clara con respecto a su significado y no da lugar a  interpretaciones ambiguas.

Examinemos su tradición y ritual en las diversas confesiones de la Cristiandad.

 

Interpretaciones extra-bíblicas del bautismo:

(Haga clic aquí para ver la lista)

 

4 El bautismo de los recién nacidos: según cual sea la denominación cristiana, el recién nacido es bautizado por aspersión, por inmersión o por infusión, pero siempre “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, fórmula explícitamente trinitaria que la liturgia establece.

El bautismo por aspersión consiste en rociar agua tres veces sobre el bautizado “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

El bautismo por infusión consiste en derramar agua tres veces sobre la cabeza del bautizado, “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Esta modalidad era la preferida para el bautismo de infantes desde finales del primer milenio, y a partir el siglo XIII es la empleada en Occidente.

El bautismo por inmersión fue el más difundido, aunque hoy solo se encuentra entre los sirios. Consiste en derramar agua sobre el bautizado por tres veces, “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, y luego sumergirlo en el agua.

El bautismo por inmersión total es el más empleado entre muchos de los Bautistas y Ortodoxos orientales. El cuerpo del bautizado es sumergido en agua por tres veces, “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

5 Ni en el Nuevo Testamento ni en los primeros siglos de la congregación cristiana existen testimonios de las prácticas aquí descritas, pero la Escritura afirma con claridad que solamente podían ser bautizados aquellos que habían ejercido fe en Cristo, y si tenemos esto en cuenta, comprenderemos que el bautismo de recién nacidos no podía ser una práctica admitida en el bautismo apostólico. Los bautismos registrados en las Escrituras se refieren exclusivamente a personas adultas; un bebé no puede darse cuenta de lo que la fe en Cristo significa, y tampoco puede tomar conscientemente la decisión de obedecer a Cristo ni puede comprender lo que el bautismo representa. Aun así, hay quienes consideran algunas referencias del Nuevo Testamento a los bautismos de “casas enteras”, como un bautismo de adultos junto a toda su familia, pequeños incluidos. (Hechos 16:15,33; 18:8 y 1Corintios 1:16) Ahora bien, el término “casa o familia” tal como es utilizado en la Biblia, excluye a los recién nacidos y a los niños pequeños. Por ejemplo, cuando en su carta a Tito, Pablo menciona a los apóstatas, dice que «son hombres que trastornan a familias enteras», (Tito 1:11) palabras que obviamente no pueden incluir a los bebés, y cuando en 1Samuel 1:2122 leemos que Elcana, padre de Samuel, «subió con toda su familia» a Jerusalén, dice el versículo siguiente que su mujer «Hannah no subió, porque dijo a su marido: “No subiré hasta el destete del niño”».

 

6 Al inicio del tercer siglo, Tertuliano (150-225), notable apologista cristiano, criticaba la práctica del bautismo de infantes con estas palabras: «Según la condición, la disposición y la edad de cada uno, es mejor retrasar el bautismo, y en particular cuando se habla de niños… Ciertamente el Señor ha dicho: “Dejad que los niños se acerquen a mí”; que vayan sí, pero cuando crezcan; que vayan sí, pero cuando estén en edad de ser instruidos, cuando ya sepan a quién se acercan. Que se hagan cristianos, pero cuando sean capaces de conocer a Cristo». (Tertuliano: De baptismo 18, 56)

A pesar de esto, el bautismo de los recién nacidos fue establecido como norma obligatoria en el quinto siglo. En obediencia a las disposiciones papales, en el año 418 fue convocado el concilio de Cartago y allí, ante 200 obispos, fueron establecidos ocho dogmas, uno de ellos el del bautismo de recién nacidos. Además, en este mismo concilio se condenó a «aquellos que negaban que los niños debían ser bautizados cuando salían del seno materno», y se afirmaba que «en virtud de la regla de la fe» con respecto al pecado original, «también los más pequeños, que personalmente no han podido todavía cometer pecados, son verdaderamente bautizados para la remisión de los pecados, para que mediante la regeneración, sea purificado en ellos lo que han recibido por nacimiento». (Gian Domenico Mansi, Sacrorum Conciliorum, 3, 810815 y 4, 327)

 

7 Otro de los temas en desacuerdo con la Escritura, es en el nombre de quien debe ser administrado el bautismo. Las versiones del evangelio de Mateo llegadas a nosotros, hacen referencia a un bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” en evidente contraste con las palabras de Pedro, Pablo, Lucas y Juan, que establecen que el bautismo debe ser “en el nombre de Jesús. Algunos traductores han reconocido explícitamente que esta fórmula trinitaria no está en armonía con el resto de las Escrituras, donde se habla solamente del bautismo en el nombre de Jesús.

Con respecto a Mateo 28:19, hallamos en una de las versiones de la Biblia de Jerusalén, una nota a pie de página que copiamos en parte, y que dice: «Es posible que esta fórmula se resienta en su precisión, del uso litúrgico establecido más tarde en la comunidad primitiva. Es sabido que los Hechos de los Apóstoles hablan de bautizar “en el nombre de Jesús”. Más tarde se habrá hecho explícita la relación del bautizado con las tres personas de la trinidad…» Estas palabras admiten cautelosamente lo que es ya bien conocido por muchos, o sea, que la parte trinitaria del versículo responde a una antigua interpolación. Originalmente, este versículo solo contenía estas palabras de Jesús: «Poreuthentes mathêteusate panta ta ethnê en to onomati mou», es decir, «Id pues y haced discípulos de todas las naciones en el nombre mío», ya que así es como lo cita Eusebio de Cesarea (263339) en su Historia Eclesiástica (Libro 3º, capítulo 5º, 2). Es pues evidente que la frase del bautismo trinitario fue añadida después del año 339.

 

8 Podemos también preguntarnos por qué motivo emplea Pablo el plural cuando en Hebreos 6:2 dice «la enseñanza relativa a los bautismos», y la razón es que la Escritura menciona cuatro bautismos diferentes.

 

v        El bautismo de Juan el Bautista

v        El bautismo de Jesús

v        El bautismo de los discípulos de Jesús

v        El bautismo en espíritu santo

 

Significado del bautismo de Juan

 

9 El bautismo fue el tema central del ministerio profético de Juan, hijo de Zacarías y primo de Jesús. De hecho, el lugar que el bautismo ocupó en su predicación fue tan relevante, que llegó a ser conocido entre el pueblo como Juan el Bautista, por esto en la Escritura leemos: «Por aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el páramo de la Judea». (Mateo 3:1)

Su predicación no tendría que haber sido inesperada para los Israelitas, que conociendo los escritos de los profetas, esperaban la llegada del Mesías por aquellas fechas. Además, también el ministerio de Juan había sido predicho por Malaquías, que profetizó de parte de Dios: «“He aquí que envío a mi mensajero y preparará el camino ante mí. Entonces, de improviso llegará a su templo el Señor que vosotros pedís. Mirad, viene el mensajero del pacto que deseáis”, declara Yahúh de las Multitudes». (Malaquías 3:1)

La profecía se cumplió plenamente en Juan, como lo testifica Lucas cuando escribe: «Bajo los sumo-sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios fue dirigida a Juan hijo de Zacarías, en el páramo, y él fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados». (Lucas 3:23) Estas palabras revelan el significado del bautismo de Juan, que «decía a las gentes que acudían a escucharle:Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira venidera? Dad pues frutos dignos del arrepentimiento y no tratéis de decir en vuestro corazón: “Tenemos por padre a Abraham”, porque yo os digo que de estas piedras, puede Dios hacer surgir hijos para Abraham”». (Lucas 3:7...8)

 

10 El bautismo de Juan era pues la confesión de aquellos que arrepintiéndose de sus propios pecados, daban así testimonio público de su contrición por haber transgredido la Ley de Moisés. De hecho, el principal cometido de la importante misión de Juan, consistía en preparar para Dios un pueblo bien dispuesto para escuchar a su Enviado, como antes de su nacimiento había dicho el ángel a su padre Zacarías: «Él hará volverse hacia Yahúh su Dios, a muchos de los hijos de Israel, será ante él un precursor con el mismo espíritu y fuerza de Elías, para reconducir los corazones de los padres a los hijos y de los desobedientes a la sabiduría de los justos, preparando para Yahúh un pueblo bien dispuesto». (Lucas 1:1617)

Juan fue un instrumento potente en manos de Yahúh; sus palabras eran mensajes que provenían del Creador, y él los proclamaba con el «espíritu y fuerza de Elías», manifestando el mismo carisma y ardor que el antiguo profeta.

Su ministerio suscitaba un sano temor que incitaba a quienes le escuchaban a examinar su estado espiritual ante Dios, y por este motivo, muchos se reconocían pecadores y se dirigían a él con el corazón dolido, para manifestar públicamente su arrepentimiento mediante el bautismo.

 

11 En el evangelio del apóstol Juan leemos: «Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos a la región de la Judea y permaneció allí con ellos, y bautizaba». (Juan 3:22) Sin embargo, luego aclara que «él (Jesús) hacía y bautizaba más discípulos que Juan, aunque en realidad, Jesús mismo no bautizaba sino sus discípulos». (Juan 4:12)

¿Qué sentido tenía en aquel momento bautismo efectuado por los discípulos de Jesús? Ninguno podía aun recibir el bautismo en su nombre, como sucedería después de su muerte, cuando Pablo escribe: «Mediante el bautismo fuimos entonces sepultados en su muerte, para que como fue Cristo resucitado de entre los muertos por su glorioso Padre, también nosotros caminásemos en una vida nueva, pues si se nos ha unido a él en la semejanza de su muerte, seguro que también lo estaremos en la semejanza de su resurrección». (Romanos  6:4...5) Así pues, el bautismo que entonces practicaban los discípulos de Jesús tenía el mismo significado que el de Juan el Bautista, era «un bautismo de conversión, para perdón de los pecados».

 

Significado del bautismo de Jesús

 

12 Unos seis meses después de que Juan comenzase a predicar, Jesús se llegó al Jordán, al lugar donde Juan bautizaba, y pidió ser bautizado. Juan se opuso y le dijo: «Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, y ¿tú vienes a mí?». (Mateo 3:14) El Bautista sabía que Jesús era hijo de Dios, y que el bautismo administrado por él no era para Jesús sino para los que se arrepentían de sus pecados. A pesar de esto, Jesús insistió y le dijo: «Permite que ahora sea así, pues es pertinente para nosotros el cumplir todo lo que es justo». (Mateo 3:15)

¿Por qué era justo que Jesús fuese bautizado? El bautismo de Jesús era especial, no simbolizaba un arrepentimiento sino la presentación ante su Padre para llevar a cabo su designio. Probablemente, hasta entonces había trabajado como carpintero, pero era el tiempo de iniciar su ministerio. Pablo describe así la actitud de Jesús en aquel momento: «al entrar en el mundo, Cristo dice: “No te has complacido en sacrificios y ofrendas, pero me has formado un cuerpo. No has aprobado holocaustos ni sacrificios por el pecado, y entonces he dicho: Mira, yo vengo, en el rollo del libro se ha escrito de mí, para hacer, oh mi Dios, tu voluntad». (Hebreos 10:57)

 

13 ¿Qué es lo que el bautismo de Jesús expresaba? Era la declaración pública de su libre renuncia a la vida en la tierra, y de su conformidad en llevar a cabo el propósito de Aquel que le enviaba a redimir la humanidad, del pecado y de la muerte.

Pablo explica así esta redención de parte de Dios: «si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, por medio de un solo hombre, Jesús Cristo, la vida reinará en aquellos que reciben el generoso don de la justificación. De modo que tal como por una sola transgresión se extendió la condena a todos los hombres, por un solo acto de justicia, la justificación que da la vida se extiende a todos los hombres, y tal como por la transgresión de un solo hombre, muchos han sido constituidos pecadores, por la obediencia de un solo hombre, también muchos son constituidos justos». (Romanos 5:17...19)

 

14 Por todo esto, el bautismo de Jesús es algo único e irrepetible; el Bautista da testimonio de lo ocurrido en aquel momento y escribe: «He visto el espíritu bajando del cielo como una paloma y permaneciendo sobre él. Yo no le conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el espíritu y permanecer sobre él, es el que bautiza en espíritu santo”. Y yo le he visto, y doy testimonio de que este es el Elegido de Dios». (Juan 1:32...34) Y dice Mateo que cuando Jesús salió del agua, «he aquí que se le abrieron los cielos y se vio al espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y permanecía sobre él. Y una voz que venía de los cielos dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido”». (Mateo 3:16...17)

¿Qué significó para Jesús el hecho de que los cielos se le abriesen? En realidad, hasta aquel mismo momento Jesús no había sido consciente de su anterior vida y posición en los cielos como el Unigénito de Yahúh, aquella vida a la que había renunciado para nacer como hombre, aunque sabía de su nacimiento milagroso como hijo humano de Dios, puesto que a los doce años dijo a su madre María, que le reprochaba no haber regresado del Templo con su familia, «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?». (Lucas 2:49) Sin embargo, cuando «se le abrieron los cielos» recordó toda su precedente vida, y por este motivo Jesús podía decir a los judíos que discutían con él: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham llegase a ser, yo era» (Juan 8:58)

 

El bautismo de los discípulos de Jesús

 

15 En el bautismo administrado por los discípulos de Jesús tras el día de Pentecostés, es necesario guardar varios trámites importantes.

El primer requisito es que el bautizado conozca y comprenda lo que el bautismo implica. La Escritura declara que solo pueden ser bautizados:

Quienes han sido instruidos: «Id pues y haced discípulos de todas las naciones en el nombre mío, enseñándoles a observar todas las cosas que yo os he mandado». (Mateo 28:19...20)

Quienes creen en el reino de Dios y en Jesús Cristo: «cuando creyeron a Felipe, que anunciaba la buena nueva de las cosas que tenían que ver con el reino de Dios y el nombre de Jesús Cristo, los hombres y las mujeres se hicieron bautizar». (Hechos 8:12)

Quienes se convierten o arrepienten, conformando su conducta a la de Cristo: «Entonces dijo Pedro:Arrepentíos, y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesús Cristo”». (Hechos 2:38)

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16 El segundo requisito, absolutamente indispensable en el bautismo cristiano, es el de recibirlo en el nombre de Jesús Cristo. Lucas explica que a la pregunta de cómo obtener la salvación, Pedro decía: «que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesús Cristo para el perdón de vuestros pecados…» y dio orden que todos aquellos que aceptasen a Jesús, fuesen «bautizados en el nombre de Jesús Cristo» (Hechos 10:48)

En armonía con esto, Jesús había dicho a sus discípulos; «Yo soy el camino, la verdad y la vida, y ninguno llega al Padre si no es por medio de mí». (Juan 14:6) Él es pues el único Cristo, el único ungido o Mesías de Dios, y la única vía que conduce a la salvación y a la vida sin muerte. Pablo recuerda a  los discípulos: «…habéis recibido la llamada a una sola esperanza; hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, y un solo Dios, Padre de todos, que está por encima todo y que obra a favor de todos y en todos». (Efesios 4:4...6)

Para los seguidores de Cristo existe pues un solo bautismo correcto y legítimo, aquel que sus apóstoles y discípulos administraban en su nombre.

 

17 El tercer requisito tiene que ver con la importancia de comprender lo que el bautismo significa. El verdadero bautismo cristiano no es un trámite necesario para hacerse miembro de una denominación o grupo cristiano, es algo mucho más importante. Jesús habló de su sentido a Nicodemo cuando le dijo: «En verdad, en verdad te digo: a no ser que un hombre nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios… No te asombres de que te haya dicho: “tienes que nacer de nuevo». (Juan 3:3,7) Y Pablo explica a los discípulos: «al ser bautizados en Jesús Cristo, todos nosotros fuimos bautizados en su muerte... Mediante el bautismo fuimos entonces sepultados en su muerte, para que tal como Cristo fue resucitado de entre los muertos por su glorioso Padre, también nosotros caminásemos en una vida nueva», (Romanos 6:3...4) puesto que Dios, «nos ha hecho nacer de nuevo mediante el bautismo, regenerados por el espíritu santo». (Tito 3:5)

De hecho, al ser totalmente inmerso en el agua, el bautizado muere simbólicamente con Jesús, y cuando surge renace ante Dios a una vida nueva, recibiendo el perdón de sus pecados, es decir, el don de «la justificación concedida por Dios mediante la fe en Cristo» puesto que «la fe en el poder redentor de su sangre es la base sobre la que Dios, por su misericordia, atribuye la justificación». (Romanos 3:22, 25) Por esta razón dice Pedro a los discípulos: «Arrepentíos y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesús Cristo para el perdón de vuestros pecados», (Hechos 2:38) y comparando la salvación que el bautismo proporciona, a la marcha de Israel a través del Mar Rojo, escribe: «Esta salvación a través del agua, ha llegado a ser una figura de la salvación obtenida por medio del bautismo, que no es un baño para lavarse el cuerpo, sino la conciencia de que la justificación se obtiene de Dios, por medio de la resurrección de Jesús Cristo de entre los muertos». (1Pedro 3:21)

 

18 El cuarto requisito es recibir el único bautismo que según la Escritura, simboliza la muerte: el de inmersión total en el agua, porque solamente así puede estar en armonía con su verdadero simbolismo. Pablo dice, «mediante el bautismo, fuimos entonces sepultados en su muerte» y también: «habéis sido circuncidados en él, no con una circuncisión hecha con las manos que os priva de una parte del cuerpo, sino con la circuncisión del Cristo, o sea, siendo sepultados con él mediante el bautismo, y resurgiendo con él mediante la fe en el poder del Dios que lo ha resucitado de entre los muertos». (Colosenses 2:11...12)

 

Estos son dos antiguos baptisterios para bautismos por inmersión. El del cuarto siglo pertenece a la comunidad cristiana de la ciudad jordana de Shivta, mientras que el baptisterio octogonal, datado alrededor del siglo V, está situado en Italia, en la necrópolis de Costa Balenae, cerca de Riva Lígure.

El bautismo en el espíritu santo

 

19 Ocho siglos antes del nacimiento de Cristo, Isaías declaró estas palabras procedentes de Dios: «derramaré mi espíritu sobre tu simiente y mi bendición sobre tus descendientes». (Isaías 44:3) Juan el Bautista indicó que esta profecía estaba a punto de cumplirse, cuando en ocasión del bautismo de Jesús, dijo: «Aquel que me envió a bautizar en agua, me dijo:Aquel sobre quien veas bajar el espíritu y permanecer sobre él, es el que bautiza en espíritu santo”, y yo le he visto, y testifico que este es el Hijo de Dios». (Juan 1:3334) Sus palabras anunciaron un bautismo diferente del que él suministraba, un bautismo en espíritu santo que sería solo impartido por medio de Jesús.

Tras ser resucitado, Jesús permaneció con sus discípulos durante cuarenta días, y «mientras estaban juntos, les dio el mandato de no alejarse de Jerusalén hasta el cumplimiento de aquella promesa del Padre, “De la que”, les dijo, “os había hablado. Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros, dentro de no muchos días, seréis bautizados en espíritu santo». (Hechos 1:4...5)

¿A qué “promesa del Padre” se refería? A la que fue anunciada siglos antes por el profeta Joel, que declaró estas palabras de Yahúh: «y sucederá al final, que yo derramaré mi espíritu sobre toda persona…» (Joel 2:28)

 

20 El descenso del espíritu santo sobre los discípulos en el día de Pentecostés, significó el cumplimiento de la profecía de Joel, como lo confirma Pedro cuando escribe: «Esto es más bien, el cumplimiento de aquello que fue declarado por el profeta Joel: “Y sucederá en los últimos días”, dice Dios, “que derramaré mi espíritu sobre toda persona. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos tendrán sueños...”» (Hechos 2:16...17)

Por tanto, la “promesa del Padre” es un bautismo en espíritu santo que Dios derrama por medio de Jesús, “sobre toda persona”, pues como Pedro declara: «la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos aquellos que están lejanos, para todos aquellos que nuestro Dios Yahúh llamará». (Hechos 2:39)

Con esto Lucas da a entender que el bautismo del espíritu santo es para los discípulos que el Padre llama a formar parte del cuerpo de Cristo. Pablo esclarece este punto cuando dice: «En realidad, todos nosotros hemos sido bautizados en un solo espíritu para formar un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres, todos hemos sido abrevados en un único espíritu». (1Corintios 12:13)

El libro del Apocalipsis revela en su capítulo 14º, el número de los bautizados en espíritu santo; son: «ciento cuarenta y cuatro mil que han sido rescatados de la tierra. Estos son los que siguen al Cordero doquiera que vaya, y han sido adquiridos de la humanidad como primicias para Dios y el Cordero». (Apocalipsis 14:34)

¿De qué modo han sido adquiridos? Siempre en Apocalipsis, leemos estas palabras dirigidas a Cristo en los cielos: «Digno eres de recibir el rollo y de abrir los sellos, porque tú fuiste sacrificado y con tu sangre adquiriste para Dios, a personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación, haciendo de ellos un reino de sacerdotes para nuestro Dios, a fin de que reinen sobre la tierra». (Apocalipsis 5:910) Son pues aquellos a quienes Jesús prometió: «Yo dispongo un reino para vosotros, lo mismo que el Padre lo ha dispuesto para mí». (Lucas 22:29)

 

21 Jesús había declarado a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo, que si uno no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios». (Juan 3:3...5) Por tanto, es necesario que al ser sumergido en el agua, el bautizado muera simbólicamente con Cristo, para que al surgir, nazca a una vida nueva por medio del espíritu de Dios.

Pablo explica: «mediante el bautismo (Dios) nos hizo nacer de nuevo, regenerados por el espíritu santo que él ha derramado abundantemente sobre nosotros por medio de nuestro salvador Jesús Cristo», (Tito 3:56) y esto significa que cuando los llamados a formar parte del cuerpo de Cristo surgen de esta muerte simbólica, son bautizados en espíritu santo por medio de Jesús.

 

22 El hecho de haber nacido de nuevo debe comportar un cambio radical en la vida del discípulo. Pablo dice: «Aquellos que pertenecen a Jesús Cristo, han fijado en el palo al cuerpo con sus pasiones y sus deseos, y si vivimos por el espíritu, caminamos también guiados por el espíritu». (Gálatas 5:2425)

¿Cómo caminar guiados por el espíritu de Dios?

En realidad, el espíritu de Dios guía solamente a los que están firmemente decididos a caminar conducidos por él, por esto es necesario que nuestro objetivo prioritario en la nueva vida recibida, sea la voluntad de buscar y de aceptar su guía; entonces el espíritu nos ayudará mediante el valioso don de su fruto, que Dios ha derramado en nuestros corazones. Pablo enumera nueve cualidades del fruto del espíritu de Dios, cuando dice: «el fruto del espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y auto disciplina; contra estas cosas no hay ley». (Gálatas 5:22...23) Sin embargo, para que las cualidades del fruto del espíritu de Dios puedan manifestarse en nuestra vida, es indispensable efectuar el esfuerzo de permanecer “guiados por el espíritu”, porque solamente «los que están guiados por el espíritu de Dios, son hijos de Dios». (Romanos 8:14) Y Pablo advierte: «¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del espíritu santo que habéis recibido de Dios? Por tanto, ya no os pertenecéis a vosotros mismos porque habéis sido adquiridos a un alto precio. Glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo». (1Corintios 6:19...20)

 

Los dones del espíritu

 

23 El bautismo en el espíritu de Dios permite recibir sus dones. ¿En qué ocasión fueron otorgados mediante Jesús por primera vez? Dice Mateo que cuando Jesús envió a los doce apóstoles para la predicación del Reino de los Cielos, les dio esta autoridad: «Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Habéis recibido gratis; dadlo gratis... Porque no sois vosotros quienes habláis, pues es el espíritu de vuestro Padre quien habla en vosotros». (Mateo 10:8,20)

Después de esto y a partir del día de Pentecostés, los dones del espíritu fueron distribuidos en primer lugar sobre las ciento veinte personas reunidas en el cenáculo, y tras de las palabras de Pedro, sobre los muchos discípulos que tras ser bautizados en el nombre de Jesús, recibieron el bautismo en el espíritu de Dios y también los dones que fueron distribuidos por medio de Cristo, según las necesidades de la comunidad cristiana. Pablo dice: «hay diversidad de dones, pero un solo espíritu... El espíritu se manifiesta de modo diverso en cada uno para la utilidad común. Por ejemplo, a uno le es concedido la manera sapiente de expresarse, mientras que a otro, por medio del mismo espíritu, un lenguaje culto, a uno los argumentos para sostener la fe, y a otro el don de curaciones, siempre mediante el mismo espíritu; a uno el don de hacer obras potentes y a otro el don de profecía, a uno el saber interpretar las expresiones inspiradas, a otro el hablar en diversas lenguas y a otro la interpretación de las lenguas. Pero todas estas cosas las obra el único y mismo espíritu, distribuyéndolas respectivamente a cada uno según desea. (1Corintios 12:4, 7...11)

 

24 ¿Cuál fue entonces el motivo de la distribución de dones?

En el primer siglo los dones fueron imprescindibles para demostrar que tras la muerte y resurrección de Jesús, la situación había verdaderamente cambiado. Jesús lo anunció cuando dijo: «¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como reúne un ave a su nidada bajo las alas! Pero no habéis querido. He aquí que se os abandona vuestra casa. Os digo que no volveréis a verme hasta que llegue, cuando podáis decir: “¡Bendito el que llega en el nombre de Dios!”» (Lucas 13:34...35)

Dios había abandonado a la Jerusalén infiel a su destino y había dado vida por medio de Jesús, a una Jerusalén nueva, la nación predicha por sus profetas y constituida por todos aquellos a quienes Pedro dirige estas palabras: «vosotros sois una descendencia elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo que Dios ha adquirido para sí, con el fin de que proclaméis las virtudes de aquel que os ha llamado desde las tinieblas, a su maravillosa luz». (1Pedro 2:9)

Yahúh dice a los que considera descendientes de Abraham por la fe que muestran en sus propósitos y promesas: «Ahora escucha Jacob, mi siervo Israel, el que yo he elegido; así dice tu hacedor Yahúh: Aquel que te ha moldeado desde que estabas en el vientre te ayudará. No temas Jacob, siervo mío, Yesurún (íntegro) a quien yo he elegido, porque derramaré aguas sobre el sediento y ríos sobre la sequedad; derramaré mi espíritu sobre tu progenie y mi bendición sobre tus descendientes». (Isaías 44:1...3) Y Pablo explica: «Abraham y su descendencia no recibieron la promesa de ser los herederos del mundo en virtud de la Ley sino en virtud de la justificación que deriva de la fe, porque si los herederos fuesen aquellos que se adhieren a la Ley, la fe sería inútil y la promesa sin valor. De hecho la Ley origina juicio, mientras que donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Así pues, la promesa viene por medio de la fe, para poder ser atribuida como un generoso don y asegurada a toda la progenie, no solo a la progenie que viene de la Ley, también a la que por medio de la fe, desciende de Abraham, que es así constituido padre de todos nosotros como está escrito: “Yo te he constituido padre de un gran número de naciones”». (Romanos 4:13...16)

 

25 ¿Cómo confirmó Dios este cambio? Pablo dice que «Dios mismo se unió al testimonio por medio de señales, de prodigios y de toda clase de obras potentes, distribuyendo los dones del espíritu santo según su voluntad». (Hebreos 2:4) Las maravillosas capacidades de los dones del espíritu fueron necesarias mientras constituían la confirmación pública del favor de Dios sobre el nuevo pueblo de los discípulos de Jesús. Pero sucedería que cuando el nuevo Israel espiritual llegase a la madurez, o en palabras de Pablo, cuando la congregación cristiana dejase de ser niña, algunos de estos dones resultarían innecesarios; por esto dice: «El amor nunca tendrá fin. Las profecías pasarán, las lenguas cesarán y las revelaciones terminarán, porque ahora conocemos en parte y consecuentemente, lo que predicamos está incompleto, pero cuando nuestro conocimiento sea completo todo esto terminará. Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como tal. Luego, al hacerme hombre eliminé el comportamiento infantil. Ahora vemos contornos vagos como en un espejo de metal, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en modo parcial pero entonces conoceré de modo perfecto y completo. De todos modos, hay tres cosas que permanecen inmutables, la fe, la esperanza y el amor, y la mayor de todas es el amor». (1Corintios 13:8...12)